Jesucristo habla con Pablo, en Jerusalén,
durante un sueño, llamándolo a un trabajo
misional en Roma
El “Martirologio de Arnstein”
Hacia 1170-1180
Arnstein, Alemania
ORÁCULOS SIBILINOS (continuación)LIBRO IIIntroducción(1) En el momento en que Dios hizo cesar el omnisciente canto, (2) después de mis numerosas súplicas, en ese instante depositó de nuevo en mi pecho (3) la muy gozosa voz de divinas palabras: (4) haré estas profecías mientras todo mi cuerpo está lleno de estupor, pues ni siquiera sé (5) lo que digo, pero Dios me ordena que todo lo proclame.
El día de la ira(6) Pero cuando sobre la tierra se produzcan sismos, devastadores rayos, (7) truenos y relámpagos, lluvias y también corrosión en la tierra, (8) el enloquecimiento de los chacales y de los lobos, matanzas (9) y aniquilamientos de hombres, de vacas mugientes, (10) de cuadrúpedos domésticos, de mulos aptos para el trabajo (11) y de cabras y ovejas; a continuación la tierra, (12) abandonada en su mayor parte, se tornará baldía a causa del descuido (13) y escasearán los frutos; los hombres libres serán vendidos (14) entre la mayoría de los mortales y los templos serán profanados.
La décima raza. Tiempos de paz y prosperidad(15) Entonces llegará, después de eso, la décima generación (16) de mortales, cuando el Dios que sacude la tierra y que despide relámpagos (17) rompa el fervor de los ídolos, agite al pueblo (18) de Roma, la de las siete colinas, y su gran riqueza perezca (19) abrasada en inmenso fuego por la llama de Hefesto. (20) Entonces bajarán sangrientos desde el cielo (…)
(21) El mundo entero y sus innúmeros habitantes (22) se matarán unos a otros, enloquecidos, y a la contienda (23) añadirá Dios hambre y peste, así como rayos (24) contra los hombres, porque sin justicia juzgan los pleitos. (25) Escasez de habitantes habrá en todo el mundo, (26) hasta el punto de que, si alguien viera sobre la tierra huella de ser humano, se asombraría. (27) Pero entonces Dios poderoso que habita los cielos (28) será de nuevo salvador de hombres piadosos por doquier. (29) Entonces habrá paz y profunda comprensión (30) y la tierra fructífera dará de nuevo frutos aún más numerosos, (31) sin ser ya repartida ni trabajada. (32) Cada puerto, cada fondeadero estará libre para uso de los hombres, (33) como lo estaban antes, y la impudicia desaparecerá.
La gran señal. La contienda decisiva(34) Entonces Dios enviará a continuación una gran señal, (35) pues brillará una estrella casi igual a una corona brillante (36) y, brillante ella, iluminará todo desde el cielo resplandeciente (37) durante no pocos días; entonces en verdad (38) mostrará desde el cielo, a los hombres que por ella compiten, la corona en contienda (39) y las reglas de ésta, pues habrá una gran competición celebrada con la entrada triunfal (40) en la ciudad celestial y se extenderá por la ecumene (41) entre todos los hombres, porque conlleva la gloria de la inmortalidad (cf. 1 Co 9,24; 2 Tm 4,7; Hb 12,1). (42) Entonces todos los pueblos competirán en inmortales contiendas (43) por la bellísima victoria, pues nadie puede impúdicamente (44) comprar allí por dinero la corona: (45) Cristo santo será su justo arbitro (46) y coronará a los que pasen las pruebas; también dará inmortal recompensa a los mártires (47) que compiten incluso hasta la muerte (cf. Ap 2,10), (48) y a las vírgenes que corran con éxito (49) les dará de premio un galardón imperecedero (1 Co 9,25), así como a los de justa conducta, (50) a todos los hombres y gentes de otras tierras (51) que vivan santamente y a un solo Dios reconozcan. (52) A los que veneran el matrimonio y se abstienen de adulterios, (53) les dará ricos dones, eterna esperanza también para ellos. (54) Porque todas las almas de los mortales son como una gracia de Dios (55) y no les es lícito a los hombres mancillarlas con toda clase de impurezas. (…)
Los versos 56 al 148 son una interpolación tomada, en su mayor parte, del “Poema admonitorio”, atribuido a Focílides (poeta que vivió en Mileto, en el siglo VI antes de Cristo); tal atribución es inaceptable, y el autor de la interpolación probablemente fue un cristiano, que incluso podría ser el mismo que compuso este libro II. Para no interrumpir el desarrollo del texto ofreceremos al final de los “Oráculos” la versión castellana de esta interpolación.Desgracias de la última raza(149) Esta es la competición, éstas las pruebas, éstos los premios. (150) Esta es la puerta de la vida y la entrada de la inmortalidad (cf. Mt 7,13), (151) que Dios celestial, justísimo, (152) estableció para los hombres como recompensa de la victoria; éstos, al obtener (153) la corona, harán gloriosa entrada a través de aquélla. (154) Pero cuando esta señal aparezca por el mundo entero, (155) niños venidos al mundo con las sienes cubiertas de canas desde su nacimiento, (156) se producirán tribulaciones entre los mortales, hambre, enfermedad y guerras, (157) el tiempo trastocado, sufrimientos, lágrimas abundantes. (158) ¡Ay! ¡Los hijos de cuántos hombres, en su país, dirigirán (159) fúnebre lamento a sus padres entre dolorosos gemidos y, envolviendo sus cuerpos en las mortajas, (160) los depositarán en la tierra, madre de los pueblos, (161) manchados de sangre y polvo! ¡Ay de ustedes, (162) los muy miserables hombres de la última generación, malhechores viles, (163) necios e insensatos, cuando, en el momento en que las razas de las mujeres (164)no engendren, haya crecido la cosecha de mortales hombres. (165) La recolección estará cerca, cuando algunos, (166) embaucadores en vez de profetas, se aproximen con su palabrería sobre la tierra (cf. Mt 24,11). (167) Y Beliar llegará y mostrará muchos signos (168) a los hombres (cf. 2 Co 6,15). Entonces se producirá gran agitación entre los hombres santos, (169) elegidos y fieles, y el exterminio de éstos y de los hebreos. (170) Sobre ellos caerá terrible cólera (171) cuando desde el Oriente llegue el pueblo de las diez tribus (172) para buscar al pueblo, al que destruyó el vástago asirio, (173) de los hebreos que unieron sus tribus; y las naciones tras esto perecerán. (174) Luego gobernarán a los soberbios hombres (175) los fieles hebreos escogidos, tras esclavizarlos (176) como antes, pues la fuerza nunca les faltará. (177) El Altísimo, que todo lo ve y que habita en los cielos, (178) derramará un sueño sobre los hombres y cerrará sus párpados. (179) ¡Bienaventurados siervos aquellos a cuantos (180) su amo, al volver, hallare en vela! (cf. Mt 24,46; Lc 12,37). Estos, todos, estuvieron despiertos (181) en todo momento, esperando con insomnes párpados, (182) porque llegará al amanecer, al atardecer o al mediodía (cf. Mt 24,42; Lc 12,46); (183) llegará sin duda y será como digo, (184) y lo verán los venideros, cuando desde el cielo estrellado (185) se aparezcan a todos los astros en pleno día, (186) junto con dos luceros, en el curso presuroso del tiempo, (187) y entonces el tesbita, conduciendo su celestial carro desde el cielo (cf. Mt 11,14; 16,14; 17,10), (188) al poner pie a tierra, (189) mostrará entonces al mundo entero las tres señales de la destrucción de la vida. (190) ¡Ay de cuantas en aquel día se vean sorprendidas con una carga (191) en su vientre, de cuantas estén amamantando a sus hijos inocentes (192) y de cuantas se encuentren sobre las olas del mar! (193) ¡Ay de cuantos lleguen a contemplar aquel día! (cf. Mt 24,19; Mc 13,17; Lc 21,23). (194) Porque una niebla tenebrosa cubrirá el infinito mundo (195) por levante y por poniente, por el mediodía y por donde está el ártico. (196) Entonces un gran río de fuego ardiente (197) se precipitará desde el cielo y consumirá todos los lugares; (198) la tierra, el gran océano, el brillante mar, (199) las lagunas y los ríos, las fuentes y el amargo Hades, (200) y la bóveda celeste. Las luminarias del cielo (201) se fundirán en una sola masa con aspecto desolador, (202) puesto que los astros todos, desde el cielo, se precipitarán en el mar. (203) Las almas de los hombres harán rechinar sus dientes (204) al abrasarse en el río, con el azufre y con el ímpetu del fuego (205) en el ardiente suelo; y la ceniza cubrirá todo.
La disgregación del universo(206) Entonces se vaciarán todos los elementos del mundo, (207) el aire, la tierra, el mar, la luz, la bóveda celeste, los días, las noches. (208) Y ya no volarán por el aire innúmeras aves, (209) ni los animales nadadores nadarán ya nunca por el mar, (210) ni la nave de carga surcará las olas del ponto, (211) ni los bueyes que trazan recto surco ararán la tierra, (212) ni habrá rumor de árboles movidos por los vientos, sino que todo a la vez (213) lo confundirá en una sola masa y lo disgregará hasta su purificación.
Continuación