La resurrección de Lázaro (Jn 11,43-45)
Codex Purpureus
Siglo VI
Museo Diocesano de Rossano, Italia
Teodoro de Mopsuestia (+ 428)[1]
Nació en Antioquia en torno al año 350, en el seno de una familia de acomodada. Al igual que el Crisóstomo, quien luego fue su amigo, estudió en la escuela de Libanio, rétor pagano pero que mantenía buenas relaciones con los cristianos (por ejemplo con Basilio de Cesarea).
Entró, influenciado por Juan Crisóstomo, en el
Asketerion dirigido por Diodoro. Bajo su dirección se practicaban la ascesis, la oración y el estudio, especialmente del texto bíblico. Fue en este ámbito que se prepararon los grandes exegetas y teólogos de la así llamada “Escuela antioquena”.
Pero luego de unos meses de llevar esta vida, Teodoro decidió abandonarla para contraer matrimonio y seguir la carrera de abogacía. Dos exhortaciones vibrantes de su amigo Juan (“A Teodoro caído” [
Ad Theodorum lapsum]; PG 47,227-316; SCh 117), terminaron por hacerle desistir de su propósito y retornar a la vida ascética.
A partir de ese momento se dedicó especialmente al estudio de la Escritura; comenzando contemporáneamente una febril actividad pastoral y literaria, que mantuvo hasta el fin de sus días y cuya copiosa obra es el fruto visible de su dedicación.
En el año 383, fue ordenado sacerdote por Flaviano de Antioquía. Y en 386, lo encontramos junto a Diodoro en Tarso, ciudad de la que éste había sido nombrado obispo.
En el año 392 fue elegido obispo de Mopsuestia, ciudad ubicada en las cercanías de Tarso. Desarrollando una ingente tarea pastoral, asistiendo a los concilios, discutiendo con los herejes. Una carta de Ibas de Edesa nos informa que Teodoro “convirtió a la verdad su propia ciudad e instruyó con su enseñanza a las Iglesias lejanas”.
La destitución de su amigo Juan Crisóstomo, en 404, lo afectó profundamente.
Juliano de Eclana y algunos otros obispos pelagianos, anatematizados en Occidente, buscaron refugio junto a Teodoro en el año 418. Éste, luego de algunas dudas, justificadas por la diferente mirada sobre la cuestión entre los Orientales, acabó por condenarlos en un sínodo provincial celebrado en Cilicia.
Teodoro murió con fama de santidad y sabiduría en 428. En vida nunca fue objeto de reproches o ataques en el terreno doctrinal. Sin embargo, luego de su muerte la polémica nestoriana destruirá esta reputación. Fue Cirilo de Alejandría quien inició una campaña en contra del fallecido obispo de Mopsuestia, considerándolo el fundamento sobre quien se apoyaban sus adversarios. Los juicios que expresó fueron duros, a pesar de que en su lecho de muerte (junio 444) se declaró abiertamente en contra de una condena oficial.
En el concilio de Calcedonia (451) Teodoro no fue objeto de ningún ataque ni condena. Pero en el concilio celebrado en Constantinopla en 553, fue condenada su persona y su obra (125 años después de muerte).
“¿Las razones de esta condenación conciliar eran válidas? La desaparición casi total de los escritos de Teodoro tuvo como consecuencia que no fueran conocidos sino sólo por fragmentos, a menudo interpretados de forma hostil. El descubrimiento, en el siglo pasado, de fragmentos más extensos e incluso de tratados completos, proyectó una nueva luz sobre su obra. Si se admite que en su tiempo el dogma cristológico estaba todavía en plena elaboración, las acusaciones de nestorianismo y pelagianismo que pesan sobre él deben ser consideradas al menos como problemáticas. Cada vez más se impone de nuevo el renombre del que gozaba entre sus contemporáneos, aunque el debate no esté totalmente resuelto” (DSp 15, col. 386).
ObrasTeodoro es seguramente uno de los representantes más eminentes de la escuela antioquena. Su obra, originalmente redactada en griego, lo coloca entre los escritores fecundos del período patrístico. Desgraciadamente gran parte de esa producción se ha perdido. La condenación y la persecución desatada contra él fueron la causa de la desaparición de muchos de los manuscritos que contenían sus obras, y ello aconteció tanto en Occidente como en Oriente. Además, muchos de los fragmentos que nos han llegado fueron conservados por autores hostiles a Teodoro, sólo en raras ocasiones por quienes le eran favorables.
A pesar de esto, la influencia de Teodoro en las Iglesias sirias resultó considerable: se le consideraba un intérprete autorizado de las Escrituras; y fue en Edesa donde se tradujo buena parte de sus obras al siríaco.
En la actualidad se poseen las siguientes obras:
“Comentario a los doce profetas menores”: conservado íntegramente en griego (PG 66,123-662);
“Comentario a los Salmos”: texto original completo de los salmos 32-60, fragmentos extensos de los salmos 61-72 (“Studi e Testi” 93, Vaticano 1939).
“Comentario al evangelio de san Juan”: fue encontrada la versión siríaca, y publicada con una traducción al latín, en la colección “Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium”, 115-116 (Paris 1940).
“Comentario a la epístolas paulinas” (desde Gálatas a Filemón): se conserva solamente la última parte (edición de H. B. Swete, Cambridge 21969).
“Contra los Macedonianos”: casi un tratado sobre el Espíritu Santo, conservado en siríaco (“Patrologia Orientalis” 9, Paris 1913, pp. 637-667).
“Homilías sobre la fe y los sacramentos”: se conservan en siríaco (“Studi e Testi” 145, Vaticano 1945).
A esta lista se deben añadir algunas otras obras conocidas sólo por fragmentos.
Continuación