OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (22)
Rebeca y Jacob
Hacia 1405
Biblia Pauperum
Holanda (La Haya?)
SAN JUSTINO, DIÁLOGO CON TRIFÓN (continuación)
Los misterios de Mitra son una imitación diabólica de las profecías relativas al nacimiento de Cristo y a la Eucaristía
70. [1] Cuando los que confieren los misterios de Mitra afirman haber nacido él de una piedra, y llaman “cueva” al lugar donde, según la tradición, se inician los que creen en él, ¿cómo no reconocer aquí que imitan lo que dijo Daniel: “Una piedra fue separada sin mano alguna de la gran montaña” (cf. Dn 2,34), y lo mismo aquello de Isaías, cuyas palabras todas intentaron remedar? Porque, en efecto, tuvieron la habilidad de introducir entre ellos hasta palabras sobre la práctica de la justicia. [2] Es necesario que les cite las palabras dichas por Isaías, a fin de que por ellas se den cuenta que es así.
Son como siguen: «Escuchen, los que están lejos, lo que he hecho; los que se acercan, conocerán mi fuerza. Se alejaron los que en Sión eran pecadores; sobrecogerá el temblor a los impíos, ¿quién les anunciará el lugar eterno? El que camina en la justicia, el que habla según el camino recto, el que odia la iniquidad y la injusticia, el que guarda las manos limpias de regalos y tapa sus orejas para no oír el juicio injusto de sangre, y cierra sus ojos para no ver la injusticia: ése habitará en la caverna elevada de una fuerte roca. [3] Pan le será dado, y su agua, confiable. Verán a un rey con gloria y sus ojos verán de lejos. Su alma practicará el temor del Señor. ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde están los consejeros? ¿Dónde el que cuenta a los que son alimentados, al pueblo menudo y grande? No tomaron con él consejo, no conocieron el fondo de sus palabras, hasta el punto de no oír. Pueblo envilecido y que no tiene inteligencia cuando oye» (Is 33,13-19).
[4] Ahora bien, es evidente que también habla en esta profecía acerca del pan que nuestro Cristo nos confió la tradición de celebrar en memorial de haberse Él hecho carne (cf. Is 33,16; 1 Co 11,24. 26; Lc 22,19) por los que creen en Él, por los que también se hizo sufriente, y de la copa que en memorial de su sangre nos mandó hacer en acción de gracias (cf. 1 Co 11,25. 26; Lc 22,19; Is 33,16). Además, la misma profecía pone de manifiesto que le veremos como Rey en la gloria (cf. Is 33,19). [5] Y sus mismas palabras están diciendo a gritos que el pueblo del que se sabía de antemano que creería en Él, practicaría el temor del Señor (cf. Is 33,18). También están clamando estas Escrituras que quienes se imaginan conocer la letra de las Escrituras (cf. Is 33,19), al oír las profecías, no las comprenden (cf. Is 33,19). Cuando, pues, ¡oh Trifón! -concluí-, oigo hablar de que Perseo nació de una virgen, comprendo que también se trata de una imitación de la serpiente del error.
La traducción de Is 7,14 por los Setenta es rechazada por los Judíos, que han hecho desaparecer de la Escritura ciertas profecías que proclaman claramente la crucifixión de Cristo y su divinidad
71. [1] A quienes no presto fe alguna es a sus maestros, que no admiten esté bien hecha la traducción de los setenta Ancianos que estuvieron con Ptolomeo, rey de Egipto, sino que se ponen ellos mismos a traducir. [2] Quiero además que sepan que ellos han suprimido totalmente muchas de las Escrituras de la versión elaborada por los Ancianos que estuvieron con el rey Ptolomeo, por las que se demuestra que Aquel que fue crucificado, es proclamado Dios, hombre, crucificado y muerto. Estas traducciones sé que todos los de su raza las rechazan. Por eso no las haré intervenir en las cuestiones que nos ocupan, sino que pasaré a examinar aquellas que todavía son reconocidas entre ustedes.
[3] En efecto, cuantas hasta ahora les había alegado, todas las reconocen, excepto el texto: “Miren que una virgen concebirá, que ustedes dicen que hay que leer: “Miren que una joven concebirá” (cf. Is 7,14). Les prometí demostrar que esta profecía no se refiere a Ezequías, como a ustedes se lo han enseñado, sino a aquel que es para mí el Cristo. He aquí el momento de presentarles mi demostración.
[4] Trifón dijo: -Antes te rogamos nos cites algunas de las Escrituras que tú dices han sido completamente suprimidas.
Ejemplos de pasajes mutilados: Esdras y Jeremías
72. [1] Yo le contesté: -Quiero hacer lo que les place. Pues bien, de los comentarios que Esdras hizo a la ley de la Pascua, quitaron el siguiente pasaje: «Dijo Esdras al pueblo: “Esta Pascua es nuestro salvador y nuestro refugio. Si reflexionan y sube a su corazón que hemos de humillarle sobre un signo y después de eso esperamos en Él, este lugar no quedará desolado jamás, dice el Dios de las potestades. Pero si no creyeran, ni oyeren su predicación, serán la irrisión de las naciones”» (Esd? Cf. 1 Co 5,7).
[2] De las palabras pronunciadas por intermedio de Jeremías quitaron también este pasaje: «Yo soy como cordero inocente que es llevado para ser sacrificado. Contra mí tramaron designios, diciendo: “Vengan, arrojemos un leño en su pan, borrémosle de la tierra de los vivientes, y que no se recuerde más su nombre”» (Jr 11,19). [3] Este pasaje tomado de las palabras de Jeremías se halla todavía en algunas copias de las sinagogas de los judíos, pues la eliminación es de fecha reciente. Ahora bien, cuando por estas palabras se intenta demostrar que los judíos tuvieron consejo sobre Cristo mismo, decidiendo crucificarle y matarle, cuando Él mismo aparece, conforme fue profetizado por Isaías, como el cordero que es llevado al matadero (cf. Is 53,7), y es presentado como un cordero inocente, entonces, al no tener qué contestar recurren a la blasfemia.
[4] De las palabras también de Jeremías, eliminaron este pasaje: “Se acordó el Señor Dios, santo de Israel, de sus muertos, de los que se durmieron en la tierra de la tumba, y bajó a ellos para anunciarles la buena nueva de su salvación” (Jr? Cf. 1 P 4,6).
Las palabras: “de lo alto del madero”, fueron eliminadas del Salmo 95
73. [1] Del salmo noventa y cinco, de las palabras de David, suprimieron esta breve expresión: “De lo alto del madero”. Porque diciendo: «Digan entre las naciones: “El Señor reina desde lo alto del madero”» (Sal 95,10), sólo dejaron: «Digan entre las naciones: “El Señor reina”». [2] Entre las naciones (cf. Sal 95,10), jamás se dijo de ninguno de los hombres de su linaje, que haya reinado como Dios y Señor (cf. Sal 95,1. 10; Sal 46,6. 9), excepto de este que fue crucificado, de quien en el mismo salmo nos dice el Espíritu Santo que fue salvado y resucitó, dándonos a entender que no es semejante a los dioses de las naciones; pues éstos no son sino ídolos de los demonios. [3] Pero para que entiendan lo que digo, les voy a citar todo el salmo.
El cual dice así: «Canten al Señor un cántico nuevo; cante al Señor, toda la tierra. Canten al Señor y bendigan su nombre. Anuncien, día tras día, la buena nueva de su salvación. Anuncien en las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es el Señor, y digno sobremanera de alabanzas; terrible sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de las naciones son demonios, mientras que el Señor hizo los cielos. Alabanza y belleza permanecen en su presencia, santidad y magnificencia en su santuario. Llévenle al Señor, familias de las naciones, llévenle al Señor gloria y honor. Lleven al Señor gloria en su nombre. [4] Tomen ofrendas y entren en sus atrios. Adoren al Señor en su atrio santo. ¡Estremézcase en su presencia la tierra entera! Digan entre las naciones: “El Señor reina, porque Él enderezó la tierra que no se conmoverá; juzgará a los pueblos con rectitud. Alégrense los cielos y regocíjese la tierra; estremézcase el mar y cuanto contiene. Los campos exultarán y todo lo que allí se encuentra, todos los árboles del bosque se regocijarán en la presencia del Señor: Porque viene, porque viene a juzgar la tierra. Juzgará el mundo en la justicia y a los pueblos en su verdad”» (Sal 95,1-13; cf. 1 Cro 16,23-33).
[5] Trifón: -Si, como tú sostienes -dijo-, nuestros principales del pueblo han suprimido algo de las Escrituras, sólo Dios lo sabe; sin embargo, tal cosa parece increíble.
[6] –Sí -contesté yo-, parece increíble, pues es cosa más tremenda que haber fabricado el becerro de oro (cf. Ex 32), como lo hicieron aquellos que fueron saciados con el maná recogido en la tierra (cf. Ex 16,4-35; Nm 11,7-9; Dt 8,3), más que inmolar sus hijos a los demonios, o matar a los profetas mismos (cf. Mt 23,31; Lc 13,34). Pero a la verdad -añadí- me parece que ustedes no han oído hablar de las Escrituras que les he dicho ellos suprimieron; pues para demostrar lo que discutimos bastan y sobran tantas ya citadas, y otras que les citaré de las que aún se preservan entre ustedes.
El Salmo 95 no habla del Padre, sino de la salvación por la Cruz
74. [1] Trifón: -Sabemos -dijo- que las has citado por habértelo pedido nosotros. En cuanto al último salmo que has tomado de las palabras de David, no me parece a mí que se refiera a otro que al Padre, que hizo los cielos y la tierra (cf. Sal 95,1. 5. 9. 11. 13). Tú, en cambio, dices que se dijo por Aquel que se hizo sufriente, y que te esfuerzas por demostrarnos que también es el Cristo.
[2] Yo le respondí: -Reflexionen, les ruego, sobre la expresión que el Espíritu Santo emplea en este salmo, mientras yo les hablo, y se darán cuenta de que ni yo me engaño, ni ustedes han sido burlados. Porque ustedes también podrían comprender, una vez que entren en sí mismos, muchas otras cosas dichas por el Espíritu Santo: «Canten al Señor un cántico nuevo; cante al Señor, toda la tierra. Canten al Señor y bendigan su nombre. Anuncien, día tras día, la buena nueva de su salvación. Anuncien en las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas» (Sal 95,1-3; cf. 1 Cro 16,23-24).
[3] Es como si se dirigieran a Dios Padre del universo (cf. Sal 46,7. 8; Sal 95,5. 7), que ordena a aquellos de toda la tierra (cf. Sal 95,1), que conocen el misterio de esa salvación (cf. Sal 95,2), es decir, el sufrimiento de Cristo, por el que los salvó, que canten y alaben constantemente (cf. Sal 95,1. 2; Sal 46,7. 8), reconociendo que es digno de alabanza, temible, que hizo el cielo y la tierra (cf. Sal 95,4. 5; Sal 46,3), el que obró esta salvación por el género humano (cf. Sal 95,2), Aquel a quien, después de su muerte sobre la Cruz, el Padre le concedió reinar sobre toda la tierra (cf. Sal 46,8; Sal 95,10ss.), así como también por...(1).
Leer otro comentario
(1) «El texto de la “primera parte”, afirma Bobichon (op. cit., pp. 55 ss.), se interrumpe en el momento en que Justino comenta el Salmo 95, invocado para responder a la pregunta de Trifón sobre el Cristo “sufriente” (74,1). No es exacto que el pasaje que nos queda se aplique únicamente a los vv.1-3… En realidad, ese comentario toma el conjunto del salmo (versículos 1. 2. 4. 5. 10), que Justino interpreta según el método que le es familiar, retomando sus principales elementos en un orden diferente, y haciendo intervenir, para aclarar esa interpretación, otro salmo (46) también antes citado [cf. 37,1]. Por no haber visto que el pasaje fue compuesto así, los comentaristas redujeron su contenido a los tres primeros versículos del Salmo 95, y el contenido al tema del Mesías “sufriente”».