Ascensión
Hacia 1025-1050
De un manuscrito Ottoniano
Mainz o Fulda (Alemania)
SAN JUSTINO, APOLOGÍA PRIMERA (continuación)El combate final20. 1. Por lo demás, la Sibila e Histaspes anunciaron que todo lo corruptible había de ser consumido por el fuego; 2. y los filósofos llamados estoicos tienen por dogma que Dios mismo ha de resolverse en fuego y afirman que nuevamente, por transformación, volverá a nacer el mundo. Pero nosotros tenemos a Dios, creador de todas las cosas, por algo superior a todos los seres que experimentan transformaciones. 3. Si sobre ciertos puntos estamos de acuerdo con los poetas y filósofos que ustedes estiman, y sobre otros nuestra doctrina es más elevada y digna de Dios, sin embargo, somos los únicos que ofrecemos una demostración, ¿por qué entonces más que a todos los otros se nos odia injustamente? 4. Cuando nosotros decimos que todo fue ordenado y hecho por Dios, no parecerá sino que enunciamos un dogma de Platón; al afirmar la conflagración universal, otro de los estoicos; al decir que son castigadas las almas de los inicuos que aun después de la muerte conservarán su conciencia, y que las de los buenos, libres de todo castigo, serán felices, parecerá que hablamos como sus poetas y filósofos. 5. En fin, que no haya de adorarse a las obras de las manos de los hombres (cf. Lv 26,1; Is 2,18; Sal 115,4-6; 135,15, etc.), no es sino repetir lo que dijeron Menandro, el poeta cómico, y otros con él, que afirmaron ser mayor el artífice que lo que él fabrica.
Jesucristo es el Verbo divino21. 1. Cuando nosotros decimos también que el Verbo, que es el primogénito de Dios (cf. Col 1,15), fue engendrado sin comercio carnal, es decir, Jesucristo, nuestro maestro, y que éste después de ser crucificado y matado, resucitó y subió al cielo (cf. Sal 3,6), nada nuevo presentamos, si se atiende a los que ustedes llaman hijos de Zeus. 2. Porque ustedes saben bien la cantidad de hijos que los escritores por ustedes estimados atribuyen a Zeus: Hermes, el verbo que interpreta y enseña todas las cosas; Asclepio, que fue médico y después de haber sido fulminado, subió al cielo; Dionisio, después que fue despedazado; Heracles, después de arrojarse a sí mismo al fuego para huir de sus dolores; los Dioscuros, hijos de Leda; Perseo de Dánae, y Belerofonte, nacido de hombres, sobre el caballo Pegaso. 3. ¿Para qué hablar de Ariadna y de los que, de modo semejante a ella, se dice haber sido colocados en las estrellas? Y paso igualmente por alto sus emperadores difuntos, a quienes tienen siempre por dignos de la inmortalidad y nos presentan a algún infeliz que jura haber visto remontarse al cielo desde la pira al César hecho cenizas. 4. Tampoco hay necesidad de repetir aquí las acciones que se cuentan de cada uno de los supuestos hijos de Zeus, pues ustedes las saben perfectamente. Basta indicar que eso se ha escrito para utilidad e incitación de los jóvenes que se educan, porque todos tienen por cosa bella ser imitadores de los dioses. 5. Sin embargo, un hombre sensato rechazaría semejante concepción de la divinidad que admite que Zeus mismo, jefe y padre de todos los dioses, haya sido parricida y nacido de parricida y, vencido por placeres bajos y vergonzosos (cf. Lv 18,22; 20,13), haya ido a Ganimédes y a muchedumbre de mujeres con las que cometió adulterio, y aceptar que sus hijos practicaron acciones semejantes. 6. La verdad es, como anteriormente dijimos, que fueron los demonios malvados quienes tales cosas hicieron. Ahora alcanzar la inmortalidad, a nosotros se nos ha enseñado que sólo la alcanzan los que viven santa y virtuosamente cerca de Dios, así como creemos que han de ser castigados con fuego eterno quienes vivieren injustamente y rehúsen convertirse.
Jesús es el Hijo de Dios22. 1. En cuanto al Hijo de Dios, que se llama Jesús, aún cuando fuera hombre al modo común, merecería, por su sabiduría, llamarse Hijo de Dios, pues todos los escritores llaman a Dios padre de hombres y de dioses (cf. Homero,
Ilíada 1, 544; 4, 68). 2. Y si afirmamos que Él, el Verbo de Dios, fue engendrado de modo peculiar, diferente de la común generación, como ya dijimos (cf. I,21,1), admitan entonces que este punto es coincidente con lo que ustedes dicen de Hermes, a quien llaman el Verbo mensajero de parte de Dios. 3. Si se nos echa en cara que fue crucificado, también esto es común con los antes enumerados hijos de Zeus que ustedes admiten haber sufrido. 4. En efecto, se cuenta de ellos que no sufrieron un mismo género de muerte, sino diferentes; de suerte que ni por el hecho de haber sufrido (Cristo) una pasión particular es inferior a ellos; al contrario, como lo habíamos prometido (cf. I,13,3) demostraremos que es muy superior, o, por mejor decir, ya está demostrado (cf. I,15-17), pues el que es superior se muestra por sus obras. 5. Nosotros, predicamos que nació de una virgen, y ustedes deben admitir que este un punto común con Perseo. 6. En fin, que sanara a lisiados, paralíticos, enfermos de nacimiento y resucitara muertos (cf. Mt 11,5), también en esto parecerá que decimos cosas semejantes a lo que se cuenta haber hecho Asclepio.
Excelencia de la doctrina cristiana23. 1. Todo lo que nosotros afirmamos, por haberlo aprendido de Cristo y de los profetas que le precedieron, es la sola doctrina verdadera y más antigua que todos los escritores que han existido, y no pedimos se acepte nuestra doctrina por coincidir con ellos, sino porque decimos la verdad, a saber: 2. que sólo Jesucristo fue engendrado como Hijo de Dios en el sentido propio del término, siendo su Verbo (cf. Jn 1,1), su primogénito (cf. Col 1,15; Rm 8,29; Hb 1,6; 11,28; 12,23; Pr 8,22) y su potencia (cf. 1 Co 1,24); que, hecho hombre por designio suyo, nos enseñó esas verdades para la transformación y renovación del género humano; 3. antes de hacerse hombre entre los hombres, hubo algunos, digo los malvados demonios antes mentados, que se adelantaron a decir por medio de los poetas haber sucedido los mitos que se inventaron, a la manera que fueron ellos también los que hicieron las obras ignominiosas e impías de las que se nos acusa, sin que para ello haya testigo ni demostración alguna. Para que todo esto les quede claro, haremos la refutación que sigue.
El politeísmo24. 1. La primera prueba es que, diciendo nosotros cosas semejantes a los griegos, somos los únicos a quienes se odia por el nombre de Cristo y, sin cometer crimen alguno, como a malvados se nos quita la vida. Mientras que unos acá y otros acullá, dan culto a árboles, a ríos, a ratones, a gatos, a cocodrilos y a muchedumbre de animales irracionales; aún más, no todos lo dan a los mismos, sino unos son honrados en una parte, otros en otra, con lo que todos (sus adoradores) son impíos los unos a los ojos de los otros, porque no adoran los mismos objetos. 2. Lo único que ustedes nos pueden recriminar, es que no veneramos los mismos dioses que ustedes y que, en las acciones públicas, no ofrecemos ni libaciones, ni grasas de víctimas, ni coronas, ni sacrificios. 3. Ahora bien, que los mismos animales son por unos considerados dioses, por otros fieras, por otros víctimas para sacrificios, ustedes lo saben perfectamente.
La mitología25. 1. En segundo lugar, porque hombres de toda raza, que antes dábamos culto a Dionisio, hijo de Sémele, y a Apolo, hijo de Leto, de los cuales sería una vergüenza el sólo narrar las acciones que cometieron por amor a los jóvenes; los que adorábamos a Perséfone y Afrodita, que fueron aguijoneadas de amor por Adonis y cuyos misterios aún celebran ustedes, o a Asclepio u otro de los demás llamados dioses; ahora, no obstante amenazársenos con la muerte, a todos ésos los hemos despreciado por amor de Jesucristo, 2. y nos hemos consagrado al Dios ingénito e impasible; el Dios que creemos no ha de ir, aguijoneado por el deseo, a seducir una Antíope ni a otras por el estilo ni a Ganimédes, ni tendrá que ser desatado con ayuda de Tetis de aquel famoso gigante de cien brazos, ni que preocuparse, para pagar este favor, de matar a una muchedumbre de griegos, por la mano de Aquiles, el hijo de Tetis, a causa de su concubina Briseida. 3. Lo que sí hacemos es compadecer a quienes tales cosas hacen, y bien sabemos que los responsables de ellos son los demonios.
Las herejías26. 1. En tercer lugar, después de la ascensión de Cristo al cielo, los demonios han impulsado a ciertos hombres a decir que ellos eran dioses, y ésos no sólo no han sido perseguidos por ustedes, sino que han llegado hasta juzgarlos dignos de recibir honores. 2. Así, a un tal Simón, samaritano (cf. Hch 8,9-11), originario de una aldea por nombre Gitón, habiendo hecho en tiempo de Claudio César prodigios mágicos, por arte de los demonios que en él obraban, en su imperial ciudad de Roma, fue tenido por dios y como dios fue por ustedes honrado con una estatua, que se levantó en la isla del Tíber, entre los dos puentes, y lleva esta inscripción latina: “A Simón Dios Santo”. 3. Casi todos los samaritanos, y algunos pocos individuos en las otras naciones, le adoran considerándole como a su primer dios; y a una cierta Helena, que le acompañó por aquel tiempo en sus peregrinaciones, que antes había estado en el prostíbulo, y sería su primera emanación. 4. Sabemos también que un cierto Menandro, igualmente samaritano, natural de la aldea de Caparatea, discípulo que fue de Simón, poseído también por los demonios, hizo su aparición en Antioquía y allí engañó a muchos por sus artes mágicas, llegando a persuadir a sus discípulos que no habían de morir jamás. Y no faltan aún ahora algunos de ellos que se lo siguen creyendo. 5. En fin, un tal Marción, natural del Ponto, está ahora mismo enseñando a los que le siguen a creer en un Dios superior al Creador, y con la ayuda de los demonios ha conducido a muchos, en todas las naciones, a proferir blasfemias y negar al Dios Creador del universo, confesando, en cambio, otro Dios al que, por suponérsele superior, se le atribuyen obras mayores. 6. Todos los que de éstos proceden, como dijimos (I,4,7; 7,3), son llamados cristianos, a la manera que quienes no participan de las mismas doctrinas entre los filósofos, reciben de la filosofía el nombre común con que se les conoce. 7. Ahora, si también practican todas esas ignominiosas obras que contra nosotros se propalan, a saber: echar por tierra el candelero, unirnos promiscuamente y alimentarnos de carnes humanas, no lo sabemos; de lo que sí estamos ciertos es de que no son por ustedes perseguidos ni condenados a muerte, por lo menos a causa de sus doctrinas. 8. Por lo demás, nosotros mismos hemos compuesto una “Tratado contra todas las herejías” (obra perdida), si quieren leerlo, lo pondremos en sus manos.
Continuación