Monasterio Santa María de Los Toldos

OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (62)

Ascensión de Cristo
Entre 1410-1431
Lorenzo Monaco y
colaboradores
Getty Museum
Los Angeles, California
USA

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, PROTRÉPTICO (EXHORTACIÓN) A LOS GRIEGOS (continuación)

Capítulo II. Comienzo de la primera parte (capítulos II al VII): los cultos y los misterios paganos

Crítica de los oráculos y de los nigromantes paganos

11.1. No se ocupen en templos impíos, ni en aberturas abismales llenas de historias inverosímiles, o en las calderas de Tesprotia, en el trípode de Cirra o en el bronce de Dodona; abandonen el añoso tronco de árbol honrado por las arenas desérticas, y el oráculo consumido allí mismo en aquella encina con los envejecidos mitos. Al menos ha enmudecido la fuente de Castalia y la de Colofón, y los restantes arroyos de adivinos han muerto igualmente y se ha demostrado, tarde ciertamente, que estaban llenos de humo, desapareciendo igualmente con los propios mitos.

11.2. Descríbenos también los oráculos no respondidos de la otra adivinación, más bien locura: el de Claros, Delfos, Dídima, Anfiarao, Apolo y Anfíloco, y examina juntamente con ellos, si quieres, a los que observan los prodigios, el vuelo de las aves y a los intérpretes de los sueños, y coloca al mismo tiempo junto al templo de Delfos a los adivinos que se sirven de harina y de cebada para sus vaticinios y a los ventrílocuos, estimados aún por la mayoría (cf. Lv 19,31; 20,6; 1 S 28,7; Is 8,19). Sí, ciertamente; vayan a parar a la tiniebla los santuarios de los egipcios y los lugares de magia negra de los tirrenos.

11.3. Estas locuras son en verdad sutilezas capciosas de hombres incrédulos y casas de juego de un engaño absoluto; compañeros de tal magia son las cabras amaestradas en la adivinanza, y los cuervos adiestrados por hombres para vaticinar respecto de [otros] hombres.

Aberraciones de los misterios paganos

12.1. ¿Y qué, si te enumero los misterios? No parodiaré ciertamente, como dicen de Alcibíades, pero desnudaré muy bien, según la palabra de la verdad, la magia escondida en ellos y a los llamados por sus dioses, cuyas ceremonias místicas haré dar vueltas como en el escenario de la vida para los espectadores de la verdad.

12.2. Unas bacantes celebran orgías al furioso Dioniso (o: Dionisio), realizando el delirio sagrado de comer carne cruda, y distribuyen la carne ritual de las víctimas coronadas con las serpientes, gritando “Eván”, aquella Eva a la que siguió de cerca el error; también es símbolo de las orgías báquicas una serpiente consagrada. Ahora, al menos según la pronunciación exacta de los hebreos, el nombre de Evia, con vocal aspirada, significa una serpiente hembra. Deo y Cora se convirtieron ya en un drama teatral místico y Eleusis celebra con antorchas el error, el rapto y el infortunio de ellas.

Las orgías y los misterios entre los pueblos paganos. Su carácter profundamente dañino

13.1. Me parece que también es necesario dar una etimología a las orgías y los misterios; unas porque provienen de la cólera surgida de Deo contra Zeus, los otros del crimen que sobrevino alrededor de Dioniso; pero si [deriva] de un tal Miunte del Ática, que dice Apolodoro que murió en una cacería, no hay que rechazarlo: sus misterios se parecen a una honra fúnebre.

13.2. También es posible además que consideres los misterios [como] tradiciones, al ser semejantes las letras, porque, entre todos, también son éstos los mitos que cautivan a los tracios más bárbaros, a los frigios más insensatos y a los griegos más supersticiosos.

13.3. Perezca, entonces, el iniciador de esta artimaña en los hombres, ya sea Dárdano, el que manifestó los misterios de la Madre de los dioses, o Etión, el que estableció las orgías y las ceremonias de iniciación de los habitantes de Samotracia, o aquel Midas el frigio, quien aprendió junto al odrisio, y después transmitió un ingenioso engaño a los que le estaban subordinados.

13.4. Ciertamente no me seducirá nunca el isleño chipriota Ciniras, quien trasladó de la noche al día las orgías lascivas de Afrodita, porque quería divinizar a una conciudadana prostituta.

13.5. Otros afirman que Melampo, el hijo de Amitaón, trasladó desde Egipto a Grecia las fiestas de Deo: un duelo cantado con himnos. Yo diría que éstos fueron el principio del mal, los padres de mitos impíos y de una funesta superstición, porque sembraron en la vida los misterios como semillas del mal y de la corrupción.

Desenmascaramiento de los misterios y de los relatos paganos

14.1. Pero en este instante, puesto que es el momento oportuno, demostraré que sus mismas orgías están llenas de engaño y de relatos inverosímiles. Y, si están iniciados en los misterios, se reirán sobre todo ahora de esos sus venerados mitos. Proclamaré abiertamente las cosas secretas, sin avergonzarme de decir lo que ustedes no se avergüenzan de dar culto.

14.2. Ciertamente, la nacida de la espuma del mar y en Chipre (Hesíodo, Theogonía, 196. 199), la amante de Ciniras (me refiero a Afrodita, la enamorada de los genitales masculinos, porque nació de ellos, de aquellos amputados de Urano, lascivos, que después de la amputación cayeron en el mar encrespado [Hesíodo, Theogonía, 188-200]), puesto que Afrodita se ha convertido para ustedes en un digno fruto de las partes impúdicas, y en los ritos de esta diosa marina de la voluptuosidad, como indicio del parto, también a los que se inician en el arte de la fornicación se les entrega un grano de sal y un falo; los iniciados le ofrecen una moneda, como los amantes a una concubina.

Los misterios paganos son una burla

15.1. Los misterios de Deo son también las uniones amorosas de Zeus con la madre Deméter (no sé cómo debo llamarla en adelante, si madre o esposa) y el enojo de Deo, debido al cual se dice que se dio el nombre de Brimó; también existen las súplicas de Zeus, el brebaje de hiel, la extracción del corazón y acciones abominables. Estas cosas consuman los frigios a Atis, Cibeles y los coribantes.

15.2. Ellos han divulgado que Zeus, arrancando los testículos de un carnero, como por casualidad los tomó y los arrojó en medio de los senos de Deo, pagando un falso castigo de una forzada relación sexual, como si él mismo se hubiera mutilado.

15.3. Presentados con detalle los símbolos de esta iniciación, sé que moverán a risa, incluso a ustedes que no se reirían por motivos de convicción. “Comí gracias al tímpano y bebí gracias al timbal; llevé los vasos sagrados; penetré en el interior de la cámara nupcial” (Escolio sobre Platón, Gorgias, 497c, bis). ¿Estas cosas no son símbolos de afrenta? ¿No son una burla los misterios?

Impotencia de los dioses paganos

16.1. ¿Y si añadiera lo que queda? En verdad Deméter queda encinta y Cora es alimentada, y de nuevo el mismo Zeus, el que la engendró, se revuelca con Perséfone, su propia hija, después de [hacerlo con] su madre Deo, y olvidado del primer crimen -Zeus fue padre y seductor de una virgen- se unió a ella convertido en serpiente, demostrando él lo que era en realidad.

16.2. Al menos un símbolo de los misterios de las sabacias para los iniciados es el dios a través del seno. Este mismo es una serpiente que se arrastra por el seno de los iniciados, demostración de la impotencia de Zeus.

16.3. También Perséfone da a luz un hijo con forma de toro. Tranquilízate, lo afirma un poeta idólatra: “El toro es padre de la serpiente, y del toro la serpiente, en el monte, boyero, está el aguijón oculto” (¿Rintón de Siracusa?), llamando -pienso yo- aguijón del boyero a la férula con que se coronan los sacerdotes de Baco.

Misterios inhumanos

17.1. ¿Quieres también que te describa la recogida de flores de Perséfone, la canastilla, el rapto por Hades, el resquebrajamiento de la tierra, los cerdos de Eubuleo, que fueron tragados junto con las dos diosas y por esta causa los que actúan como los megarenses arrojan cochinillos en las Tesmoforias? Esta exposición mitológica la festejan las mujeres de forma diversa según la ciudad: son las Tesmoforias, Esciroforias y Arretoforias, que dramatizan de forma diferente el rapto de Perséfone.

17.2. Los misterios de Dioniso son del todo inhumanos. Cuando [Dioniso] aún era un niño, mientras los Curetes bailaban a su alrededor una danza guerrera, se introdujeron con disimulo los Titanes, que lo engañaron con juguetes infantiles y los mismos Titanes lo descuartizaron, a pesar de que era un niñito, como dice el poeta de esta ceremonia religiosa, el tracio Orfeo: “Un trompo, una rueda y unos juguetes articulados, y unas bellas manzanas de oro de las sonoras Hespérides” (Fragmentos Órficos, 34).

El mito dionisíaco

18.1. Para censurarlos, no es inútil presentarles los inútiles símbolos de esta iniciación: una taba, una pelota, un trompo, unas manzanas, un tamboril, un espejo y un vellón de lana. Ciertamente, Atenea, sustrayendo el corazón de Dioniso, fue denominada Palas por el palpitar del corazón. Pero los Titanes, que también lo habían destrozado, colocando una especie de caldero sobre un trípode y arrojando los miembros de Dioniso, inicialmente los colgaron; después, atravesándolos con pequeñas lanzas, los pusieron encima de Hefesto (Homero, Ilíada, II,426).

18.2. Apareciendo luego Zeus (como era dios, al instante recibe allí mismo el olor de la grasa de la carne que estaba cociéndose, cuyo [olor] sus dioses confiesan obtener como homenaje), hiere a los Titanes con un rayo y confía a su hijo Apolo enterrar los miembros de Dioniso. Éste no desobedeció a Zeus y llevándolo hasta el Parnaso deposita el cadáver destrozado.

Los mitos y las aberraciones de los adoradores de la diosa Cibeles (los coribantes)

19.1. Si quieres puedes inspeccionar también las orgías de los coribantes, quienes al matar al tercer hermano, cubrieron ellos mismos la cabeza del muerto con una tela color púrpura, le pusieron una corona y lo enterraron, llevándolo sobre un escudo de bronce al pie del Olimpo. Éstos son los misterios: muertes y enterramientos, por decirlo brevemente.

19.2. Los sacerdotes mismos de estos [misterios], a los cuales llaman jefes de los coribantes los que quieren darles un nombre, añaden prodigios al acontecimiento, al prohibir colocar sobre la mesa perejil con raíz; en efecto, piensan que el perejil ha nacido de la sangre que brota del coribante.

19.3. Ciertamente como las que celebran las fiestas Tesmoforias también procuran no comer las semillas de la granada; en efecto, piensan que de las gotas de sangre de Dioniso caídas en tierra surgieron las granadas.

19.4. Los que llaman cabiros a los coribantes también denuncian la iniciación cabírica; pues esos dos fratricidas recogieron la canastilla en la que se encontraban las partes pudendas de Dioniso y las condujeron hacia Tirrenia, traficantes de una gloriosa mercancía. Allí permanecieron, pues eran fugitivos, y recomendaron a los tirrenos la muy honrada enseñanza de piedad: tributar honores divinos a unas partes pudendas y a una canastilla. Por esta causa, no sin razón, algunos quieren denominar Atis a Dioniso, porque estaba privado de las partes pudendas.

Los misterios escondidos de los atenienses

20.1. Y ¿qué tiene de asombroso el que los tirrenos bárbaros sean así iniciados en placeres vergonzosos, cuando entre los atenienses y el resto de Grecia -me da vergüenza incluso mencionarlo- existe la mitología relativa a Deo repleta de deshonra? En efecto, errante Deo en la búsqueda de su hija Cora, cerca de Eleusis (ésta es una ciudad del Ática) da un rodeo y, afligida, se sienta en un pozo. Aun ahora se prohíbe esto a los que son iniciados, para que no parezca que celebran una fiesta imitando a la que se afligía.

20.2. Los hijos de la tierra habitaban Eleusis en ese momento; sus nombres eran Baubó, Disaules, Triptólemo, Eumolpo y Eubuleo. Triptólemo era boyero, Eumolpo pastor y Eubuleo porquerizo. De ellos florecieron en Atenas la raza de los eumólpidas y la sacerdotal de los céricos.

20.3. Así (en efecto, no dejaré de decirlo), la [diosa] Baubó, recibiendo como huésped a Deo, le ofreció un brebaje, pero rechazándolo no quiso recibirlo ni beber (puesto que estaba de luto) y Baubó, quedando muy afligida, porque ahora era despreciada, descubre las partes pudendas y se exhibe a la diosa. Como la [diosa] Deo se divierte con el espectáculo, aunque con esfuerzo, también acepta entonces la bebida, encantada con tal visión.

Los relatos órficos

21.1. Éstos son los misterios escondidos de los atenienses. Estos mismos los consigna también Orfeo. Te ofreceré los relatos mismos de Orfeo, para que tengas al iniciador de los misterios como testigo de la desvergüenza: “Hablando así, se subió el manto y mostró toda una imagen inconveniente del cuerpo; era el niño Yaco que reía, golpeando con la mano por debajo del seno de Baubó. Y cuando sonrió la diosa, sonrió dentro de su corazón, y aceptó el multicolor vaso, en el que se hallaba un brebaje” (Fragmentos Órficos, 215).

21.2. Ésta es la señal convenida en los misterios eleusianos: “Ayuné, bebí el brebaje, tomé del cesto y, después de manipularlo, lo trasladé a una canasta y de la canasta a una canastilla” (Homero, Ilíada, II,547). ¡Hermosos espectáculos dignos de una diosa!

Iniciaciones profanas y ceremonias deshonrosas entre los griegos

22.1. Por consiguiente, son ceremonias dignas de la noche, del fuego y del pueblo magnánimo (Homero, Ilíada, II,547); mejor, del pueblo frívolo de los erecteidas, juntamente también con los otros griegos, “a los que después de morir les aguardan cosas inesperadas” (Heráclito, Fragmentos, 27).

22.2. ¿Para quiénes profetiza el efesio Heráclito? “Para los que deambulan por la noche, para los magos, las bacantes, las lenesas y los iniciados” (Heráclito, Fragmentos, 14); a éstos les amenazan las cosas posteriores a la muerte; a éstos les vaticina el fuego; “porque se consagran con impiedad a lo que los hombres sancionan como misterios” (Heráclito, Fragmentos, 14).

22.3. Sin duda, los misterios de la serpiente son una costumbre y suposición inútiles y un engañoso tributo de honores divinos; en realidad se inician en los misterios con iniciaciones profanas y ceremonias deshonrosas, por la piedad bastarda de los que suplican.

22.4. Así son también los cestos místicos. En efecto, es necesario poner al desnudo sus cosas sagradas y declarar lo indecible. ¿Esas cosas no son pasteles de sésamo y miel, en forma piramidal y esférica, galletas para los sacrificios con varios salientes, granos de sal y una serpiente, el símbolo ritual de Dioniso Basareo? Además de eso, ¿acaso no hay también granadas, ramas de higuera, cañahejas, hiedras y además también pastillitas y adormideras? ¡Ésos son sus objetos sagrados!

22.5. Y aún más, los símbolos inefables de Temis son orégano, una antorcha, una espada y un peine de mujer, que es referir eufemística y misteriosamente al miembro femenino.

22.6. ¡Oh descaro manifiesto! Antiguamente la noche silenciosa era para los hombres sensatos una tapadera del placer; en cambio ahora la noche es para los iniciados la que hace elocuente la tentación de la incontinencia, y la llama de una antorcha sonroja a las pasiones.

22.7. Apaga, hierofanta, la llama; respeta, portador, las antorchas. Tu luz avergüenza a Iaco. Permite que los misterios sean escondidos en la noche. Honra las orgías en la oscuridad. El fuego no disimula, ordena avergonzar y castigar.

Los dioses paganos no existen

23.1. Éstos son los misterios de los ateos; llamo con razón ateos a esos que han ignorado al que es realmente Dios, y adoran desvergonzadamente a un niño destrozado por unos Titanes, a una mujer que está de luto y a unos miembros que no se pueden nombrar verdaderamente por pudor; están poseídos por una doble impiedad: la primera porque ignoran a Dios, no reconociendo al que realmente es Dios; y la segunda por este otro error, al pensar que existen los que en realidad no existen, y por llamar dioses a esos que no lo son en realidad y, sobre todo, que no existen y que no son más que un simple nombre.

23.2. Por eso, el Apóstol nos convence diciendo: “También eran ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Ef 2,12).

Algunos sin conocer la verdad, sospecharon de los mitos paganos

24.1. Muchas cosas buenas sucedieron con el rey de los escitas, el cual era algún tiempo Anacarsis. Éste atravesó con una flecha a un ciudadano suyo que imitaba entre los escitas una ceremonia religiosa de los cícicos en honor de la madre de los dioses, mientras tocaba un tímpano, hacía resonar el címbalo y colgaba del cuello las figurillas sacerdotales de los limosneros de Cibeles, por haberse convertido en un cobarde entre los griegos y maestro para los demás escitas de la enfermedad del afeminamiento.

24.2. Por ello (pues no hay que ocultarlo jamás) me admira con qué motivo han llamado ateos a Evémeros de Agrigento, a Nicanor de Chipre, a un tal Diágoras y a Hipón de Melos, y con éstos a aquel de Cirene (de nombre Teodoro) y a otros muchos que han vivido con sensatez y han contemplado con más agudeza que el resto de los hombres el error referente a esos dioses; aunque no conocieron la verdad misma, sin embargo sospecharon el error, lo cual hace germinar una semilla no pequeña, que vivifica el fuego del entendimiento hacia la verdad.

24.3. Ciertamente uno de esos recomendaba a los egipcios: “Si piensan que son dioses, no se lamenten, ni se golpeen el pecho (por ellos); pero si les lloran, entonces no consideren que son dioses” (Jenófanes, Testimonios, 13).

4. Otro, recogiendo un Heracles [o: Hércules] de madera (mientras cocinaba algo en casa, lo cual es verosímil), dijo: “Ea, Heracles; ahora es ya el momento de que nos ayudes, como a Euristeo, a realizar este decimotercer trabajo y a preparar a Diágoras el alimento” (Herodoto, Historias, IV,76); y así lo arrojó al fuego como leña.

Contra el politeísmo

25.1. En verdad, ateísmo y superstición son cimas de ignorancia; hay que procurar permanecer fuera de ellos. ¿No ves al hierofanta de la verdad, a Moisés, que prohibió participar en la asamblea a un eunuco, un castrado, e incluso al hijo de una prostituta? (cf. Dt 23,1-2).

25.2. Con los dos primeros da a entender la conducta atea, la que está privada de la fuerza divina y fecunda; mediante el tercero que queda [da a entender] al que invoca a muchos dioses falsos en lugar del único Dios verdadero, lo mismo que el hijo de una prostituta demanda a muchos padres por desconocimiento del verdadero padre.

Predisposición del hombre hacia el conocimiento de Dios

25.3. Existía una innata relación antigua del cielo con los hombres, que aunque obnubilada por ignorancia, sin embargo en algún sitio salió repentinamente de la tiniebla y se hizo resplandeciente, como aquello que dice uno: “¿Ves el cielo infinito en lo alto, y a la tierra rodeada por doquier con húmedos brazos?” (Eurípides, Fragmentos, 941). Y también: “Oh soporte de la tierra, que tienes un trono sobre ella; quién seas tú, es difícil de examinar” (Eurípides, Troyanas, 884-885). Y otras cosas parecidas cantan los discípulos de los poetas.

25. 4. Sin embargo son pensamientos engañosos, verdaderamente perniciosos y que apartan del camino recto; desviaron de la casa del cielo a la planta celestial (Platón, Timeo, 90 A), al hombre, y lo arrojaron sobre la tierra, persuadiéndole a adherirse a figuras de tierra.

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Publicado el 02/05/2010