Banquete eucarístico
Primera mitad del
siglo III
Catacumba de San
Calixto
(capilla de los
Sacramentos, pared del fondo)
Roma
«Orígenes es fuera de toda duda uno de
los más grandes genios de la humanidad, uno de los hombres que habiendo dejando
su sello en la historia, “permanece invisiblemente omnipresente” (H. U. von
Balthasar)»[2].
La
vida de Orígenes la conocemos principalmente gracias al panegírico - biografía
que escribió Eusebio de Cesarea (+339/340), en su Historia Eclesiástica
(=HE libro VI,1-39).
Para escribir sobre el maestro
alejandrino, Eusebio dice que utilizó sus cartas y relatos de testigos oculares
“que han sobrevivido hasta nuestros días” (HE VI,2,1). Lamentablemente de toda
la correspondencia de Orígenes sólo queda algún que otro fragmento aislado,
aunque Eusebio afirma haber conocido más de cien epístolas (HE VI,36,3).
El
valor que debe darse a los datos consignados por Eusebio de Cesarea es
igualmente objeto de controversia entre los especialistas. Por ende, es
imprescindible leer el “panegírico biográfico” que nos ha legado con extrema
cautela, o al menos con el necesario discernimiento[3].
Las dificultades para conocer la vida, obra y
pensamiento de Orígenes. La polémica en torno a su “ortodoxia”
Esas
“dificultades”, en una gran medida, son una consecuencia lógica, por así
decirlo, de las sospechas que cayeron sobre Orígenes a partir de su
condena en el año 555.
«El
teólogo especulativo sobre todo ha provocado dificultades a la posteridad por
las siguientes razones:
De todos los “errores” que se le
reprochan al Alejandrino uno solo es claramente demostrable y no puede ser
considerado como una herejía, pues la Iglesia de entonces sobre ese punto todavía
no tenía una opinión firme: se trata de la hipótesis de la preexistencia de
las almas, que habrían sido creadas todas juntas, vestidas de cuerpos etéreos
y que una falta original, el alejamiento de la contemplación divina, las habría
dividido en ángeles, en hombres, colocados en cuerpos terrestres como en un
instrumento de redención, y en demonios. Esta hipótesis de origen platonizante
le daba a Orígenes una respuesta, ciertamente demasiado fácil, a las doctrinas
de los Marcionitas y Valentinianos: le permitía además escapar a las graves
dificultades presentadas por la soluciones que entonces daban los cristianos al
problema del origen de las almas.
El subordinacionismo de Orígenes, subordinando al Padre el
Hijo y el Espíritu Santo, no es heteredoxo, porque no concierne a la identidad
de naturaleza ni a la igualdad de poder: el Padre es el primero porque es el
Padre y porque en la “economía”, es decir en la actividad de la Trinidad hacia
afuera, tiene la iniciativa y envía en misión al Hijo y al Espíritu. A la
inversa de los Arrianos, Orígenes afirma claramente que el Hijo es engendrado
desde toda la eternidad: “No hay momento en que Él no existiese”, escribe por
tres veces, y uno de esos textos es citado en griego por Atanasio. Si se tienen
en cuenta todos los textos de Orígenes no se puede decir que su famosa
“apocatastasis”, es decir la restauración de todos los seres al fin de los
tiempos conforme a 1 Co 15,23-25, sea heterodoxa, puesto que no es panteísta,
y sobre el retorno a la gracia de los demonios y de los condenados los textos
son divergentes.
Si se analizan los factores que prepararon la conversión del Imperio romano al cristianismo en la persona de Constantino, en los primeros decenios del siglo IV, la tarea de evangelizar la “intelligenzia” inaugurada por Clemente de Alejandría y ejecutada por Orígenes a gran escala tuvo ciertamente un rol determinante. El desprecio de Celso por la pobreza intelectual del cristianismo, ya no se podía sostener después de la obra de Orígenes; y si Porfirio toma el relevo de Celso en la segunda mitad del siglo III, ya no le es posible ver en el cristianismo una religión de ignorantes»[4].
[2] Connaissance des Pères de l’Église, nº 3 (1982), p. 6.
[3] H. CROUZEL, Origène, Paris-Namur 1985, pp. 17ss. se inclina hacia una posición “optimista” ante el texto de Eusebio. Una posición bastante diversa, más bien negativa, en lo que se refiere a las fuentes, sobre la vida de Orígenes puede verse en P. NAUTIN, Origène: Sa vie et son oeuvre, Paris 1977.
[4] H. CROUZEL, en Connaissance des Pères de l’Église, nº 3 (1982), p. 9.
Publicado el 12/03/2008