Monasterio Santa María de Los Toldos

OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (52)

La tentación de Cristo
Segundo cuarto del siglo XIV
The Taymouth Hours
Londres (?)

ORÁCULOS SIBILINOS (continuación)

LIBRO III

Introducción

(1) Altitonante, bienaventurado ser celestial que habitas el lugar edificado sobre los querubines (cf. Sal 79,2; 98,1; Dn 3,55), (2) te suplico, haz que por un instante deje de anunciar mis profecías llenas de verdad, (3) pues ya está fatigado dentro de mí mi espíritu. (4) Pero ¿por qué de nuevo mi corazón se agita y mi ánimo, (5) por látigo azotado, se ve forzado dentro (6) a anunciar mis palabras a todos? He aquí que de nuevo proclamaré todo (7) cuanto Dios me ordena proclamar a los hombres.

Grandeza de Dios, creador del ser humano

(8) Hombres que tienen forma por Dios modelada a su imagen, (9) ¿por qué en vano andan errantes y no siguen el recto camino, (10) en continuo recuerdo de su inmortal creador? (11) Un solo Dios es el monarca inefable que los cielos habita. (12) En sí mismo tiene su origen, ser invisible, el único que todo lo ve (cf. Jb 28,24; Est 5,1; Dt 4,12), (13) el que no hizo mano de escultor ni puede (14) representarlo talla en oro, surgida de humanas artes, ni en marfil. (15) Él por sí mismo dio a conocer que es eterno (16) y que ya antes existía, pero de nuevo también después existirá. (17) Porque ¿quién, que mortal sea, puede ver a Dios con sus ojos? (18) ¿O quién será capaz tan sólo de oír el nombre (19) del gran Dios celestial que rige el universo? (20) Él con su palabra creó todo: el cielo, el mar, (21) el sol infatigable, la luna llena, los astros (22) resplandecientes, a Tetis, madre fuerte, (23) las fuentes y los ríos, el fuego inextinguible, los días, las noches. (24) El mismo, Dios, fue quien formó a Adán, de cuatro letras, (25) el primer hombre creado, y cuyo nombre completaba (26) con el Amanecer, el Día en su mitad, el Anochecer y la Nocturna osa(1). (27) Él también acuñó la forma de los mortales (28) y creó a los animales, los que caminan y los que vuelan.

Insensatez de todos los seres humanos

(29) No honran ni temen a Dios y en vano andan errados: (30) rinden culto a serpientes, a los gatos hacen sacrificios (31) y a imágenes mudas y pétreas estatuas de seres humanos. (32) En templos sin dioses, sentados ante las puertas, (33) aguardan al Dios que ya existe, el que todo vigila, (34) deleitándose con la maldad de las piedras, sin acordarse para nada del juicio (35) del inmortal salvador, que creó cielo y tierra. (36) ¡Ay, raza sanguinaria, engañosa y malvada de impíos (37) y falsos hombres de bífida lengua y de viles, (38) idólatras adúlteros, de mente llena de engaño: (39) en su pecho está el mal, en él se oculta el aguijón de la locura. (40) Para su beneficio, de la rapiña se sirven con desvergonzado ánimo, (41) pues nadie que sea rico y pudiente a otro dará parte, (42) sino que la maldad terrible será siempre propia de todos los mortales. (43) Fidelidad no mantendrá nunca (44) y muchas mujeres viudas amarán ocultamente a otros por ganancia: (45) no conservan la medida de la vida cuando han conseguido un marido.

El juicio de Dios

(46) Pero cuando Roma reine también sobre Egipto, (47) lo que hasta ahora demoró, entonces un reino muy poderoso, (48) de rey inmortal, se aparecerá a los hombres. (49) Y llegará el santo Soberano para someter los cetros de toda la tierra, (50) por todos los siglos del presuroso tiempo (cf. Is 41,2. 25; 44,28; 45,1); (51) entonces será inexorable la cólera contra los hombres del Lacio: (52) tres arrasarán Roma con lamentable destino. (53) Todos los hombres en sus propias moradas perecerán (54) cuando del cielo fluya ígnea catarata. (55) ¡Ay de mí, desdichada! ¿Cuándo llegará ese día (56) y el juicio del inmortal Dios, del gran rey?

El juicio a las ciudades

(57) Están siendo ahora mismo aún levantadas, ciudades, y adornadas todas (58) con templos y estadios, con estatuas (59) de oro, de plata y de piedra, para encaminarlos al amargo día. (60) Porque llegará el momento en que el olor del azufre se extienda (61) entre todos los hombres. Pero contaré, caso por caso, (62) en cuántas ciudades soportarán los mortales la calamidad.

El que viene a engañar: el Anticristo (cf. Mt 24,24; Mc 13,22 ss.; Ap 13,3 s.; 2 Co 6,15)

(63) De entre los sebastenos llegará después Beliar (64) y hará que se levante de los montes la cima, detendrá el mar, (65) el sol ardiente y grande y la brillante luna, (66) a los muertos hará levantarse y dará numerosos signos (67) a los hombres, pero no habrá en él nada que se cumpla, (68) sino que errará y hará errar precisamente a los mortales y a muchos (69) fieles y elegidos hebreos, a los que ley no conocen y a otros (70) hombres que aún no oyeron la palabra de Dios.

La llegada del juicio del gran Dios

(71) Cuando se acerquen las amenazas del gran Dios (72) y su poder flameante a través de la ola marina a tierra llegue, (73) a Beliar consumirá con sus llamas y a los orgullosos hombres, (74) todos cuantos en éste su fe depositaron. (75) Entonces el mundo por manos de mujer (76) se verá gobernado y será obediente en todo. (77) En el momento en que sobre el mundo entero una viuda reine (78) y arroje oro y plata al mar divino, (79) y bronce y hierro de los efímeros mortales (80) al ponto arroje, en ese preciso instante todos los elementos (81) del mundo se quedarán como viudos, cuando Dios, que en los cielos habita, (82) enrolle el cielo igual que se enrolla un papiro (cf. Is 34,4; Ap 6,14); (83) caerá toda la multiforme bóveda celestial sobre la tierra divina (84) y el mar. De fuego destructor fluirá catarata (85) inagotable, que hará arder a la tierra, que hará arder al mar (86) y que la bóveda celestial, los días y la creación misma (87) fundirá en una única masa y lo disgregará hasta su purificación (cf. Gn 19,24-28; Ml 3,3).
(88) Ya no existirán las esferas resplandecientes de los luceros, (89) ni la noche, ni el alba, ni los muchos días de aflicción, (90) ni la primavera, ni el verano, ni el invierno, ni el otoño. (91) Y del gran Dios el juicio llegará en la mitad (92) del gran Eón, cuando todo esto suceda.
(93) ¡Ay, ay de las navegables aguas y de la tierra toda! (94) Al salir el sol, que ya no se volverá a poner, (95) obedecerán al que de nuevo se eleva por todo el mundo; (96) por ello él fue el primero que reconoció también su propia fuerza. (…)

La hora de la décima generación

(97) Pero cuando del gran Dios se cumplan las amenazas (98) que una vez profirió contra los mortales, cuando una torre levantaron (99) en la tierra de Asiria: todos hablaban la misma lengua (100) y querían subir hasta el cielo estrellado (cf. Gn 11,1 ss.); (101) pero en seguida, el Inmortal les envió gran calamidad (102) con sus soplos y a su vez luego los vientos derribaron la gran torre (103) y entre sí los mortales levantaron mutua disputa; (104) por esto los hombres pusieron a la ciudad el nombre de Babilonia; (105) y después que la torre cayó y las lenguas de los hombres (106) con toda clase de sonidos se distorsionaron y a su vez toda (107) la tierra se pobló de mortales que se repartían los reinos, (108) entonces es cuando existió la décima generación de seres humanos, (109) desde que el diluvio cayó sobre los primeros hombres. (110) Y se hicieron con el poder Crono, Titán y Jápeto, (111) hijos excelentes de tierra y cielo (a los que los hombres habían llamado [112] tierra y cielo, al ponerles nombre, [113] porque ellos fueron los más destacados de los seres humanos). (114) Habían echado a suertes para cada uno la tercera parte de la tierra, (115) y cada uno estuvo reinando en su porción y no combatían entre sí, (116) porque habían hecho juramento a su padre y el reparto era justo. (117) Entonces llegó el tiempo del final de la vejez del padre (118) y, naturalmente, murió; y los hijos, (119) cometiendo terrible transgresión de sus juramentos, se lanzaron a una mutua discordia, (120) por ver quién habría de mandar sobre todos los mortales con real honra; (121) combatieron Crono y Titán entre sí; (122) pero Rea, Gea, Afrodita, que ama las coronas, (123) Deméter, Hestia, de hermosas trenzas, y Dione (124) los condujeron de nuevo a la amistad, tras reunir (125) a todos los reyes y hermanos, consanguíneos y otros (126) hombres, que procedían de su misma sangre y de sus mismos padres. (127) Y decidieron que, como rey, Crono sobre todos reinara, (128) ya que era el mayor y más agraciado en su apariencia. (129) A su vez Titán impuso a Crono grandes juramentos: (130) que no habría de criar descendencia alguna de hijos varones, para así reinar (131) él cuando la vejez y la Moira a Crono alcanzaran.

Los inicios de las guerras entre los hombres

(132) Cada vez que Rea paría, junto a ella se sentaban (133) los Titanes y despedazaban a todos los hijos varones, (134) mientras que permitían que las hembras se criaran vivas con su madre. (135) Pero cuando por tercera vez parió la soberana Rea, (136) de su vientre salió primero Hera y, al ver con sus ojos (137) que era descendencia femenina, se marcharon con los suyos aquellos agrestes hombres, (138) los Titanes. Y a continuación Rea parió un hijo varón, (139) al que en seguida, ocultamente y por su cuenta, a Frigia envió para ser criado, (140) tras escoger bajo juramento a tres varones cretenses; (141) por eso le pusieron por nombre Dia (Zeus), porque por mención de otros fue enviado. (142) Del mismo modo envió a Poseidón ocultamente. (143) En tercer lugar, a su vez, a Plutón parió Rea, divina entre las mujeres, (144) al pasar por Dodona, de donde fluían los húmedos caminos (145) del río Europo y hacia el mar corría el agua (146) sin mezclarse con el Peneo, y le llaman Estigio. (147) Pero cuando se enteraron los Titanes de la existencia (148) oculta de estos hijos, siembra de Crono y Rea, su esposa, (149) a sus sesenta hijos reunió Titán, (150) hizo prisioneros a Crono y Rea, su esposa, (151) les ocultó dentro de la tierra y en un recinto los mantenía custodiados. (152) Entonces fue cuando los hijos del poderoso Crono le escucharon (153) y por él promovieron gran guerra y refriega: (154) éste fue el comienzo de la guerra para todos los mortales, (155) puesto que ése fue el primer inicio de guerra para los mortales.

La sucesión de los reinos humanos

(156) Entonces a los Titanes concedió Dios un mal don: (157) toda la descendencia de los Titanes y de Crono (158) se extinguió. Después, con el transcurso del tiempo, (159) hizo surgir el reino de Egipto, luego el de los persas, (160) medos, etíopes y el de Babilonia de Asiria (cf. Dn 7-9), (161) luego el de los macedonios, de nuevo el de Egipto, por fin el de Roma. (162) Y entonces revoloteó en mi pecho el oráculo del gran Dios (163) y me ordenó profetizar por toda (164) la tierra y a los reyes y disponer en sus mentes el futuro. (165) Esto es lo primero que Dios en mi mente depositó: (166) Cuántos reinos de hombres surgirán.

El reinado de Salomón

(167) La casa de Salomón reinará la primera de todas (168) sobre los dueños de Fenicia, de Asia y de otras (169) islas, sobre la raza de los pánfilos, persas, frigios, (170) carios y misios, y sobre la raza de los lidios, dueños de oro.

El reinado de los griegos

(171) Pero luego vendrá el turno de los helenos orgullosos e impíos; (172) después el gran pueblo diverso de Macedonia reinará, (173) quienes llegarán cual temible nube de guerra para los mortales. (174) Sin embargo, el Dios celestial de raíz lo destruirá.

El imperio romano

(175) Pero luego vendrá el comienzo de otro reinado, (176) blanco y con muchas cabezas, procedente del mar occidental, (177) que extenderá su dominio sobre gran parte de la tierra: a muchos hará temblar, (178) a todos los reyes producirá miedo después (179) y también de mucho oro y plata (180) a muchas ciudades despojará (cf. 1 M 8,4); pero de nuevo habrá en la tierra divina (181) oro, y luego también plata y adornos. (182) Y oprimirán a los mortales. Gran decadencia conocerán aquellos hombres, (183) en el momento en que empiecen a dar pruebas de su soberbia injusta: (184) al punto entre ellos se extenderá la fuerza de la impiedad, (185) el varón con el varón tendrá comercio carnal, a sus hijos expondrá (186) en vergonzosas casas, habrá en esos días (187) entre los hombres gran tribulación que conmoverá todo, (188) todo lo destruirá, todo lo llenará de desgracias (189) por ese afán de medrar al que acompaña una vida vergonzosa, por la riqueza producto de viles ganancias, (190) en muchos lugares, pero sobre todo en Macedonia. (191) El odio volverá a despertar y toda clase de engaños conocerán (192) hasta el séptimo reinado que esté en manos (193) de un rey de Egipto, que será de raza helénica.

Predicción de las desgracias que caerán sobre el género humano

(194) Entonces el pueblo del gran Dios de nuevo será fuerte (195) y será los que guíen en la vida a todos los mortales.
(196) Pero, ¿por qué Dios depositó en mi mente también, para que lo anunciara, (197) qué desgracia alcanzará primero a todos los hombres, cuál vendrá después, cuál será la última (198) y cuál será su comienzo? (199) Primero Dios enviará su castigo a los Titanes, (200) que pagarán su pena a los hijos del fuerte Crono, (201) porque en prisión encerraron a Crono y a la ilustre madre de aquéllos. (202) En segundo lugar, a los griegos dominarán las tiranías y los insolentes (203) reyes, orgullosos e impíos, (204) adúlteros y en todo perversos, y los mortales (205) ya no tendrán descanso de la guerra. Los terribles frigios perecerán (206) todos y a Troya el mal alcanzará en ese día. (207) Luego a persas y asirios el mal llegará y (208) a todo Egipto, a Libia y también sobre los etíopes, (209) canos y pánfilos el mal vendrá con rumbo cambiante (210) y sobre todos los mortales. ¿Por qué ahora uno a uno los enumero?

Anuncio de calamidades que caerán sobre Israel

(211) Pero cuando las primeras calamidades se cumplan, al punto alcanzarán (212) las siguientes a los hombres. Y ante todo proclamaré que llegará el mal (213) a los hombres piadosos que habitan alrededor (214) del gran templo de Salomón (215) y que descienden de hombres justos; asimismo también de éstos proclamaré a gritos (216) la tribu, su ascendencia paterna y el pueblo de todos, (217) con toda claridad, a ti, mortal astuto, taimado.

Hombres justos y rectos

(218) Hay una ciudad... en la tierra de Ur de los Caldeos, (219) de la que procede la raza de los hombres más justos, (220) de recto pensar y ocupados siempre en buenas obras. (221) No les preocupan, en efecto, ni el curso circular del sol y de la luna, (222) ni las ingentes hazañas sobre la tierra, (223) ni la profundidad del mar océano, de azulado brillo. (224) Tampoco les ocupa la interpretación de los estornudos o los auspicios de los augures, (225) ni los adivinos, brujos o encantadores, (226) ni los engaños que hay en las palabras necias de los ventrílocuos. (227) Tampoco practican la adivinación astrológica de los caldeos, (228) ni se dedican a la astronomía; puesto que es un error por naturaleza todo (229) cuanto los insensatos hombres persiguen cada día, (230) sin ejercitar sus almas para ninguna obra útil (cf. Dt 18,10; Lv 19,31; 20,6. 27; Nm 23,23). (231) En verdad que sólo errores enseñaron a los miserables hombres, (231) que han sido origen de muchos males para los mortales sobre la tierra, (232) para apartarles de los buenos caminos y de las acciones justas. (234) Pero éstos practican la justicia y la virtud (235) y no el afán de lucro, que innumerables males engendra (236) para los hombres mortales, guerra y hambre infinitas (cf. 1 Tm 6,10). (237) Entre ellos se da la justa mesura en campos y ciudades (238) y no se roban mutuamente por las noches, (239) ni se llevan los rebaños de vacas, ovejas y cabras, (240) ni arranca el vecino los límites de la tierra del vecino, (241) ni el hombre sobremanera rico al más pobre perjudica, (242) ni a las viudas oprime (cf. Dt 24,17), mas al contrario, las socorre (243) y proporciona siempre pan, vino y aceite; (244) siempre el rico a los que nada tienen (245) están empobrecidos, de su cosecha les envía parte, (246) pues cumplen la palabra del gran Dios, justo himno: (247) el Padre celestial, para todos común, hizo la tierra.

Salida de Egipto. Historia subsiguiente de Israel

(248) Cuando Egipto deje y el camino emprenda (249) el pueblo de las doce tribus, con la ayuda de los guías por Dios enviados, (250) y marche de noche gracias a una columna de fuego (251) y gracias a una columna de nubes camine durante todo el día (cf. Ex 13,21 s.; Sal 77,14; 104,39), (252) le dará como guía a un gran hombre: (253) Moisés, a quien una reina recogió cuando lo halló en las orillas cenagosas, (254) y lo crió y le llamó hijo suyo (cf. Ex 2,5-10). Cuando éste llegó al monte Sinaí (255) al frente del pueblo, que desde Egipto Dios conducía, (256) entonces Dios desde el cielo le dio la ley (cf. Ex 19,1-6), (257) tras escribir en dos tablillas todos los preceptos, (258) y mandó que se cumplieran (cf. Ex 24,12; 31,18; 34,1-4. 27-28; Dt 28,13-15); y que si alguno desobedeciere, (259) pagaría la pena según la ley, bien a manos de mortales (260) o bien, si a escondidas de los hombres lo hiciere, habría de perecer con toda justicia, (261) porque para todos el Padre celestial común creó la tierra, (262) la fidelidad y las más nobles ideas en su pecho. (263) Para ellos solos produce fruto la fértil tierra, (264) el ciento por uno y se cumplen las medidas de Dios. (265) Pero también el mal les llegará y no escaparán (266) de las epidemias. También tú dejarás el bellísimo recinto sagrado y sin duda (267) irás al destierro, porque tu destino es abandonar la tierra santa (cf. Dt 28-30). (268) Serás llevado al país de los asirios (269) y verás a niños inocentes esclavos de los enemigos (cf. Dt 28,49), (270) y también a las mujeres; y todos tus medios de vida y tus riquezas serán destruidos (cf. Dt 4,28; 28,31-35. 38-41. 49-57; 29,21. 27; 2 Cro 29,9; 36,18 ss.; Is 1,7; Lm 1,10-11; 5,13); (271) toda la tierra de ti estará llena y todo el mar, (272) pero todo el mundo dirigirá su odio contra tus costumbres (cf. Dt 28,37. 64-64; Ez 5,14-15). (273) Todo tu país vacío de ti estará, y el altar fortificado (Dt 28,21-24; Is 1,7; 13,20; Jr 49,18; 50,40; Am 4,11; Ez 5,14; Lm 4-5), (274) el templo del gran Dios y los muros grandes, (275) todo por tierra caerá, porque no creíste (276) con toda tu voluntad en la santa ley de Dios inmortal, sino que caíste en el error (277) y adoraste a ídolos indignos, y ni por temor (278) te aviniste a honrar al creador de los dioses y de todos los hombres, (279) sino que honraste ídolos de mortales (cf. Jr 5,19).

Israel en el exilio

(280) Por ello durante siete décadas de años la tierra fructífera (281) estará vacía en su totalidad de ti y también el maravilloso templo (cf. Jr 25,12; 44,22; Ez 13,4; 38,8; 2 R 25; 2 Cro 37,17-20). (282) Sin embargo, te aguarda grandísima gloria, (283) según el designio de Dios y de un mortal (¿Ciro el Grande? Cf. Is 44,26-28). Pero tú, (284) con confianza en las santas leyes del gran Dios, espera (285) el momento en que él levante recta tu fatigada rodilla hasta la luz. (286) Entonces es cuando Dios celestial enviará un rey (287) y juzgará a cada hombre con sangre y brillo de fuego (cf. Is 66,18; Ez 38,22).

Regreso del exilio y reconstrucción del templo (cf. Cf. Gn 49,10; 1 R 11,36; 15,4; Is 4,2; Jr 33,17-21; Ez 29-21; 34,23-24; Za 3,8; 6,12; 12,8; Sal 132,11; 1 M 2,57; Esd 1,3 ss.; 7,14-23; 2 Cro 36,22)

(288) Hay una tribu real, cuya descendencia no cometerá tropiezos (289) y que, con el rodar de los años, (290) reinará y empezará a levantar un nuevo templo de Dios. (291) Todos los reyes de los persas enviarán, en señal de vasallaje, (292) oro, bronce y el hierro, difícil de trabajar. (293) Puesto que Dios en persona enviará un santo ensueño nocturno (294) y en ese momento volverá a existir el templo, como antes existió.

Nueva serie de vaticinios

(295) Cuando mi ánimo concluyó el inspirado himno (296) y supliqué al gran Creador que detuviera esta necesidad, (297) de nuevo la voz del gran Dios se instaló en mi pecho (298) y me ordenó profetizar por toda (299) la tierra y depositar en las mentes de los reyes lo venidero.

Predicciones contra diversos reinos

(300) Primero Dios dispuso mi mente para revelar (301) cuántos penosos sufrimientos él, inmortal, decidió contra Babilonia, (302) porque su gran templo habían destruido (cf. Jr 51,11).

Contra Babilonia (cf. Is 13,9. 11. 20; Jr 50,12 ss.; 51,1 ss.; Sal 79,1-2. 3. 10; Ap 16,6; Gn 4,10; 37,26; Is 26,21; Ez 24,7; Jb 16,18; 2 M 8,3)

(303) ¡Ay de ti, Babilonia y raza de hombres asirios! (304) Algún día un clamor llegará a toda esa tierra de pecadores (305) y a todo el país lo destruirá un bélico griterío de mortales (306) y la plaga del gran Dios que conduce los himnos. (307) Porque por los aires, Babilonia, llegará desde arriba contra ti (308) y desde el cielo descenderá, de los santos, contra ti (309) y tus hijos, la cólera eterna y te exterminará, (310) Y entonces será como fuiste antes, como si no hubieras llegado a nacer. (311) Entonces te volverás a llenar de sangre, igual que antes tú misma (312) hiciste derramar la de hombres buenos y justos, (313) sangre que aún ahora clama al elevado cielo.

Contra Egipto

(314) Una gran plaga llegará a tus casas, Egipto, (315) terrible, como nunca antes pensaste que te podría venir. (316) Una espada, en efecto, te atravesará por la mitad, (317) y llegará la dispersión, la muerte y el hambre (318) hasta la séptima generación de reyes, y entonces dejará de existir tu país (cf. Ez 14,17).

Contra Gog, Magog y Libia

(319) ¡Ay de ti, país de Gog y de Magog (cf. Ez 38,2; 39,6), situado entre (320) los ríos etíopes, cuánto caudal de sangre recibirán! (321) Morada del juicio entre los hombres serás llamado (cf. Jl 3,2. 12), y (322) tu tierra regada por muchas aguas, beberá oscura sangre.
(323) ¡Ay de ti, Libia! ¡Ay de la tierra y del mar! (cf. Ap 12,12). (324) Hijas del poniente, ¡a cuán amargo día van a llegar!
(325) Van a llegar a él perseguidas por dura contienda, (326) terrible y cruel; terrible juicio habrá de nuevo, (327) y por fuerza todas irán a la perdición, (328) porque del Inmortal la gran morada aniquilaron (329) y con férreos dientes la devoraron de forma terrible (cf. Dn 7,7). (330) Por ello de cadáveres llena verás tu tierra, (331) unos obra de la guerra y de todas las asechanzas de la divinidad, (332) del hambre y de la peste, otros obra de enemigos de ánimo hostil. (333) Toda tu tierra vacía quedará y abandonadas tus ciudades. (334) En Occidente una estrella brillará, que llamarán cometa, (335) señal de la espada, del hambre y de la muerte para los mortales (cf. Ez 14,21), (336) y de la perdición de los caudillos, hombres grandes y célebres.

La desaparición de grandes y célebres ciudades

(337) Se producirán de nuevo muy grandes señales entre los hombres: (338) el Tanais, de profunda corriente, abandonará la laguna Meótide y (339) a lo largo de su profundo curso se producirá una hendidura (340) de fructífero surco y la corriente, innumerable, ocupará una garganta. (341) Las bocas y abismos se abrirán por completo. Numerosas ciudades (342) se precipitarán en ellos junto con sus habitantes: en Asia, Jaso, (343) Cebrén, Pandonia, Colofón, Éfeso, Nicea, (344) Antioquía, Tanagra, Sinope, Esmirna, Maro, (345) Gaza la muy próspera, Hierápolis, Astipalea; (346) de Europa, Ciagra ilustre, la real Meropea, (347) Antígona, Magnesia, Micenas, toda ella divina.

Contra Egipto y Roma

(348) Has de saber que entonces la maldita raza de Egipto estará cerca de su destrucción, (349) y entonces para los alejandrinos el año precedente será mejor.
(350) De nuevo Asia habrá de recibir de Roma el triple de (351) todas las riquezas que Roma recibió de Asia, su tributaria, (352) y le hará pagar la perniciosa soberbia que mostró contra ella.
(353) Veinte veces más de cuantos, procedentes de Asia, sirvieron como criados en la morada de los ítalos (354) serán los que de éstos trabajen como tales en Asia, (355) inmersos en la pobreza, innumerables pagarán su deuda.
(356) ¡Ay de ti, refinada hija dorada de la Roma latina, (357) virgen, tantas veces embriagada en tus bodas que muchos pretendían (cf. Ap 18,3), (358) celebrarás tu matrimonio como esclava sin adornos. (359) Repetidas veces tu dueño hará cortar tu delicada cabellera (360) o para castigarte te arrojará a la tierra desde el cielo (361) y desde la tierra te levantará de nuevo hasta el cielo, (362) porque los mortales están sometidos a una vida mísera e injusta.

Continuación

(1) Literalmente el texto griego dice: “levante, poniente, mediodía y osa”.

Publicado el 24/02/2010