INICIACIÓN A LA LECTURA DE LAS OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (39)
Adán y Eva
“Codex Aemilianensis”. Siglo X
Real Biblioteca del Monasterio
del Escorial. España
Cirilo de Alejandría (+ 444)[1]
Son escasas las noticias que tenemos sobre su vida antes del episcopado. Al parecer nació entre los años 370-378/80 en una localidad llamada Theodosius (actual El Mahalla el Kubra en Egipto), distante algo más de 120 kms. (hacia el este) de Alejandría. Su madre probablemente era originaria de Memphis, hermana del patriarca Teófilo (mayor que ella), quien ocupó la sede de Alejandría a partir del año 385(2).
Si Cirilo recibió la educación de costumbre en la época, al menos para los jóvenes de ciertos recursos económicos, debe entonces haber frecuentado los estudios de gramática, humanidades y retórica entre, aproximadamente, los años 390-397 (colocando hipotéticamente su nacimiento hacia el 378). Y al finalizar esta etapa, seguramente por influencia de su tío materno, habría pasado algunos años (tal vez, cinco), una especie de seminario, entre los monjes. De esta experiencia recogerá el apoyo del temible Shenute de Atripa, abad del Monasterio Blanco (Dair Amba Shenudah), quien lo acompañará al concilio de Éfeso en el 431(3).
La primera aparición pública de Cirilo sobre la cual tenemos información, fue su participación -siendo aún muy joven (unos 25 años?)- en el tristemente célebre sínodo de «La Encina» (
Ad Quercum)[4]. En efecto, en agosto del año 403, acompañó a su tío a este “seudo concilio” donde se depuso al obispo de Constantinopla, Juan Crisóstomo. Éste, ante lo inadmisible del procedimiento seguido por Teófilo y sus secuaces, no se presentó en la reunión. Luego de juzgarlo sin oírlo, Teófilo comunicó la sentencia inicua contra el Crisóstomo a la corte imperial, que la confirmó y envió al exilio al santo obispo(5). Veintinueve años después, en el 432, Cirilo no tendrá ningún escrúpulo en recordar el hecho, en una carta a Acacio de Berea, considerando además que se había procedido con toda justicia(6). Esta forma de actuar de su tío no podía dejar de ejercer una fuerte influencia en el carácter de Cirilo.
El 18 de octubre del 412, tres días después de la muerte de Teófilo, su sobrino accede a la sede patriarcal de Alejandría. Los primeros años de su gobierno episcopal se vieron ensombrecidos por la persecución desencadenada contra paganos y judíos. No se le puede culpar de todos los excesos que se cometieron en la represión de los adversarios, como los consideraba Cirilo, de la fe católica. Sin embargo, hay que lamentar las consecuencias, como lo acaecido con la brillante y hermosa filósofa neoplatónica Hipatía, que fue lapidada por una turba enardecida en marzo del 415(7); al igual que la expulsión de los judíos de la ciudad, en la que Cirilo sí tuvo parte activa: «A continuación de diversos tumultos en los que denunció un complot para el aniquilamiento general de los cristianos, el obispo tomó la iniciativa de hacer expulsar a todos los judíos y presidió, más o menos directamente, el saqueo de sus bienes. Ello a pesar de la oposición de los funcionarios civiles, sobre todo del prefecto Oreste, quien señaló, por primera vez, a la atención imperial a aquél que sus enemigos deberían más tarde denunciar como “el nuevo Faraón”»(8).
Después de estos acontecimientos Cirilo parece haberse llamado a sosiego, para dedicarse de lleno a sus tareas pastorales . De hecho, el período que va entre el 415/16 hasta el 428, es el más fecundo en la producción literaria del joven y fogoso patriarca. A esta época corresponden, en efecto, entre otras obras, los Diálogos sobre la Trinidad, el tratado Sobre la adoración en espíritu y en verdad; los comentarios a la Escritura: sobre Isaías, los doce profetas menores y el evangelio de san Juan. Además, siguiendo la costumbre de sus predecesores en la sede de Alejandría, era costumbre que cada año el patriarca escribiese, para sus fieles, una carta pascual. En ella anunciaba la fecha de la Pascua y proponía algunas obras cuaresmales. Se han conservado estas epístolas, que nos muestran a un Cirilo muy consciente de los excesos y supersticiones de su pueblo, a la par que preocupado -con verdadero celo pastoral- por la enmienda de esas costumbres.
Es posible advertir en el Cirilo de estos primeros años de episcopado los aspectos salientes de su futura actividad: energía y fuerza de carácter poco comunes (a veces, hasta el exceso), amor a Cristo, gran aprecio por su país (Egipto), familiaridad con el texto sagrado y gran entusiasmo por las obras de san Atanasio, al extremo de aceptar incluso piezas espurias por considerarlas de éste, como se verá más adelante.
La controversia con Nestorio(10)
Nestorio había nacido en Germanicia de Siria, hacia el año 380/81. Entró siendo bastante joven a la vida monástica en Antioquía. Fue ordenado presbítero en fecha que desconocemos, y pronto se destacó por sus dotes de orador(11). Su fama, de forma semejante a lo que había sucedido con san Juan Crisóstomo, le valió la designación para la sede de Constantinopla, por parte del emperador Teodosio II. Nestorio recibió la consagración episcopal el 10 de abril de 428.
Al parecer la situación de su feligresía era bastante lamentable, sobre todo en el terreno doctrinal. Y así el nuevo patriarca le escribe, en ese mismo año 428, al papa Celestino I (422-432) de Roma diciéndole:
«He encontrado aquí entre no pocos una no módica corrupción de la ortodoxia, todos los días usamos respecto a los enfermos ira y dulzura. Pues se trata de una enfermedad no pequeña, sino semejante a la podredumbre de Apolinar y Arrio. Porque conjuntamente mezclan la unión del Señor con el hombre confundiéndola con una apropiación, a tal punto que ciertos clérigos de entre nosotros -algunos de los cuales por ignorancia, otros por el fraude de la herejía que hace tiempo mantenían oculta (como sucedió muchas veces en tiempo de los Apóstoles)- están enfermos de herejía y abiertamente blasfeman que el Dios Verbo consubstancial al Padre hubiese tomado un como principio de origen de la Virgen Madre...
«Incluso se han atrevido en cierto modo a tratar a la Virgen Madre de Cristo con Dios, como Divina. Pues no se espantan de llamarla Madre de Dios (Theotókon)... Y si alguno propone el nombre Madre de Dios (Theotókon) por la humanidad nacida y unida al Dios Verbo, no por considerarla engendradora, decimos que tal vocablo no conviene a la lo que lo dio a luz -porque es necesario que una madre verdadera sea de la misma esencia de aquél que nace de ella- pero podría usarse tal vocablo por la misma consideración, aplicándole a la Virgen esta palabra sólo porque de ella ha nacido el templo del Dios Verbo, no porque ella misma sea la Madre del Verbo. Puesto que nadie engendra a uno más antiguo que él mismo. Supongo que esta es la noticia que te ha llegado. También nosotros te exponemos lo sucedido...»(12).
De modo que cuando escribe a Celestino ya se habían iniciado los primeros problemas en la comunidad constantinopolitana. En una carta a Juan de Antioquía, Nestorio sostendrá que encontró en su sede dos partidos: uno que proclamaba a María como
Theotókos (“engendradora de Dios”) y otra que la llamaba
Anthropotókos (“engendradora del hombre”), entonces para mediar en el diferendo, según Nestorio, propuso el apelativo de
Christotókos (“engendradora de Cristo”)[13].
La predicación de Nestorio y también la de un presbítero llamado Atanasio, hombre de confianza del patriarca de Constantinopla, provocó una fuerte reacción en su contra de parte de algunos fieles (como fue el caso del laico
scholasticus [¿abogado?] Eusebio, futuro obispo de Dorilea) y de una porción del mismo clero(14).
Antes de la intervención de Cirilo en la cuestión, Nestorio intentó justificar su posición escribiendo a Roma, de donde esperaba recibir el apoyo necesario para sostener su acción. Pero la respuesta romana se demoró; la correspondencia del obispo de Constantinopla iba en griego (un error que no cometerá Cirilo) y hacía falta tiempo para traducirla al latín. Además, el asunto doctrinal fue sometido por el archiadiácono León, secretario de Celestino y futuro papa de Roma, al juicio del abad de San Víctor (Marsella): Juan Casiano(15).
La demora, la respuesta de Roma recién se produjo el 10 de agosto del 430, consintió la intervención de Cirilo en el asunto. En efecto, el patriarca de Alejandría tenía constantemente informaciones sobre lo que pasaba en Constantinopla, merced a las noticias que le enviaban sus “observadores”. Seguramente a fines del 428 ya estaba al tanto de los eventos.
Después(16) de analizar ambas posturas -la de Cirilo y la de Nestorio-, el romano pontífice condenó a Nestorio, y le encargó a Cirilo que comunicara la decisión a Nestorio. El patriarca de Alejandría añadió a la condena romana, por su propia cuenta, doce anatemas, consistentes en una serie de proposiciones cristológicas formuladas en términos inaceptables para cualquier antioqueno.
Nestorio entonces recurrió al emperador Teodosio II, quien procedió a convocar un concilio ecuménico en Éfeso, para la primavera del 431.
Aprovechando hábilmente el retraso de los Antioquenos, Cirilo dio comienzo a las sesiones conciliares el 22 de junio del 431. El patriarca de Alejandría deseaba una rápida condena de Nestorio. Los obispos Antioquenos llegaron cuatro días después, y guiados por Juan de Antioquía, que era favorable a Nestorio, condenaron la actuación de Nestorio y lo consideraron excomulgado. Frente a tal situación, el emperador depuso a ambos pastores (Cirilo y Nestorio), y ordenó que fueran encarcelados. Pero Cirilo consiguió escapar y retornó a Alejandría, donde fue recibido triunfalmente (octubre del 431).
Ante los hechos Cirilo consideró que era oportuno no forzar la situación y trató de llegar a una reconciliación con los Antioquenos. Así se pudo llegar al “pacto de unión” del 433. En virtud de él aquellos se separaban de Nestorio y Cirilo desistía de los anatemas.
Los años siguientes los dedicó el obispo de Alejandría a defender y aclarar, contra sus adversarios e incluso delante de aliados no muy convencidos de su forma de proceder, su posición y pensamiento cristológico.
En los años 338-340, favoreció los ataques contra Teodoro de Mopsuestia y Diodoro de Tarso, a quienes se acusaba de ser “precursores de Nestorio”. Sin embargo, movido por la airada protesta de Juan de Antioquía, Cirilo optó por no exacerbar más los ánimos.
Murió el 27 de junio del año 444.
Continuación
(1) SCh 97 (1964), pp. 7-34 (G. M. de Durand); Quasten, op. cit., pp. 121-148; Simonetti, op. cit., pp. 326-332; DSp 2 (1953), cols. 2672-2683 (H. du Manoir); Olivar, op. cit., pp. 145-148; DPAC 1, cols. 691-696.
Ver asimismo la catequesis del papa Benedicto XVI: http://www.mercaba.org/Benedicto%2016/AUDIEN/2007/10-03_san_cirilo_de_alejandría.htm
(2) Según Paladio, Diálogo sobre la vida de Juan Crisóstomo VI,100-102; ed. A.-M. Malingrey - Ph. Leclercq: SCh 341 (1988), pp. 134-137, la hermana de Teófilo habría colaborado en un caso de falso testimonio contra el presbítero Isidoro (acusado de sodomía por el patriarca); ella fue quien entregó, siempre según Paladio, el dinero al testigo falso.
(3) Ver Abad Besa, Vida de Shenute 128-130; trad. italiana de A. Campagnano y T. Orlandi en Vite di monaci copti, Roma, Ed. Città Nuova, 1984, pp. 170-171 (Collana di testi patristici, 41): «Sucedió en una ocasión que nuestros santos padres marcharon al Sínodo, para excomulgar al impío Nestorio y estaba presente mi padre profeta apa Shenute con san Cirilo arzobispo de Alejandría. Y después que entraron en la iglesia, pusieron los sitiales, se sentaron, colocaron un trono en medio de la asamblea y pusieron sobre él el santo tetraevangelio. Después entró Nestorio con gran audacia, desprecio y falta de vergüenza, sacó los cuatro evangelios santos, los colocó en el suelo y se sentó sobre el trono. Mi padre apa Shenute en cuanto vio lo que Nestorio había hecho se abalanzó sobre él con justa ira, y en medio de nuestros santos padres, tomó los evangelios, los levantó del suelo y golpeó en el pecho al impío Nestorio, diciendo: “¿Quieres que el Hijo de Dios se siente en el suelo y tú sobre el trono?”. Respondió el impío Nestorio y le dijo a mi padre apa Shenute: “¿Qué tienes que hacer tú en medio de este Sínodo? Seguramente no eres ni un obispo ni un archimandrita ni un abad, sino que eres un monje”. Respondió nuestro padre y le dijo: “Dios ha querido que yo viniese a este lugar para acusarte de tus delitos y mostrar los engaños de tu impiedad, porque rechazas los sufrimientos del Unigénito Hijo de Dios, que Él aceptó por nosotros para curarnos de nuestros pecados y Él mismo te castigará ahora”. Al instante aquél cayó del trono a tierra y quedó endemoniado en medio del Sínodo de nuestros padres. En seguida se levantó el santo Cirilo tomó la cabeza de nuestro padre apa Shenute, la besó y, utilizando el velo que tenía en el cuello, lo colocó sobre la cabeza de apa Shenute, dándole asimismo su bastón y nombrándolo archimandrita, mientras que todos los participantes en el Sínodo proclamaban: “Digno, digno, digno archimandrita”». El original de esta obra está en copto; la noticia de Besa debe ser tomada con las debidas precauciones.
(4) Localidad ubicada a unos 5 kms. de Calcedonia, sobre el mar de Mármara, que recibía su nombre de una mansión llamada epí dryn o “villa de Rufino” (Rufinianes), prefecto del pretorio del emperador Arcadio.
(5) Ver P. Palazzini (dir.), Dizionario dei concili, t. IV, Roma, Ed. Città Nuova, 1966, pp. 18-19.
(6) Cirilo, Epístola 33; PG 77,159BC.
(7) Para más datos sobre Hipatía, ver E. Zeller - R. Mondolfo, Die Philosophie der Griechen in ihrer geschichtlichen Entwicklung, Leipzig 1923 (trad. italiana, Parte III, vol. VI, sobre el texto de la quinta ed. alemana, Firenze, Ed. “La Nuova Italia”, 1961, pp. 80-82 [Il pensiero storico, 47]).
(8) G. M. de Durand, SCh 97, p. 11.
(9) Todavía el historiador Sócrates menciona, en su Historia Eclesiástica VII,14 (PG 67,765-768), un intento, por parte de Cirilo, de introducir la veneración, como mártir, de un tal Ammonius; éste, según parece, no era sino un perturbador del orden público, que fue torturado hasta la muerte por un atentado contra el prefecto Oreste (ver SCh 97, p. 12, nota 1).
(10) Seguimos principalmente a C. I. González, El desarrollo dogmatico en los concilios cristológicos, Bogotá, Eds. CELAM, 1991, pp. 121 ss (Colección Autores, 3); y P. Th. Camelot, Éphèse et Chalcédoine, Paris, Eds. de l’Orante, 1962, pp. 25 ss (Histoire des Conciles Oecuméniques, 2) [hay trad. castellana]; A. Grillmeier, Gesù il Cristo nella fede della Chiesa. Dall'età apostolica al concilio di Calcedonia (451), vol. I, t. II, Brescia, Ed. Paideia, 1982, pp. 817 ss (con amplia bibliografía); hay traducción castellana.
(11) Así, el historiador Sócrates, contemporáneo de Nestorio, dice de éste que estaba dotado “de facundia”, que poseía “facilidad de expresión”, tenía una hermosa voz, hablaba bien y se lo juzgaba asimismo capaz de interpretar las Escrituras (HE VII,29 y 32; PG 67,804.809). Sócrates terminó su HE después del 439.
(12) Carta I a Celestio; ACO I,2, pp. 12-14; trad. en González, op. cit., pp. 529-530.
(13) Carta a Juan de Antioquía; ACO I,4, pp. 4-6; citada por González, op. cit., p. 124, nota 28.
(14) Sócrates nos informa que el tal Atanasio, «a quien (Nestorio) tenía en grande honor, y cuyo consejo seguía en el gobierno..., enseñando un día en la iglesia dijo estas palabras: “Nadie llame a María Madre de Dios. María era un ser humano, y de un ser humano Dios no puede nacer”... Nestorio se decidió a sostener lo dicho por Atanasio... y prohibió para siempre el título de Madre de Dios en su Iglesia»; HE VII,32,808s. Es de imaginar el escándalo que este proceder habrá provocado.
(15) Sobre la muy poco feliz intervención de Casiano, ver Grillmeier, op. cit., pp. 852 ss.
(16) Para lo que sigue, cf. DPAC 1,691-696.