Monasterio Santa María de Los Toldos

OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (41)

San Juan Bautista
Libro de oraciones del
Arzobispo Arnulfo II
998-1018
Milán (Italia)

TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, A AUTÓLICO

LIBRO TERCERO (conclusión)

Virtudes cristianas

15.1. Considera, pues, si quienes tales enseñanzas reciben pueden vivir promiscuamente y practicar uniones ilegítimas, o, lo más ateo de todo, comer carne humana, cuando tenemos prohibido hasta contemplar los combates de gladiadores para no ser partícipes ni cómplices de muertes. 2. Tampoco hay que ver los demás espectáculos para no manchar nuestros ojos y nuestros oídos, si nos hacemos partícipes de los versos que allí se entonan. 3. Pues si de antropofagia se trata, allí se comen los hijos de Tiestes y Teseo; si de adulterio, y no sólo de hombres sino también de dioses, allí se representan tragedias que lo pregonan con melodiosos versos, con honores y premios. 4. Muy lejos está de los cristianos el pensamiento de hacer cosas semejantes: entre ellos está presente la templanza, se ejercita la continencia, se respeta la monogamia, se guarda la castidad, 5. se expulsa la injusticia, se erradica el pecado, se medita la justicia, tiene vigencia la ley, se practica la religión, se confiesa a Dios, la verdad domina, la gracia guarda, la paz protege, la palabra santa conduce, la sabiduría enseña, la vida domina, Dios reina.
   6. Mucho más pudiéramos decir sobre nuestra institución, sobre las disposiciones del Dios y artífice de toda la creación, pero por ahora pensamos que es suficiente recordar lo dicho para que tú lo sepas, y más si lees lo establecido hasta ahora, a fin de que si has sido hasta el presente amante del saber, seas amante del saber en adelante (cf. II,38,9; III,4,3).

No es Platón quien dice la verdad sobre el origen del mundo

16.1. Ahora quiero demostrarte con más precisión, Dios mediante, lo referente a los tiempos, para que reconozcas que nuestra palabra no es reciente ni mítica, sino más antigua y más verdadera que la de todos los poetas y escritores, que escribieron sobre lo incierto. 2. Pues algunos diciendo que el mundo es ingénito terminaron en lo infinito, otros, diciendo que era producido, dijeron que tiene ya quince miríadas tres mil setenta y cinco años. Esto lo narra Apolonio el egipcio (cf. Fragmentos de los Historiadores Griegos, 661, frag. 3; ed. F. Jacoby, Berlin 1923-1930).
   3. Platón, que se cree ha sido el más sabio de los griegos, ¡a cuántas tonterías fue a terminar! Porque en las “Repúblicas” escritas por él se encuentra que dice literalmente: Si las cosas han permanecido todo el tiempo como están dispuestas ahora, ¿acaso pudo inventarse absolutamente nada nuevo? Y es que durante una miríada de miríadas de años les pasó inadvertido el tiempo a las gentes de entonces y sólo hace mil o dos mil años que se pusieron de manifiesto los primeros descubrimientos, ya de Dédalo, ya de Orfeo, ya de Palamedes” (Platón, Leyes, 677 c-d).
   4. Al decir que así sucedió, establece que del diluvio a Dédalo pasaron una miríada de miríadas de años (cf. Platón, Leyes, 677 a). Y después de hablar mucho sobre ciudades, colonias, poblaciones y naciones, admite que todo esto lo dijo por conjetura. Dice así: Si pues, extranjero, algún dios nos prometiera emprender otra vez nuestro examen sobre las leyes, de las palabras dichas ahora...” (Platón, Leyes, 683 a-c).
   Es evidente que habla por conjetura. Y sí por conjetura, no son entonces verdaderas las cosas que él dijo.

Los profetas recibieron su sabiduría del Espíritu de Dios

17.1. Más vale, pues, hacerse discípulo de la legislación divina, como el mismo reconoce: que no puede aprenderse de otra manera lo exacto, si no lo enseña Dios a través de la ley (cf. Platón, Menón, 99 e-100 a 1). 2. ¿Pues qué? ¿Acaso los poetas Homero, Hesíodo y Orfeo no dijeron que ellos mismos habían sido enseñados por la providencia divina? 3. Más aún, dicen que con los escritores hubo adivinos y videntes, y que de ellos aprendieron a escribir con exactitud. 4. ¿Cuánto más no hemos de saber nosotros la verdad, que aprendimos de los santos profetas llenos del santo Espíritu de Dios (cf. III,2,1)? Por ello todos los profetas dijeron cosas concordes y armónicas entre sí, y anunciaron de antemano lo que habría de suceder a todo el mundo. 5. El mismo cumplimiento de las cosas previamente anunciadas y ya acontecidas puede enseñar a los amantes del estudio o, mejor dicho, a los amantes de la verdad, que es realmente verdadero lo que fue anunciado por ellos sobre los tiempos y épocas anteriores al diluvio, y cómo se cuentan los años desde la creación del mundo hasta hoy, para mostrar así la tontería de la falsedad de los escritores, y que no es verdadero lo dicho por ellos (cf. II,9,2; III,28.1-7; III,1,1).

La historia del diluvio

18.1. Platón, como ya hemos dicho, mostrando que hubo un diluvio, dijo que no alcanzó toda la tierra sino solamente las llanuras y que los que huyeron a los montes más altos se salvaron (cf. Platón, Timeo, 22 d 5-8; Leyes, 677 a-b). 2. Otros dicen que existieron Deucalión y Pirra, y que éstos se salvaron en un arca, y que Deucalión, después de salir del arca, arrojaba piedras para atrás y que de las piedras nacían hombres. De allí dicen que a una multitud de hombres se le llama pueblo (cf. Píndaro, Olimpia, 9,43. 45-46; Homero, Ilíada, 23,611). 3. Otros a su vez dijeron que en el segundo diluvio existió Climeno.
   4. Ahora bien, por lo que ya se ha dicho es evidente que quienes tales cosas escribieron y tan vanamente filosofaron resultan despreciables, del todo impíos y tontos. 5. Moisés, nuestro profeta y siervo de Dios (cf. Ex 14,31; Nm 11,11; Hb 3,5), por otra parte, al historiar la creación del mundo explicó de qué manera sucedió el diluvio sobre la tierra, y no se puso a mitificar sobre cómo ocurrieron los acontecimientos relativos al diluvio, o sobre un Pirra o sobre un Deucalión o sobre un Climeno, ni que solamente se inundaron las llanuras salvándose sólo los que se refugiaron en los montes.

Moisés reveló la verdadera historia de Noé

19.1. Tampoco declara que hubo un segundo diluvio, sino por el contrario dijo que no habrá ningún diluvio de agua en el mundo, como en efecto ni lo ha habido ni lo habrá. 2. Cuenta que fueron ocho el total de almas de hombre que se salvaron en el arca (cf. Gn 9,11), que fue construida por orden de Dios, no por Deucalión sino por el que en hebreo se llama Noé (cf. II,30), que en lengua griega quiere decir descanso, 3. según lo que en otro libro hemos mostrado, cómo Noé anunciando a los hombres de su tiempo que habría de venir un diluvio, les profetizó diciendo: “Vengan, Dios los llama al arrepentimiento”. Por eso apropiadamente se lo llama Deucalión. 4. Este Noé tenía tres hijos, como lo hemos mostrado en el segundo libro (cf. II,28,8). Cuyos nombres son Sem, Cam y Jafet, cada uno de los cuales tenía su mujer, más aquél y la mujer suya. A este hombre algunos lo han llamado Eunuco. Entonces, ocho era el total de almas humanas que se salvaron, las que se hallaban en el arca (cf. II,31,3; II,32,3).
   5. Moisés indicó que el diluvio tuvo lugar “durante cuarenta días y cuarenta noches, al fluir las cataratas del cielo y brotar todas las fuentes del abismo, al punto que el agua se levantó quince codos por encima de los montes más altos” (Gn 7,11-12; 7,20). 6. Así pereció todo el género de los hombres de entonces, y sólo se salvaron los ocho que antes hemos dicho, que estaban guardados en el arca. Los restos de esta arca se muestran hasta hoy en los montes de Arabia (cf. Flavio Josefo, Antigüedades Judías, 1,90).
   En resumen, esta es la historia de lo que ocurrió en el diluvio.

Antigüedad del pueblo de los Hebreos

20.1. Moisés, pues, fue el conductor de los judíos, como ya hemos dicho (cf. III,9,6-7), cuando fueron expulsados de la tierra de Egipto por el rey Faraón, cuyo nombre es Tetmosis. Se dice que después de la expulsión del pueblo este rey reinó durante veinticinco años y cuatro meses, según el cómputo de Manetón (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,93-98). Después de él Cebrón trece años, 2. después de él Amenofis veinte años y siete meses, después de él su hermana Amesa veintiún años y un mes, después de ella Mefres doce años y nueve meses, después de él Meframutosis veinticinco años y diez meses, después de él Titmoses nueve años y ocho meses, 3. después de él Amenofis, treinta años y diez meses, después de él Oros treinta y seis años y cinco meses, después de él su hija Aquenjeres doce años y un mes, después de ella Ratotis nueve años. 4. Después de él Aquenjeres doce años y cinco meses, después de él Aquenjeres doce años y tres meses, su hijo Armáis cuatro años y un mes, después de él Ramsés un año y cuatro meses, después de él Armeses Miamou sesenta y seis años y dos meses, después de el Amenofis diecinueve años y seis meses. 5. Sus hijos Setos y Ramsés diez años; de ellos se dice que poseían en su época una gran fuerza de caballería y armada naval.
   6. Los hebreos, que en aquella ocasión demoraban en la tierra de Egipto y estaban sometidos a servidumbre por el mencionado rey Tetmosis, edificaron para él las ciudades fortificadas de Peito, Ramesés y On, que es la ciudad del Sol (Ex 1,11). Por tanto se muestra que los hebreos son anteriores a las ciudades que entonces eran famosas entre los egipcios; de aquellos, que son nuestros antepasados, tenemos los libros sagrados que son, como hemos dicho (cf. III,16,1), más antiguos que todos los escritores.
   7. El país de Egipto se llamó así del rey Seto, pues se dice que Seto es llamado Egipto (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,102). Seto tenía un hermano por nombre Armáis; éste era llamado Dánao y fue el que vino de Egipto a Argos y éste es el que mencionan los demás escritores como muy antiguo (cf. Flavio Josefo, ibid., 1,103; 1,231).

Continuación

Publicado el 08/12/2009