este texto en castellano, por lo que lo ofrecemos a continuación.
MELITÓN DE SARDES, ACERCA DE LA PASCUA(1)
Prólogo: Introducción al significado tipológico de la Pascua
(1) El relato del éxodo de los hebreos ha sido leído (cf. Ex 12,1-32), y los términos del misterio han sido explicados en profundidad: cómo el cordero es inmolado y cómo el pueblo es salvado (cf. Ex 12,21. 27).
(2) Entiendan, pues, queridos; así es: nuevo y antiguo, eterno y temporal, corruptible e incorruptible, mortal e inmortal (cf. 1 Co 15,53 ss.): (3) así es el misterio de la pascua; antiguo según la Ley, nuevo según el Logos (cf. Jn 1,16-17; 2 Co 3,1-16); eterno por la gracia; corruptible por la inmolación del cordero, incorruptible por la vida del Señor; mortal por la sepultura en tierra, inmortal por la resurrección de entre los muertos.
(4) Antigua (es) la Ley, nuevo, en cambio, el Logos; temporal la figura, eterna la gracia; corruptible el cordero, incorruptible el Señor; inmolado corno cordero, resucitado como Dios. Porque «cual oveja fue conducido a la inmolación» (Is 53,7; cf. Hch 8,32), pero no era una oveja; y cual cordero sin voz, pero no era un cordero. En efecto, la figura ha pasado y la verdad ha sido encontrada (= realidad)
(5) Porque en lugar del cordero es Dios quien ha venido y en lugar de la oveja un hombre y en el hombre Cristo que contiene todo.
(6) Así pues, la inmolación de la oveja y el rito de la pascua y la letra de la ley han culminado en Cristo Jesús, por el cual sucedió todo en la antigua Ley, y más aún en el nuevo Logos (= Testamento).
(7) En efecto, la Ley se ha convertido en Logos y lo antiguo en nuevo -habiendo salido ambos de Sión y de Jerusalén (cf. Is 2,2 ss.; Mi 4,2)-, y el mandamiento en gracia, y la figura en realidad, y el cordero en Hijo, y la oveja en hombre, y el hombre en Dios.
(8) Porque alumbrado como Hijo, y conducido como cordero, e inmolado como oveja, y sepultado como hombre, resucitó de entre los muertos como Dios, siendo por naturaleza Dios y hombre.
(9) El cual (Cristo) es todo: ley en cuanto que juzga, Logos en cuanto que enseña, gracia en cuanto que salva padre en cuanto que engendra u Hijo en cuanto que es engendrado, oveja en cuanto que sufre, hombre en cuanto que es sepultado, Dios en cuanto que resucita.
(10) Este es Jesús, el Cristo; «a Él la gloria por los siglos. Amén» (2 Tm 4,18; Ga 1,5; cf. 2 P 3,18).
(11) Este es el misterio de la pascua, según ha sido descrito en la Ley como ha sido leído poco ha.
I. La tipología de la Pascua
A) El relato explicativo del pasaje de Ex. 12,3-28
1) Repetición abreviada del relato bíblico
Voy a explicar detalladamente las palabras de la Escritura: cómo Dios ordena a Moisés en Egipto, cuando quiere, de una parte someter al faraón bajo el látigo, y de otra parte librar a Israel del látigo por la mano de Moisés.
(12) En efecto, dice: «He aquí que tomarás un cordero sin defecto y sin tacha y al atardecer lo inmolarás con los hijos de Israel, y a la noche lo comerán con prisa, y no romperán ninguno de sus huesos.
(13) Así, dice, harás: en una sola noche lo comeréis por familias y por tribus, ceñidos sus lomos y los bastones en sus manos. Porque esta es la pascua del Señor, memorial eterno para los hijos de Israel.
(14) Habiendo tomado la sangre de la oveja, unten las puertas exteriores de sus casas colocando sobre los montantes de la entrada la señal de la sangre para intimidación del ángel. Porque he aquí que yo heriré a Egipto y en una sola noche será privada de hijos, desde el ganado hasta el hombre» (Ex 12,3-27; cf. 1 P 1,19).
(15) Entonces Moisés, habiendo degollado la oveja y habiendo cumplido de noche el misterio con los hijos de Israel, marcó las puertas de las casas para protección del pueblo y para intimidación del ángel.
2) Desarrollo retórico de la calamidad
(16) Cuando la oveja es degollada y la pascua es comida y el misterio es cumplido y el pueblo alegrado e Israel marcado, entonces llega el ángel para herir a Egpito, no iniciado en el misterio, ni partícipe de la pascua, ni marcado por la sangre, ni protegido por el espíritu, el enemigo, el incrédulo, (17) en una sola noche, después de herirlo, lo privó de sus hijos. Porque el ángel, habiendo merodeado en torno a Israel y habiéndolo visto marcado con sangre de la oveja, se dirigió contra Egipto y dominó por el luto al Faraón de dura cerviz, después de haberlo envuelto no de un vestido sombrío ni de una capa ruinosa, sino de todo el Egipto totalmente desgarrado, llorando a sus primogénitos.
(18) Todo Egipto, en efecto, sumergido en penas y plagas, en lágrimas y golpes de pecho, vino todo enlutado, al Faraón, no sólo en su vestimenta, sino también en su alma, desgarrado no sólo en cuanto a su externo vestir, sino también en cuanto a sus delicados senos.
(19) Y se podía contemplar un espectáculo nuevo: aquí los que se golpeaban el pecho, allí los que exhalaban gritos de dolor, y en medio el faraón en duelo, sentado sobre saco y cenizas, envuelto en una oscuridad que lo embargaba a modo de fúnebre vestido, ceñido por todo Egipto cual si fuera una túnica de luto.
(20) Porque Egipto estaba en torno al faraón como una capa de lamentación. Tal era la túnica tejida para el cuerpo del tirano; tal era el vestido con que el ángel de justicia había vestido al duro faraón: duelo amargo, y oscuridad impenetrable y privación de hijos. Y el ángel dominaba a los primogénitos de Egipto, porque la muerte de los mismos era rápida e insaciable.
(21) Y se podía ver un nuevo trofeo ante los muertos caídos de un solo golpe. Y la derrota de quienes yacían vino a ser alimento de la muerte.
(22) Si escuchan, se asombrarán ante una desgracia inaudita. Esto era, en efecto, lo que embargaba a los egipcios: una noche larga y una oscuridad impenetrable y una muerte vacilante y un ángel exterminador y un infierno engullendo a sus primogénitos.
(23) Pero les queda aún por escuchar lo más inaudito y lo más terrible.
En la impenetrable oscuridad, la muerte insaciable se escondía; y esta oscuridad, los desgraciados egipcios la palpaban, pero la muerte acechando atrapaba a los primogénitos de los egipcios a las órdenes del ángel.
(24) Si alguno palpaba la oscuridad era conducido a la muerte. Si un primogénito estrechaba en su mano un cuerpo oscuro arrastrando en su alma espanto y temor, gritaba: «¿A quién toca mi mano? ¿A qué especie de oscuridad rodea todo mi cuerpo? Si es mi padre, ¡ayúdame! Si es mi madre, ¡compadécete! Si es mi hermano ¡dime algo! Si es un amigo ¡pórtate bien conmigo! Si es un enemigo ¡apártate! Que yo soy un primogénito».
(25) Pero antes que callara el primogénito, el gran silencio se apoderaba de él diciéndole: «Primogénito, ¡eres mío! Yo estoy destinado para ti, yo, el silencio de la muerte».
(26) Y el primogénito, habiéndose apercibido de la captura de los primogénitos, renegaba de sí mismo para no morir tan cruelmente: «Yo no soy primogénito, he sido engendrado como tercer fruto del matrimonio». Pero (la muerte) no pudiendo ser engañada, atrapaba al primogénito; cabeza en alto caía silenciosamente. De un solo golpe perecía el fruto primogénito de los egipcios: el primer engendrado, el primer nacido, el deseado, el mimado era aplastado en tierra, no sólo el de los hombres, sino también el de los animales irracionales.
(27) En las llanuras del país se escuchaba el alarido de los animales lamentándose sobre sus crías: porque la vaca teniendo un ternero y la yegua un potrillo y las demás bestias pariendo y amamantando se lamentaban amarga y lastimosamente por sus primeras crías.
(28) Hubo lamento y golpe de pecho por la pérdida de los hombres, por la de los primogénitos muertos. Porque todo Egipto apestaba a causa de los cadáveres sin enterrar (cf. Sb 18,12).
(29) Era para ver un espectáculo tan terrible: por parte de los egipcios las madres desmelenadas, los padres perdido el seso, aullando terriblemente en lengua egipcia: «¡Desgraciados de nosotros, que hemos sido privados de nuestros hijos, de nuestro primer retoño, de un solo golpe!». Y se golpeaban el pecho, tocando con sus manos instrumentos sonoros en una danza macabra.
(30) Tal era la desgracia que se enseñoreaba de Egipto: en un instante lo privó de hijos.
3) Interpretación tipológica: la protección de Israel por la sangre del cordero prefigura la salvación del nuevo pueblo preservado por la sangre de Cristo (cf. Ex 12,13. 23; Sb 18,6-9)
Israel, en cambio, estaba protegido por la inmolación de la oveja, y al mismo tiempo iluminado por la sangre vertida; y la muerte de la oveja resultaba ser una muralla para el pueblo.
(31) ¡Oh misterio sorprendente e inexplicable! La inmolación de la oveja resultó ser salvación de Israel, y la muerte de la oveja llegó a ser vida del pueblo y la sangre intimidó al ángel.
(32) Dime, ángel, lo que te ha intimidado: ¿la inmolación de la oveja, o la vida del Señor? ¿la muerte de la oveja o el espíritu del Señor?
(33) Es claro que estás intimidado por haber visto el misterio del Señor realizado en la oveja, la vida del Señor en la inmolación de la oveja, la prefiguración del Señor en la muerte de la oveja. Por esto no castigaste a Israel sino que privaste de sus hijos sólo a Egipto.
(34) ¿Cuál es este misterio inesperado: que Egipto haya sido golpeado para su perdición Israel, en cambio, protegido para su salvación? Oigan la dinámica del misterio: (35) lo que se ha dicho y lo que ha ocurrido no es nada, amadísimos, sí se separa de su simbolismo y de su proyecto. Todo lo que se realice y se diga, participa del simbolismo -la palabra, del simbolismo; el hecho, de la prefiguración- para que, así como el hecho se manifiesta por la prefiguración, así también la palabra se ilumine por el simbolismo.
(36) Si no es sobre un modelo, una obra no se construye. ¿O no se ve lo que ha de ser a través de la imagen que prefigura? Por eso el proyecto a realizar se elabora con cera, o con arcilla o con madera: a fin de que se pueda ver lo que va a ser construido más alto en grandeza más fuerte en resistencia y bello de forma y rico en instalación (37) gracias a una pequeña y deleznable maqueta. Pero cuando se ha realizado aquello para lo que (había) sido destinada la figura, entonces, lo que hasta aquí llevaba la imagen del futuro es destruido, por haberse hecho inútil, al haber cedido su imagen a una realidad verdadera. Pues aquello que en otro tiempo era de valor se devalúa una vez aparecido lo que es válido por naturaleza.
(38) Efectivamente a cada cosa su propio tiempo; al modelo su propio tiempo, al material su propio tiempo.
Haces el modelo de la obra real. Lo deseas porque ves en él la imagen de lo que va a ser. Suministras el material para el modelo. Lo deseas por lo que se va a construir gracias a él.
Ejecutas la obra, a ella sola la deseas, a ella sola quieres, viendo en ella sola el modelo y el material y la realidad.
Prefiguraciones del Antiguo Testamento realizadas en el Nuevo Testamento
(39) Pues como sucede en las (realidades) corruptibles, así también ocurre en las incorruptibles; como sucede en las realidades terrestres, así también en las celestiales.
En efecto, la salvación del Señor y la verdad han sido prefiguradas en el pueblo (de Israel), y las prescripciones del Evangelio han sido proclamadas de antemano por la Ley.
(40) El pueblo, pues, vino a ser como el esbozo de un proyecto, y la Ley como la letra de una parábola, pero el Evangelio víene a ser como explicación y cumplimiento de la Ley y la Iglesia el ámbito de la realización.
(41) El modelo era, pues, valioso antes de la realidad y la parábola admirable antes de la interpretación. Es decir: el pueblo (de Israel) tenía su valor antes que la Iglesia fuese edificada y la Ley era admirable antes de que el Evangelio fuese iluminado.
(42) Pero cuando la Iglesia fue edificada y el Evangelio propuesto, la figura se desvaneció después de transmitir su fuerza a la realidad; y la Ley finalizó después de transmitir su fuerza al Evangelio. Al modo que la figura se desvanece después de transmitir la imagen a la realidad verdadera, y h parábola se desvanece al ser iluminada por la interpretación, (43) así también la Ley fue culminada en su función una vez que el Evangelio fue puesto en luz, y el pueblo se desvaneció una vez que fue erigida la Iglesia, y la figura fue disuelta una vez que el Señor se manifestó, y hoy lo que otrora era valioso se ha devaluado una vez que se ha manifestado lo que es valioso por naturaleza.
(44) Porque preciosa fue entonces la inmolación de la oveja, pero ahora sin valor a causa de la vida del Señor; preciosa la muerte de la oveja, pero ahora sin valor a causa de la salvación del Señor; preciosa la sangre de la oveja, pero ahora sin valor a causa del espíritu del Señor; precioso el cordero mudo, pero ahora sin valor a causa del Hijo irreprochable; precioso el templo de abajo pero ahora sin valor a causa del Cristo de lo alto; (45) preciosa la Jerusalén de abajo, pero ahora sin valor a causa de la Jerusalén de arriba; preciosa la herencia corta, pero ahora sin valor a causa de la gracia amplia.
Porque no hay ni un solo lugar ni un pequeño fragmento de tierra en el que la gloria de Dios no se haya establecido, sino que a todos los confines de la tierra se ha expandido la gracia divina, y allí ha plantado su tienda el Dios omnipotente; por Jesucristo, que tiene la gloria por los siglos. Amén.
B) La estructura de la salvación
(46) Han escuchado la explicación de la prefiguración y de su correspondencia; escuchad también la estructura del misterio.
¿Qué es la pascua? El vocablo proviene en efecto de lo que ha sucedido: de «pazein» (= haber sufrido) viene «pásjeien» (celebrar la pascua). Aprenden, pues, quién es (47) el paciente, y por qué el Señor aparece sobre la tierra; para que, una vez revestido del que sufre lo eleve hacia las alturas de los cielos.
1) El pecado en Edén y sus consecuencias, causa de la pasión de Cristo
Dios, habiendo hecho al principio por el Verbo el cielo y la tierra a y todo cuanto en ellos hay, configuró al hombre de la tierra y en esta forma le infundió un sople vital (cf. Gn 1,1; 2,4-7; Sb 9,1; Sal 32,6; Jn 1,3). Lo colocó en el paraíso, hacia el Este, en Edén, para ser feliz (Gn 2,8). Como ley le propuso este mandamiento: «De todo árbol del paraíso comerán para (su) sustento, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerán, pues el día en que comieren, morirán (Gn 2,16-17).
Siendo el hombre por naturaleza capaz para el bien y para el mal, (como bola de tierra para semillas de dos caras), escuchó el consejo enemigo y voraz y, habiendo tocado el árbol, transgredió el mandato y desobedeció a Dios. Fue arrojado en consecuencia a este mundo como a una cárcel de condenados (cf. Gn 3; Mt 13,24-30).
Después que se hizo prolífico y avanzado en años, y habiendo retornado a la tierra por haber gustado del árbol, dejó a sus hijos una herencia (cf. Gn 2,17. 25; 3,16 ss.; 4,1). En efecto, dejó en herencia a sus hijos: no castidad, sino impudor, no incorruptibilidad, sino corruptibilidad, no honor, sino deshonor, no libertad, sino esclavitud, no realeza, sino tiranía, no vida, sino muerte, no salvación, sino perdición.
(50) Inédita y terrible vino a ser efectivamente la perdición de los hombres sobre la tierra. Pues he aquí lo que les ocurrió: eran arrastrados por el pecado tiránico y empujados hacia los ámbitos de las pasiones, donde quedaban inundados por los placeres insaciables: por el adulterio por la fornicación por la impudicia, por el mal deseo, por la avaricia, por los homicidios, por la efusión de sangre, por la tiranía de la maldad, por la tiranía contraria a las leyes.
(51) En efecto, el padre sacó la espada contra su hijo, y el hijo alzó la mano contra el padre, y el impío golpeó los pechos lactantes, y el hermano mató al hermano, y el huésped hizo injusticia al huésped, y el amigo asesinó al amigo, y el hombre degolló al hombre, con mano tiránica.
Todos, pues, sobre la tierra vinieron a ser; unos, asesinos; otros, fratricidas; otros, parricidas; otros en fin infanticidas.
Se registró, empero, algo más terrible e inaudito: una madre tocó las carnes que ella había engendrado, tocó a quienes había alimentado a sus pechos, y tragó en sus entrañas al fruto de sus entrañas, y la desventurada madre se convirtió en horrible tumba, al haber devorado al hijo que portara en su seno (cf. Dt 28,53-57).