Pentecostés
Hacia 1030-1040
De un manuscrito Ottoniano
Regensburg, Alemania
SAN JUSTINO, APOLOGÍA PRIMERA (conclusión)Los sufrimientos de Cristo50. 1. Escuchen ahora las profecías relativas a la pasión y ultrajes que había de sufrir por nosotros hecho hombre, y a la gloria con que ha de volver (cf. Is 53,12 LXX). 2. Son éstas: «Porque entregaron su alma a la muerte y fue contado entre los inicuos, Él cargó con los pecados de muchos y obtendrá misericordia para los criminales (Is 53,12). 3. Porque he aquí que mi siervo entenderá, será levantado y glorificado sobremanera. 4. Al igual que muchos quedarán atónitos ante ti, así tu apariencia será objeto de burla para los hombres, y tu gloria arrojada lejos de ellos; así también se maravillarán las naciones y quedarán mudos los reyes; porque aquellos a quienes no se les anunció sobre Él, lo verán, y los que no oyeron, entenderán. 5. Señor, ¿quién creyó en nuestra palabra? Y el brazo del Señor, ¿a quién le fue revelado? Anunciamos la noticia delante de Él, como niño pequeño, como raíz en tierra sedienta. 6. No tiene figura ni gloria; le vimos y no tenía figura ni hermosura, sino que su figura estaba deshonrada y deficiente en parangón con los hombres. 7. Hombre entregado a los azotes y que sabe de soportar el sufrimiento; ante su rostro se desvía la mirada, fue deshonrado y no fue considerado. 8. Él lleva sobre sí nuestros pecados, y por nosotros sufre dolor, pero nosotros consideramos que Él estaba en el sufrimiento, los suplicios y los malos tratos. 9. Él fue llagado por causa de nuestras iniquidades y sufrió por causa de nuestros pecados. El castigo que nos procura la paz cayó sobre Él, por sus llagas fuimos nosotros curados. 10. Todos anduvimos errantes como ovejas; cada uno erró en su camino; Él fue entregado a causa de nuestros pecados, y Él, al ser maltratado, no abre su boca. Como oveja fue llevado al matadero; como cordero que está mudo ante el que le trasquila, así tampoco Él abre su boca. 11. En su humillación, su juicio fue abolido» (Is 52,13-53,8). 12. Ahora bien, después de ser crucificado, hasta sus discípulos todos le abandonaron y negaron (cf. Mt 26,70); pero luego, cuando hubo resucitado de entre los muertos y fue por ellos visto; después que les enseñó a leer las profecías en que estaba predicho que todo eso había de suceder (cf. Lc 24,27) y le vieron subir al cielo (cf. Hch 1,9), creyeron y recibieron la fuerza que Él les envió de lo alto, y se esparcieron entre los hombres de toda raza (cf. Hch 1,8), para enseñarnos todas estas cosas y fueron llamados apóstoles.
El regreso de Cristo en la gloria51. 1. Para darnos a entender que aquel que conoció sus sufrimientos tiene un origen inefable y que reina sobre sus enemigos, el Espíritu profético dijo así: «La generación de Él, ¿quién la explicará? Porque es arrebatada de la tierra su vida, por las iniquidades de ellos va a la muerte. 2. E intercambiaré a los malos por su sepultura y a los ricos por su muerte, porque Él no cometió iniquidad ni se halló engaño en su boca. El Señor quiere purificarle de su herida. 3. Si hicieran una ofrenda por el pecado, el alma de ustedes recibirá una descendencia duradera.4. El Señor quiere apartar el sufrimiento del alma de Él, mostrarle la luz y formarle en inteligencia, justificar al justo que ha servido bien a muchos, y Él mismo llevará nuestros pecados. 5. Por eso, Él recibirá en herencia a muchos pueblos y repartirá los despojos de los fuertes, por haber sido contado entre los inicuos, por haber llevado los pecados de muchos y haberse entregado por las iniquidades de ellos» (Is 53,8-12). 6. Y que había de subir al cielo, como fue profetizado, escúchenlo. 7. La profecía es ésta: “Levanten las puertas de los cielos; ábranse, puertas, para que entre el rey de la gloria. ¿Quién es ese rey de la gloria? El Señor fuerte, el Señor poderoso” (Sal 23,7-8). 8. Pero que también ha de venir de los cielos con gloria, escuchen lo que sobre esto fue dicho por el profeta Jeremías. 9. Dice así: “He aquí como un hijo de hombre viene sobre las nubes del cielo (Dn 7,13; cf. Za 14,5; Judas 14), y sus ángeles con Él” (cf. Mt 25,31).
El doble advenimiento de Cristo52. 1. Ahora, pues, como hemos demostrado que todo lo hasta ahora sucedido fue de antemano anunciado por los profetas, es necesario también que creamos ha de cumplirse íntegramente lo que ha sido igualmente profetizado, pero tiene todavía que suceder. 2. Porque a la manera que lo ya sucedido, anticipadamente anunciado, por más que no fuera comprendido, ha sucedido; del mismo modo, lo que aún falta por cumplirse sucederá, por más que no se lo comprenda ni se le dé fe. 3. Pues los profetas anunciaron dos advenimientos de Cristo: uno cumplido ya, como hombre depreciado y pasible (cf. Is 53,3); el segundo, cuando venga con gloria de los cielos acompañado de su ejército de ángeles (cf. Dn 7,13), que es cuando resucitará también los cuerpos de todos los hombres que han existido, y a los que sean dignos los revestirá de incorrupción (cf. 1 Co 15,53), y a los inicuos los enviará, junto con los perversos demonios, al fuego eterno, para un sufrimiento eterno (cf. Mt 25,41). 4. Vamos a mostrar cómo también fue profetizado que ha de suceder esto. 5. El profeta Ezequiel fue quien lo dijo así: «Se unirá articulación con articulación, y hueso con hueso, y volverán a brotar las carnes (cf. Ez 37,7-8). 6. Y toda rodilla se doblará ante el Señor y toda lengua le confesará» (cf. Is 45,23; Rm 14,11; Flp 2,10). 7. En qué tormento y castigo han de hallarse los injustos, escuchen lo que sobre esto fue dicho. 8. Es lo siguiente: “Su gusano no descansará y su fuego no se extinguirá” (Is 66,24). 9. Entonces, sí se arrepentirán, cuando ya de nada les servirá. 10. Qué dirán y harán entonces las tribus de los judíos, cuando vean al Cristo volver en gloria, por el profeta Zacarías fue dicho en esta profecía: «Yo mandaré a los cuatro vientos que reúnan a mis hijos dispersos, mandaré al Bóreas (viento del norte) que los traiga (cf. Za 2,10; Is 11,12) y al Noto (viento del sur) que no se oponga. 11. Y entonces habrá en Jerusalén llanto grande (cf. Za 12,11), no llanto de bocas ni de labios, sino llanto de corazón (cf. Is 29,13); y no rasgarán sus vestidos, sino sus conciencias (cf. Jl 2,13). 12. Se lamentarán tribu por tribu, y entonces mirarán al que traspasaron (cf. Za 2,10; Ap 1,7) y dirán: “¿Por qué, Señor, nos extraviaste lejos de tu camino?” (Is 63,17). La gloria que nuestros padres bendijeron, se nos ha convertido en oprobio» (Is 64,10).
La fuerza demostrativa de las profecías bíblicas53. 1. Muchas otras profecías pudiéramos alegar; aquí, sin embargo, ponemos término a esta prueba, considerando que las citadas son bastante para persuadir a quienes tengan oídos para oír y entender (cf. Mt 13,9). Porque creemos que pueden percatarse que no somos nosotros como los inventores de fábulas sobre los supuestos hijos de Zeus, que nos contentamos con sólo afirmar, y no tenemos pruebas que alegar. 2. Pues ¿con qué razón íbamos a creer que un hombre crucificado es el primogénito del Dios ingénito y que Él ha de juzgar a todo el género humano, si no halláramos testimonios sobre Él proclamados antes que viniera y se hiciera hombre, y no los viéramos literalmente cumplidos: 3. la devastación de la tierra de los judíos, hombres de todas las naciones que creen por la enseñanza de sus apóstoles y rechazan sus antiguas costumbres, en cuyos errores se criaron, y aún al vernos a nosotros mismos, los cristianos que procedemos de la gentilidad, que somos más numerosos y sinceros que los de origen judío y samaritano? 4. Porque es de saber que el resto de las naciones todas, son llamadas por el Espíritu profético: “Gentiles”; la nación, empero, de judíos y samaritanos se llama “tribu de Israel” y “casa de Jacob”. 5. Y vamos a citarles la profecía en que se predice que serán más los creyentes que proceden de la gentilidad que los de origen judío y samaritano. Dice así: “Alégrate, estéril, la que no das a luz; prorrumpe en gritos de júbilo, la que no sufres dolores de parto; porque más son los hijos de la abandonada que de la que tiene marido” (Is 54,1 [LXX]; cf. Ga 4,27). 6. Es así que abandonadas del verdadero Dios estaban todas las naciones que daban culto a obras de las manos; los judíos y samaritanos, empero, que tenían la palabra de Dios, que les fue transmitida por los profetas, y estaban constantemente esperando a Cristo, venido que fue, no le reconocieron, fuera de unos pocos, que había predicho el Espíritu Santo profético por Isaías que habían de salvarse. 7. Dijo éste hablando en su nombre: “Si el Señor no nos hubiera dejado un pequeño resto, habríamos venido a ser como Sodoma y Gomorra” (Is,19; cf. Rm 9,29). Sodoma y Gomorra, de las que cuenta Moisés la historia, fueron ciudades de hombres impíos, que Dios destruyó abrasándolas con fuego y azufre, sin que en ellas se salvara nadie más que un extranjero, de origen caldeo, llamado Lot, juntamente con sus hijas (cf. Gn 19). 9. Aún ahora el que quiera puede ver toda aquella tierra que sigue desierta, calcinada y estéril. 10. Sobre que los cristianos de la gentilidad habían de ser más sinceros y más fieles, lo demostraremos citando al profeta Isaías. 11. He aquí lo que dijo: “Israel es incircunciso de corazón, las naciones lo son de prepucio” (Jr 9,25). 12. La contemplación, por ende, de tantos hechos bien pueden llevar, con la ayuda de la razón, a la persuasión y a la fe a quienes aman la verdad, no son amigos de la gloria ni se dejan dominar por sus pasiones.
Las fábulas paganas54. 1. Los que enseñan los mitos inventados por los poetas, ninguna prueba pueden ofrecer a los jóvenes que los aprenden de memoria, y nosotros vamos a demostrar que esos mitos fueron compuestos por instigación de los malvados demonios para engaño y extravío del género humano. 2. En efecto, como oyeran por los profetas que el Cristo anunciado debía venir y que los hombres impíos habían de ser castigados por el fuego, produjeron leyendas atribuyendo a Zeus una multitud de hijos, creyendo que así lograrían que los hombres consideraran la historia de Cristo como un cuento fabuloso, semejante a las leyendas contadas por los poetas. 3. Estos relatos se propagaron en Grecia y en todas las demás naciones, en que los demonios habían previsto, por los anuncios de los profetas, que más se había de creer en Cristo. 4. Sin embargo, nosotros vamos a poner de manifiesto que, no obstante oír lo que dicen los profetas, no lo entendieron exactamente, sino que imitaron como a tientas lo referente a nuestro Cristo.
5. Así, pues, el profeta Moisés, es más antiguo de todos los escritores, como ya dijimos (cf. I,44,8), hizo la profecía siguiente, que antes citamos (cf. I,32,1): “No faltará rey de la descendencia de Judá, ni jefe de sus muslos hasta que venga aquel a quien está reservado. Y Él será la expectación de las naciones, atando a la viña su asno, lavando sus vestidos en la sangre de la uva” (Gn 49,10-11). 6. Oyendo los demonios estas palabras proféticas, dijeron que Dioniso había sido hijo de Zeus, enseñaron haber él inventado la viña; inscribieron al vino en el número de sus misterios y divulgaron que Dionisio después de haber sido despedazado subió al cielo. 7. Pero como en la profecía de Moisés no se significaba con toda claridad si el que había de nacer sería Hijo de Dios (o un hombre), ni si el que había de montar un asno se quedaría en la tierra o subiría al cielo. Por otra parte, el nombre de asno, originariamente, lo mismo puede significar la cría del asno que del caballo. De ahí que no sabiendo si el profetizado había de tomar por símbolo de su venida montar en una cría de asno o de caballo, ni si había ser hijo de Dios, como dijimos (cf. I,21,1; 32,10), o de hombre, los demonios se inventaron que Belerofonte, hombre nacido de hombres, subió al cielo sobre el caballo Pegaso. 8. Como además oyeron lo dicho por otro profeta Isaías, que el Cristo había de nacer de una virgen (cf. Is 7,14) y que por su propio poder subiría al cielo, produjeron de Perseo. 9. Por la misma razón, conociendo lo que fue dicho de Él en las profecías anteriormente citadas: “Fuerte como un gigante para recorrer su camino” (Sal 18,6), se inventaron un Heracles (= Hércules), héroe poderoso, que recorrió toda la tierra. 10. En fin, al enterarse que estaba profetizado que había de curar toda enfermedad y resucitar muertos, suscitaron a Asclepio.
El símbolo de la cruz55. 1. Sin embargo, jamás, ni siquiera uno de los supuestos hijos de Zeus, propusieron una imitación de la crucifixión, por no haberla entendido, como quiera que, según antes manifestamos (cf. I,35; Is 9,5-6), todo lo referente a la cruz fue dicho de modo simbólico. 2. Justamente lo que es, como predijo el profeta (cf. I,35,2), el símbolo más importante de la fuerza de Cristo y de su autoridad, como se muestra aún por las mismas cosas que caen bajo nuestros ojos. Consideren, en efecto, si cuanto hay en el mundo puede ser administrado o tener consistencia sin esta figura. 3. Porque el mar no se surca si ese trofeo, llamado mástil, no se alza intacto en la nave; sin ella no se ara la tierra; ni cavadores ni artesanos llevan a cabo su obra si no es por instrumentos que tienen esa figura. 4. La misma figura humana no se distingue en otra ninguna cosa de los animales irracionales, sino por ser recta, poder extender los brazos y llevar, partiendo de la frente, la prominencia llamada nariz, por la que se verifica la respiración del viviente, designando precisamente la imagen de la cruz. 5. Y el profeta dijo de esta manera: “El aliento delante de nuestra cara, es Cristo, el Señor” (Lm 4,20). 6. Incluso sus mismas enseñas ponen de manifiesto la fuerza de esta figura, quiero decir, sus estandartes y sus trofeos de victoria, que los preceden por dondequiera realizan sus marchas, mostrando los signos de la autoridad y del poder de ustedes, aun cuando lo hagan sin percatarse de ello. 7. Las mismas imágenes de sus emperadores, cuando mueren, las consagran por esta figura, y los llaman dioses en sus inscripciones. 8. Ahora bien, una vez que los hemos exhortado por la vía del razonamiento y por una figura patente, en cuanto nuestra fuerza lo ha consentido, nosotros nos sentiremos en adelante irresponsables, aún cuando ustedes sigan incrédulos, pues lo que de nosotros dependía, hecho está y a término ha llegado.
La falsedad de las herejías: Simón y Menandro56. 1. Pero no se contentaron los malos demonios con inventar, antes de la aparición de Cristo, las fábulas de los supuestos hijos de Zeus, sino que aparecido ya y habiendo conversado con los hombres, como había sido anunciado por los profetas que se le creería y sería esperado en todas las naciones, nuevamente, como dijimos (cf I,26,1 y 4), echaron por delante a otros personajes como Simón y Menandro, ambos de Samaria, los cuales, obrando prodigios mágicos, engañaron a muchos y los tienen todavía engañados. 2. En efecto, como antes dijimos (cf. I,26,2), estando Simón en su imperial ciudad de Roma en tiempo de Claudio César, de tal manera impresionó tanto al venerable Senado y al pueblo romano, que fue tenido por un dios y honrado con una estatua, al igual que los otros que ustedes tienen por dioses. 3. Por eso les suplicamos soliciten al venerable Senado y al pueblo romano actuar como jueces asociados de este escrito nuestro, a fin de que si alguno hubiere que sea aún engañado por las enseñanzas de aquél, conocida la verdad, pueda huir del error. 4. Y la estatua, si les place, háganla destruir.
La muerte del cristiano57. 1. Porque los demonios no logran persuadir que no se producirá la destrucción del mundo por el fuego para castigo de los impíos, a la manera que tampoco lograron que la venida de Cristo permaneciera oculta. Lo único que pueden hacer es que quienes viven irracionalmente, y se crían en malas costumbres, entregados a sus pasiones y siguiendo la vana opinión, nos quiten la vida y nos aborrezcan; pero nosotros, no sólo no los aborrecemos a ellos, sino que, como es patente, queremos, por pura compasión que les tenemos, persuadirles que cambien de parecer. 2. Porque no tememos la muerte, cuando reconocemos que hay absolutamente que morir y nada nuevo sucede en este orden de cosas, sino lo mismo de siempre (cf. Qo 1,9-10). Y si éstas producen disgusto a los que las gozan aún sólo un año, que atiendan a nuestra enseñanza, para que estén siempre exentos de dolor y de necesidades. 3. Pero si creen que nada hay después de la muerte, sino que afirman que los que mueren van a parar a un estado de insensibilidad, en ese caso nos hacen un beneficio al librarnos de los sufrimientos y necesidades de acá; sin embargo, ellos se muestran malvados, enemigos de los hombres y amigos de las apariencias, pues no nos quitan la vida para liberarnos, sino que nos matan para privarnos de la vida y del placer.
La herejía de Marción58. 1. También a Marción, originario del Ponto, como antes dijimos (cf. I,26,5), lo suscitaron los malos demonios, quien ahora mismo está enseñando a negar al Dios creador de todo lo que existe en la tierra y en el cielo, así como a Cristo, su Hijo, que fue anunciado por los profetas, y predica no sabemos qué otro Dios fuera del artesano de todas las cosas, así como a otro hijo suyo. 2. Muchos le han prestado creído, como si fuera el único que conoce la verdad, y se burlan de nosotros, a pesar de que no tienen prueba alguna de lo que dicen, sino que, sin razón ninguna, como ovejas arrebatadas por el lobo (cf. Mt 7,15; Jn 10,12), son presa de doctrinas ateas y de los demonios 3. Porque en nada ponen los llamados demonios tanto empeño como en apartar a los hombres de Dios Creador y de Cristo, su primogénito; para lo cual, a quienes no son capaces de levantarse de la tierra, los clavaron y siguen clavando a las cosas terrenas y hechas por manos de los hombres; y a los que buscan elevarse a la contemplación de lo divino, si no poseen un juicio sano, permaneciendo en una vida pura y exenta de pasiones, les acechan para precipitarlos en la impiedad.
Platon, discípulo de Moisés. La creación59. 1. De nuestros maestros también, queremos decir del Verbo que habló por medio de los profetas, tomó Platón lo que dijo sobre que Dios creó el mundo, transformando una materia informe. Para convencernos de ello, escuchen lo que literalmente dijo Moisés, que fue el primero de los profetas, como se dijo antes (cf. I,10,2), más antiguo que los escritores griegos. Por él, dándonos a entender el Espíritu profético cómo y de qué elementos hizo Dios al principio al mundo, dijo así: 2. «En el principio creó Dios el cielo y la tierra. 3. La tierra era invisible e informe, las tinieblas estaban encima del abismo, y el Espíritu de Dios se cernía por sobre las aguas. 4. Y dijo Dios: “Sea hecha la luz”. Y fue hecha luz» (Gn 1,1-3). 5. En conclusión, que todo el universo fue hecho por la palabra de Dios a partir de los elementos señalados por Moisés, cosa es que aprendió Platón y los que siguen sus doctrinas y también la aprendimos nosotros, y ustedes pueden persuadirse de ello. 6. Sabemos asimismo que lo que entre los poetas se llama “Erebo” (abismo), fue antes mencionado por Moisés.
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