Ascensión
851-862
Evangelio de la Reina Mlk'é
San Lazzaro, Biblioteca Mekhitarista
Venecia (Italia)
ORÁCULOS SIBILINOS (continuación)LIBRO XIII (XI)Prólogo(1) Dios me ordena cantar grandes profecías. (2) Dios santo, inmortal, imperecedero, que a los reyes (3) da la fuerza y se la quita, y les fijó el tiempo (4) a la vez que la vida y la destructora muerte. (5) Esto es lo que Dios celestial me incita (6) a anunciar, de mala gana, a los reyes sobre su poder real.
Final del reinado de Alejandro Severo (?)(7) ... El belicoso Ares la lanza; por él todos mueren, (8) y el que ha nacido inocente da preceptos en las asambleas; (9) porque habrá muchas guerras, combates y matanzas, (10) hambre, peste, seísmos y violentos rayos, (11) muchas incursiones de los asirios por el mundo entero, (12) expolio y profanación de templos.
(13) Y entonces se producirá un levantamiento de los emprendedores persas, (14) al mismo tiempo que de los indios, armenios y árabes; en su derredor (15) merodeará el rey romano, insaciable de guerras, (16) que conducirá a sus lanceros también contra los asirios, un Ares joven.
(17)Hasta el Eufrates de profunda corriente y plateados torbellinos (18) enviará y hará que se extienda su lanza el belicoso Ares, (19) por causa..., puesto que traicionado por un amigo (20) cayó en la línea de combate golpeado por ardiente hierro.
La dinastía de los Gordianos (? 238-244 d. C.)(21) Inmediatamente después reinará un lancero amante de la púrpura, (22) que -terror de Ares- aparecerá desde Siria y allí, junto con su hijo (23) César, arrasará la tierra entera; un solo nombre (24) tienen ambos: sobre el número vigésimo primero (25) tienen dispuestas cinco centenas. Cuando éstos (26) tomen el mando en las guerras y lleguen a legislar, (27) habrá un descanso de la guerra durante poco tiempo, no durante mucho; (28) pero cuando el lobo preste fiel juramento al rebaño, (29) ante los perros de brillantes dientes, y luego dañe (30) y destroce a las ovejas de vellones de lana y viole los juramentos, (31) también entonces se dirimirá en las guerras una disputa inicua de desmesurados reyes, (32) y los sirios tendrán espantoso final, (33) así como los indios, armenios, árabes, persas y babilonios. (34) Se destruirán entre sí mediante vigorosas contiendas.
La guerra con Persia. Alejandría provee el trigo a Roma(35) Pero cuando el Ares romano destruya al Ares germano, (36) tras vencerle aniquilador de vidas en el océano, (37) entonces los persas, desmesurados hombres, (38) conocerán una guerra de muchos años, y no obtendrán la victoria, (39) porque así como el pez no nada sobre la punta de la alta roca (40) inaccesible, rodeada de gargantas y batida por el viento, (41) ni la tortuga vuela y el águila no va a nadar al agua, (42) del mismo modo los persas se encontrarán a gran distancia de la victoria (43) en aquel día, mientras que la querida nodriza de los italianos, (44) tendida en la llanura junto a las divinas aguas del Nilo, (45) envíe a Roma, la de las siete colinas, su parte de cosecha. (46) Pero esto está tejido por el destino; por tantos años como espacio (47) asignado de tiempo contuvo en sus números tu nombre, Roma, (48) de buen grado te proporcionará medidas de trigo (49) la divina ciudad grande del caudillo macedonio.
Desgracias de varias ciudades y regiones(50) Cantaré otro sufrimiento cargado de pesares para los alejandrinos, (51) muertos por causa de la discordia de indecorosos hombres: (52) los varones que antes eran cobardes y débiles (53) añorarán la paz debido a la maldad de sus caudillos.
(54) Llegará sobre los asirios la cólera del gran Dios (55) y los destruirá la corriente torrencial del río que, al llegar (56) a la ciudadela de César, causará perjuicios a los cananeos.
(57) El Píramo inundará la ciudad de Mopso, donde sucumbirán (58) los egeos por la discordia de los soberbios hombres.
(59) ¡Infortunada Antioquía! No te dejará el gravoso Ares (60) cuando la guerra con los asirios te acucie a tu alrededor, (61) porque en tus aposentos habitará un prominente hombre, (62) que guerreará contra todos los persas, lanzadores de flechas (63) y él mismo será descendiente del poderío real de los romanos.
(64) Adórnense ahora, ciudades de los árabes, con templos, estadios, (65) plazas anchas, con riqueza de resplandeciente brillo, (66) con estatuas, , oro, plata y marfil, (67) y por encima de todas, por muy doctas en astronomía que sean, (68) ustedes, Bostra y Filipópolis, lo harán tan sólo para llegar a un gran sufrimiento, (69) porque no les serán útiles las regocijantes circunferencias (70)del círculo del Zodíaco, Crío, Tauro, los Gemelos, (71) ni cuantos astros distribuidores de las estaciones con ellos en el cielo aparecen, (72) desdichada, a los que prestaste gran obediencia, (73) en el momento en que, más adelante, se acerque tu día.
(74) Ahora cantaré para los alejandrinos, amantes de la guerra, (75) las más terribles guerras; perecerá en verdad gran cantidad (76) de ciudadanos, muertos por ciudadanos rivales, (77) al luchar por causa de una dolorosa disputa, y a ambos lados (78) se lanzará Ares, de rostro temible, a contener la guerra. (79) Entonces, a su vez, el valeroso (80) perecerá con engaño junto con su hijo fuerte a causa del rey más anciano.
Decio (249-251 d. C.)(81) Después de éste reinará sobre la poderosa y fértil Roma (82) otro soberano valeroso experto en la guerra, (83) que surgirá de entre los dados, con el número trescientos; (84) procederá de la inicial del cuatro y matará a muchos, (85) y entonces el rey aniquilará por completo a todos los hermanos y seres queridos, (86) incluso de los reyes muertos. (87) Al punto habrá saqueo por parte de los fieles (88) y matanzas por causa del rey primero. (89) En el momento en que un hombre de engañosa inteligencia llegue tendido sobre su lecho, (90) un pirata surgido de Siria, un romano desconocido, (91) se acerque con engaño a la raza de los hombres capadocios (92) y en pleno asedio perezca, insaciable de guerra, (93) entonces a ustedes, Tiana y Mázaca, les llegará su conquista; (94) serán sus esclavas y pondrán su cuello bajo su yugo. (95) Siria llorará al morir sus hombres (96) y ni siquiera la Luna defenderá entonces a la santa ciudadela.
(97) Cuando desde Siria se apresure por Selge, (98) fugitivo de los romanos a través de las corrientes del Eufrates, (99) ya no semejante a los romanos, (100) sino a los persas, altivos flechadores, entonces el soberano de los italianos (101) caerá en la línea de batalla golpeado por ardiente hierro, (102) tras dejar sus ornamentos; y además de él perecerán sus hijos.
Treboniano Galo y Volusiano (251-253 d. C.)(103) Pero cuando otro rey reine en Roma, (104) entonces contra los romanos vendrán unos pueblos inestables, (105) cual pernicioso Ares, con su hijo bastardo, contra los muros de Roma. (106) Entonces se producirá de improviso hambre, peste, violentos rayos, (107) guerras terribles, inestabilidad de las ciudades; (108) los sirios conocerán un final desmesurado, (109) porque les llegará la gran cólera del Altísimo; (110) en seguida habrá un levantamiento de los emperadores persas, (111) y matarán a los romanos los sirios unidos con los persas. (112) Sin embargo, no conquistarán sus leyes por voluntad inspirada por los dioses. (113) ¡Ay, cuántos procedentes del Levante huirán (114) con sus propiedades a reunirse con hombres de extraña lengua! (115) ¡Ay, de cuántos hombres beberá la tierra su sangre oscura! (116) Porque llegará el tiempo aquel en el que los vivos (117) dejarán salir de sus labios bienaventuranzas dirigidas a los muertos, (118) llamarán bella a la muerte y huirán de ellos. (119) Ahora a ti, desdichada Siria, dirijo mis dolorosos lamentos; (120) te llegará también una terrible plaga a manos de hombres lanzadores de flechas, (121) plaga que nunca creíste que te iba a llegar. (122) Llegará también el fugitivo de Roma, blandiendo su gran lanza, (123) tras pasar el Eufrates con muchas miríadas, (124) el cual te abrasará y todo lo trastornará. (125) Desdichada Antioquía, nunca te llamarán ciudad (126) cuando por tu insensatez sucumbas a la lanza; (127) él, cuando haya sometido todo a la rapiña y la devastación, te dejará (128) sin techo y sin morada; cualquiera que te vea romperá al punto en lágrimas. (129) También tú, Hierápolis, serás motivo de triunfo, y tú, Berea. (130) En Calcis aunarán su llanto por las recientes heridas de sus hijos.
Sufrimientos que sobrevendrán sobre diversas regiones(131) ¡Ay de cuantos habitan el escarpado monte Casio (132) y en el Amano y de cuantos el Lico baña, (133) y de todos los Marsios que baña también el Píramo, de plateados remolinos! (134) Porque hasta los límites de Asia extenderán su botín (135) cuando hayan saqueado las ciudades, y de todas arrancarán los ídolos (136) y arrojarán los templos sobre la tierra, de muchos nutricia.
(137) Alguna vez también sobre Galia y Panonia caerá una gran calamidad, (138) y los misios y bitinios, cuando llegue el guerrero.
(139) ¡Ay, lirios, lidos! Vendrá el lobo a lamerles la sangre, (140) cuando los sannos lleguen con Ares, destructor de ciudades, (141) y los carpos se aproximen a luchar contra los ausonios.
Volusiano y Emiliano (253 d. C.)(142) Entonces el hijo bastardo, llevado por su desvergonzada audacia, (143) matará al rey, pero al instante perecerá él (144) a causa de su impiedad; a continuación reinará otro (145) que llevará la primera letra en sus nombres y de nuevo en seguida sucumbirá (146) con violenta guerra, herido por ardiente hierro.
(147) Y de nuevo el mundo será un caos mientras perezcan los hombres (148) por la peste y la guerra. Los persas de nuevo se lanzarán a la refriega de Ares, (149) porque guardan su rencor contra los ausonios.
(150) Entonces se producirá la huida de los romanos; pero luego (151) llegará un sacerdote, el último de todos, enviado del sol, (152) que surgirá desde Siria, y todas sus acciones las realizará con engaño. (153) Entonces existirá la ciudad del sol, y por ella (154) los persas soportarán las terribles amenazas de los fenicios.
Valeriano y Galieno (253-260 d. C.). Odenato (+ 266/67 d. C.)(155) En ese momento reinarán sobre los violentos romanos (156) dos soberanos, hombres rápidos en hacer la guerra; uno ostentará (157) el número setenta, el otro será el de la tercera cifra. (158) Entonces, el toro de altiva cerviz, escarbando con sus pezuñas (159) en la tierra y levantando polvo con sus dos cuernos, (160) causará numerosos males al reptil de piel oscura, (161) que al arrastrarse hará un surco con sus escamas; y a continuación, él mismo morirá. (162) Tras él llegará de nuevo otro ciervo de hermosos cuernos, (163) hambriento, que irá por los montes ansioso de llenar su vientre (164) de animales venenosos; entonces vendrá, enviado por el sol, (165) un león terrible y temible, con aliento de abundantes llamas (cf. Dn 8,20 ss.).
(166) Entonces, en verdad, éste a su vez matará, con grande e impúdica audacia, (167) al ciervo veloz de hermosa cornamenta, a la enorme fiera (168) venenosa y temible, que lanza continuos silbidos, (169) y al macho cabrío, de oblicuo caminar, y la gloria le acompañará. (170) Él, sano, incólume, inaccesible, (171) reinará sobre los romanos, y los persas perderán su poderío.
Conclusión(172) Pero ahora, soberano, rey del mundo, Dios, haz cesar el canto (173) de mis versos y concédeme un amable canto.
Continuación