Cristo delante de Pilatos (Mt 27,2-5)
Codex Purpureus
Siglo VI
Museo Diocesano de Rossano, Italia
Gregorio de Nisa (+ hacia 394) [segunda parte]Primera lecturaa) De la
Vida de Moisés305. «No nos vamos a alargar presentando al lector toda la vida de Moisés, ejemplo de virtud. Para quien se esfuerce por elevarse a una vida superior, lo dicho no será mediocre ayuda para alcanzar la sabiduría verdadera. En cambio, para quien sea insensible a los esfuerzos por la virtud, aun cuando yo escribiera mucho mejor de lo que he hecho, de nada le serviría lo que yo pueda añadir.
306. Sin embargo, teniendo en cuenta lo que dijimos al principio estableciendo que la vida perfecta se define por un tener límite en el progreso de la perfección; y que el crecimiento continuo de la vida hacia lo mejor es el camino para el alma hacia la perfección, será bueno ahora confirmar la definición dada de la perfección, cuando llegamos al término de nuestra exposición sobre la vida de Moisés.
307. Aquel que se ha elevado por tantas ascensiones a lo largo de su vida, no ha dejado de superarse siempre a si mismo. A mi juicio, en todas las cosas su vida, -como la del águila, parece un vuelo por encima de las nubes-, hundiéndose en el cielo de la ascensión espiritual.
308. Cuando él nació, era para los egipcios ofensa el nacimiento de un hebreo. El tirano castigaba a todo niño, pero Moisés se libró de la ley homicida gracias a sus padres y también por los mismos autores de la ley. Los que habían intentado su muerte por la ley, le procuraron vida y educación honorable, haciendo que el niño se instruyese en toda ciencia.
309. Luego, él se levantó por encima del honor humano y de la dignidad real considerando que la práctica de la virtud y el adorno de su belleza era más fuerte y regio que pertenecer a la pomposa guardia del palacio real.
310. Pronto salvó a su compatriota dando muerte al egipcio. Nuestra exégesis espiritual ve en esto al enemigo del alma y a su amigo. Después hizo del reposo su maestro en la ciencia de las cosas de arriba y por ella ilumina su espíritu con la luz que brilla en la zarza. Y se apresura a comunicar a sus hermanos los bienes recibidos de lo alto.
311. En esta ocasión manifestó de dos maneras su poder: rechazando a sus enemigos por las múltiples plagas que se sucedieron, y ayudando a sus hermanos. Hace que su pueblo pase el mar a pie, sin tener que procurarse una flota de barcos. Le sirve de navío para la travesía la firmeza cíe su fe que hizo del abismo tierra firme para los hebreos y de la tierra firme un mar para los egipcios.
312. Entona el cántico de victoria. Lo guía la columna de fuego en la noche. Se prepara una mesa con el alimento de lo alto. Se sacia con el agua de la roca. Se acerca a la montaña v entra en la tiniebla. Oye las trompetas. Se acerca a la divinidad. Lo rodea el tabernáculo de lo alto. Adorna el sacerdocio construye el tabernáculo, ordena la vida con leyes y triunfa de sus últimos enemigos como queda dicho.
313. Concluye sus hazañas haciendo castigar por medio del sacerdocio la impureza, pues ese era el significado de la cólera de Finés contra la pasión. Después de todo eso se acerca a la montaña de la paz sin pisar la tierra de abajo donde el pueblo le espera acordándose de la promesa. No gusta más de la comida terrena el que acude con presteza a lo que cae de lo alto. En la cima del monte, como un hábil escultor, acaba cuidadosamente la estatua de la propia vida. Concluye su obra no poniendo en ello un término sino un coronamiento.
314. ¿Qué dice la historia a este respecto? Que “Moisés, servidor de Dios, murió según lo dispuesto por Dios” y que “nadie sabe dónde está su sepulcro”. Que sus ojos “no se debilitaron ni desmejoró su aspecto” (Dt 34,5). Comprendemos por eso que habiendo pasado por tantos trabajos ha sido juzgado digno de ser llamado con el nombre sublime de “servidor de Dios” (Nm 12,7; Hb 3,15) lo cual equivale a decir que ha sido el mejor de todos. Nadie podría haber servido a Dios sin estar elevado por encima de todas las cosas de este mundo. Así entiende Moisés la vida virtuosa, llevada a perfección por obra de Dios. La historia la llama «muerte viviente», sin entierro ni sepultura. En tal muerte ni los ojos quedan ciegos ni el rostro desfigurado.
315. ¿Qué podemos aprender de esto? Aspirar sólo a esta meta en la vida: que nos llamen servidores de Dios por nuestra obra. Triunfar de los enemigos: el egipcio, el amalecita, el idumeo, el madianita. Atravesar las aguas, ser iluminados por la nube, endulzar las aguas con el madero, beber de la roca, comer el alimento que viene de lo alto, trazarse un camino hacia la cumbre del monte. Llegados a la cima, ser instruidos en el misterio de Dios por el sonido de las trompetas, acercarse a Dios por la fe en la tiniebla impenetrable y conocer allí los misterios del tabernáculo y de la dignidad del sacerdocio.
316. Cuando hayas tallado tu propio corazón y hecho grabar en él por Dios mismo los oráculos divinos; cuando hayas destruido el ídolo de oro, es decir, cuando hayas borrado de tu vida el deseo de enriquecerte; cuando te hayas elevado tan alto que no te pueda vencer ni la magia de Balaam (entiendo por magia la ilusión volátil de esa vida, por la cual los hombres como si hubiesen tomado una bebida embriagante en copa de circo pierden la propia naturaleza y se convierten en animales); cuando hayas pasado por todo eso y el ramo del sacerdocio haya germinado en ti sin que necesite rocío terreno para germinar, tendrás capacidad para producir fruto por ti mismo: fruto de almendra que a primera vista parece áspera y ruda pero cuyo fruto interior es dulce y comestible; cuando hayas aniquilado lo que se levanta contra tu dignidad para tragarte como a Datán o consumirte por el fuego como a Coré, entonces casi habrás llegado al término.
317. Entiendo por término aquello a lo cual se orientan nuestros actos, la motivación de nuestras obras. Por ejemplo: se cultiva la tierra para gustar sus frutos; se construye una casa para habitarla; el comerciante aspira a enriquecerse; término de las fatigas del estadio es ganar el premio. Asimismo, el término de la vida espiritual es merecer que nos llamen servidores de Dios. Y por consiguiente, “no ser enterrado en la tumba” quiere decir vida desnuda y despojada de todo impedimento pernicioso.
318. La Escritura da otra característica de este servicio a Dios cuando dice que “su ojo no se debilitó y su aspecto no desmejoró”. ¿Cómo realmente el ojo que está completamente en la luz va a ser velado por la oscuridad a la cual es ajeno? Y ¿cómo puede haber corrupción en aquel que haya llevado a cabo obras de incorruptibilidad durante toda su vida? El que realmente haya llegado a ser imagen de Dios y no se separe nada de él reproduce en silos trazos divinos y presenta toda una semejanza perfecta a su arquetipo. Tiene el alma embellecida por la incorruptibilidad, la inalterabilidad y la inmunidad de todo mal».
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