Monasterio Santa María de Los Toldos

INICIACIÓN A LA LECTURA DE LAS OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (35)

Marcos evangelista escribiendo su evangelio
(La mujer a su lado representa
la Sabiduría divina)

Codex Purpureus
Siglo VI
Museo Diocesano de Rossano, Italia

Cirilo de Jerusalén (+ 387)[1]

Cirilo probablemente nació en la misma ciudad de Jerusalén o en sus alrededores. La fecha de su nacimiento suele ubicarse en torno a los años 313-315.

Según parece tenía una hermana y un sobrino: Gelasio, quien fuera obispo de Cesarea (a partir del 366). Es posible que Cirilo haya vivido como monje o asceta (ver la Catequesis 12,33-34), si bien tal vez no habitando en un monasterio ni en el desierto.

“Debió cursar los estudios de gramática y retórica. Conoce la mitología pagana (Catequesis 4,6; 6,10-11; 12,27), la física (Catequesis 6,3; 16,22), la anatomía (Catequesis 4,22; 9,15). De la tradición eclesiástica cita a Clemente Romano (Catequesis 18,8) y a Ireneo de Lyón (Catequesis 16,6). Su conocimiento de la Escritura es tal que sus escritos se convierten en un entramado de citas bíblicas. Conoce los libros de los herejes (Catequesis 6,34) y los refuta (Protocatequesis 10; Catequesis 3,13; 6,12-13; 11,17; 12,27. 37; 14,15-16; 15,26-27; 16,5; 18,1-4. 10-11). Denuncia la situación de divisiones existentes entre los eclesiásticos de la época (Catequesis 15,7. 9; 17,33)”[2].

Aunque hipotéticamente, es posible pensar que la ordenación de diácono la recibió entre 334-335, de manos del obispo Macario; y en el año 343, Máximo, sucesor de aquél en la sede de Jerusalén, le habría ordenado presbítero.

Cirilo fue elegido obispo de Jerusalén entre 348-351, en el undécimo año del emperador Constancio (337-361), sucediendo a Máximo (+ 349). Su elección y ascensión al episcopado no estuvieron exentas de sospechas. Sobre todo a causa de la intervención de Acacio de Cesarea en su favor, quien pertenecía al partido “arrianizante”. Seguramente en el momento de recibir el episcopado Cirilo no era un niceno ferviente. Pero bien pronto las relaciones entre ambos obispos se rompieron.

En efecto, después de un auspicioso inicio de su ministerio, se vio forzado a abandonar varias veces su sede episcopal para marchar al destierro. La primera vez fue en el año 357 (o 358?), cuando un concilio reunido por el obispo Acacio, y compuesto por arrianos, lo privó de su sede enviándole al destierro, primero a Antioquía y luego a Tarso. Seguramente en esta ciudad entró en contacto con el partido “homeusiano”. Quienes formaban parte de este grupo, entre otros Basilio de Ancira, aceptaban que el Hijo es semejante al Padre en sustancia (“homoiousios”). Si bien no adherían todavía al “consustancial” niceno, porque les parecía favorecer las tendencias sabelianas, admitían sin dificultad que el Hijo es verdaderamente Dios, como el Padre.

En el año 359, Cirilo fue rehabilitado, pero no pudo volver a su sede, ya que en el sínodo de Constantinopla de 360, Acacio lo depuso nuevamente.

El edicto de tolerancia del emperador Juliano el Apóstata (+ 363) le permitió a Cirilo retornar a su sede (362?). Pero en 367, lo desterró el emperador Valente, y esta vez su alejamiento se prolongó por unos once años, regresando a Jerusalén recién en el año 378/379. Durante este lapso su Iglesia quedó en manos de los arrianos.

Después del retorno de su último destierro Cirilo participó en el Segundo Concilio Ecuménico, en Constantinopla (381), siendo reconocido solemnemente como obispo legítimo y suscribiendo a la fórmula de fe proclamada en esa ocasión.

Murió en Jerusalén en 386-387. Tanto la Iglesia de Oriente como la de Occidente celebran su fiesta el 18 de marzo.

Obras

Las Catequesis(3) de san Cirilo “son uno de los tesoros más preciosos de la antigüedad cristiana” (J. Quasten). Los especialistas las colocan entre los años 347/348 (cuando Cirilo todavía era presbítero) y 350 (inicios de su episcopado).

Es significativo el hecho de que en ellas Cirilo enseña, sin usar el vocablo consustancial, que el Hijo y el Padre son semejantes en todo, y que por ende ambos deben ser confesados y adorados como Dios.

El contenido de las Catequesis es el siguiente:

“Protocatequesis”: sobre el valor y la importancia del sacramento del bautismo;

18 “Catequesis” (= Cat.) dirigidas “ad illuminandos”, es decir a quienes iban a recibir el bautismo; en este grupo las cinco primeras tienen un carácter más bien genérico, y las siguientes desarrollan sucesivamente los principales artículos del Credo jerosolimitano:

Cat. 1: síntesis de la ya expuesto en la “Protocatequesis”;
Cat. 2: sobre el pecado y la penitencia;
Cat. 3: significado e importancia del bautismo;
Cat. 4: resumen de las principales creencias cristianas;
Cat. 5: sobre la fe;
Cat. 6: Creo en un solo Dios;
Cat. 7: Dios Padre;
Cat. 8: Todopoderoso;
Cat. 9: Creador de cielo y tierra;
Cat. 10: “En un solo Señor, Jesucristo”;
Cat. 11: “Hijo Único de Dios, Dios verdadero nacido del Padre antes de todos los siglos, creador de todas las cosas”;
Cat. 12: el cual se encarnó;
Cat. 13: padeció, murió y fue sepultado;
Cat. 14: resucitó al tercer día;
Cat. 15: el retorno de Cristo;
Cat. 16: creo en el Espíritu Santo (I);
Cat. 17: creo en el Espíritu Santo (II);
Cat. 18: sobre la fe en la Iglesia, la resurrección de los muertos y la vida eterna.

5 “Catequesis” mistagógicas (= Mist., sobre la iniciación a los misterios), dirigidas a los “neófitos”, es decir a quienes habían recibido el bautismo en la noche de la Vigilia pascual; y que fueron pronunciadas en la “Anástasis” (el Santo Sepulcro):

Mist. 1: renuncia y profesión de fe bautismal;
Mist. 2: el misterio del bautismo;
Mist. 3: la crismación (o confirmación);
Mist. 4: el Cuerpo y la Sangre de Cristo;
Mist. 5: la celebración de la Eucaristía.

Se le atribuyen también a Cirilo una homilía, pronunciada probablemente cuando todavía no era sacerdote, sobre la curación del paralítico en la piscina (Jn 5,12-16); y una carta al emperador Constancio, en la que narra una aparición de una cruz luminosa en Jerusalén, al inicio del episcopado; invitándole a leer el Evangelio (Mt 24,30) y hacer las reflexiones convenientes.

Continuación

[1] Ver: San Cirilo de Jerusalén. Catequesis, Buenos Aires, Eds. Paulinas, 1985, pp. 5 ss. (Col. Orígenes cristianos, 2). SCh 126 (1966), pp. 9 ss. BPa 11 (1990), pp. 7 ss.; DSp 2 (1953), cols. 2683 ss. Cfr. asimismo la catequesis del papa Benedicto XVI: http://www.mercaba.org/Benedicto%2016/AUDIEN/2007/06-27_san_cirilo_de_jerusalen.htm
(2) BPa 11, p. 9.
(3) Trad. castellana en: San Cirilo de Jerusalén. Catequesis, Buenos Aires, Eds. Paulinas, 1985, (Col. Orígenes cristianos, 2).

Publicado el 27/07/2008