Anunciación y Visitación
Salterio
Primer cuarto del siglo XIII
Oxford (Inglaterra)
TACIANO, DISCURSO CONTRA LOS GRIEGOS (continuación)
Contradicciones de las enseñanzas de los griegos
26. Basta ya de jactarse de discursos ajenos y de adornarse, como el cuervo, con plumas de otros. Si cada ciudad les saca de sus manos su propia fraseología, se habrían acabado todos sus sofismas. Ustedes preguntan continuamente quién es Dios y pasan por alto lo que hay en ustedes mismos; mirando con la boca abierta hacia el cielo se caen adentro de los pozos. Sus pilas de libros son como laberintos y los lectores como el tonel de las hijas de Danaides. Díganme, ¿por qué dividen el tiempo diciendo que parte del mismo es pasado, parte presente y parte futuro? ¿Cómo puede ser que el futuro se convierta en pasado si existe el presente? Del mismo modo que la gente a bordo de un barco piensa, en su ignorancia, que las montañas se mueven cuando es el barco el que lo hace, así también ustedes no se dan cuenta de que son ustedes los que están pasando a toda velocidad, pero que el tiempo está quieto, mientras el que lo hizo quiera que exista. ¿Por qué me acusan cuando digo lo que pienso y se apresuran a demoler todo lo que digo? ¿Acaso ustedes no han nacido de la misma manera que nosotros? ¿No participamos de la misma administración del mundo? ¿Por qué afirman que la sabiduría sólo les pertenece a ustedes si no tienen otro sol, ni manifestaciones de estrellas, ni un nacimiento o una muerte superiores, que sean extraordinarios en comparación con los de otros hombres? El origen de sus charlatanerías son los gramáticos, y al dividir la sabiduría se apartaron de la verdadera sabiduría, repartiendo entre los hombres los nombres de las partes de ella. Como ustedes no conocen a Dios, luchan entre ustedes y se matan unos a otros. Por este motivo todos ustedes no son nada; se apropian de las palabras pero sus conversaciones son como las de un ciego con un sordo. ¿Para qué tienen herramientas de carpintero si no saben nada de carpintería? ¿Por qué están tan dispuestos a hablar y son tan reacios a actuar? Engreídos en la gloria, abatidos en las desgracias, utilizan irracionalmente sus figuras retóricas. Sus procesiones son bien notorias, pero andan escondiendo sus doctrinas Al reconocerlos a ustedes por lo que son, los hemos abandonado y hemos cortado todo contacto con ustedes; nosotros seguimos la palabra de Dios. ¿Por qué, oh hombre, desencadenas la guerra de las letras? ¿Por qué te comportas como un boxeador, juntas y aplastas sus sonidos hablando entre dientes como hacen los atenienses cuando deberías hablar con más naturalidad? Si hablas ático sin ser un ateniense, dime el motivo por el cual no hablas dórico. ¿Cómo es que consideras a uno más bárbaro y al otro más agradable para la conversación?
Los cristianos son odiados injustamente
27. Si te aferras a la educación de aquellos (maestros), ¿por qué te opones cuando yo elijo las opiniones doctrinales que me gustan? ¿No es absurdo abstenerse de castigar al bandido por el nombre que se le da, antes de averiguar exactamente la verdad y, en cambio, odiarnos a nosotros sin investigación alguna e injuriarnos por adelantado? Diágoras(1) era un ateniense, pero lo castigaron por traicionar los misterios; sin embargo ustedes leen sus cuentos frigios pero nos odian a nosotros. Ustedes poseen los comentarios de Leonte pero se enojan por nuestras refutaciones. Aunque tienen entre ustedes las opiniones sobre los dioses de Egipto de Apión, nos proclaman a nosotros como los más impíos de los hombres. Exhiben lo que dicen que es la tumba de Zeus de Olimpia, a pesar de que se dice que los cretenses son mentirosos (cf. Tt 1,12). Las fiestas públicas de sus muchos dioses son nada; aunque el negador de ellos, Epicuro, sea uno de los que lleva la antorcha, yo no respeto a los príncipes más que a Dios. No oculto mi concepción del universo; ¿por qué me aconsejan que mienta sobre mi estilo de vida? ¿Por qué, aunque dicen que desprecian la muerte, me dicen que huya de ella por medio del engaño? Yo no tengo “corazón de ciervo” (Homero, Ilíada, I,225), pero sus prácticas retóricas son del estilo de Tersites, el de la lengua sin freno (Homero, Ilíada, II,212). ¿Cómo voy a creerle a quien dice que el sol está incandescente y que la luna es tierra? Tales dichos son como ejemplares en una competencia de cuentos, no una exposición ordenada de la verdad. ¿No es una necedad creer lo que dicen los libros de Herodoto sobre la historia de Heracles, cuando afirman que hay una tierra superior de la cual descendió el león que mató Heracles? ¿De qué me sirve la dicción ática, los sorites de los filósofos, las probabilidades silogísticas, las mediciones de la tierra, las posiciones de las estrellas y los recorridos del sol? Preocuparse por esas investigaciones es obra de quienes crean leyes para sí mismos a partir de sus propias opiniones.
Condena de las leyes griegas
28. Por este motivo yo también condeno sus leyes. Todo debería haber tenido un estilo de vida común, pero, tal como es, hay tantos códigos legislativos como tipos de ciudades; de tal modo que las cosas que en algunas son vergonzosas en otras se las considera buenas. Los griegos, por ejemplo, sostienen que se deben evitar las relaciones sexuales con su madre, pero a esta práctica se la considera como muy honorable entre los magos persas. Los bárbaros sostienen que la pederastia es un crimen, mientras que los romanos la consideraban un privilegio y trataban de juntar rebaños de niños, como manadas de caballos que pastan.
La conversión de Taciano
29. En consecuencia, después de haber visto estas cosas, habiendo también participado en los misterios, y examinado las religiones de todos los hombres, instituidas por afeminados eunucos, hallando que entre los romanos su Zeus Laciar se deleitaba con la sangre humana y con el derramamiento de sangre por medio de homicidios; que Artemisa exigía los mismos sacrificios cerca de la ciudad; y que diferentes demonios en distintos lugares se entregaban a perpetrar iniquidades por el estilo; entrando en mí mismo, empecé a preguntarme de qué modo me sería posible encontrar la verdad. En medio de mis graves reflexiones, vinieron casualmente a mis manos unas escrituras bárbaras, más antiguas que las doctrinas de los griegos y, si a los errores de éstos se mira, realmente divinas. El resultado de esto fue que lograron convencerme debido a su falta de arrogancia en el lenguaje, la sencillez de los oradores, el hecho de que su explicación sobre el origen del mundo era muy fácil de entender, su conocimiento anticipado del futuro, la extraordinaria calidad de los preceptos y de la doctrina de un único soberano del universo. Así, enseñada mi alma por Dios mismo, y entendí que algunas partes tenían un efecto condenatorio mientras que otras nos liberaban de muchos gobernantes y tiranos, dándonos no algo que nunca antes habíamos recibido, sino algo que sí habíamos recibido pero que nuestro error nos había impedido poseer.
Cómo decidió Taciano resistir al mal
30. Ahora que he comprendido estas cosas, quiero hacerme como un niño pequeño y desnudarme del hombre terreno (cf. Col 3,9; Ef 4,22)[2]. Porque sabemos que la naturaleza de la maldad es semejante a la más pequeña de las semillas, ya que crece fuerte a partir de una ocasión diminuta, pero que morirá nuevamente si obedecemos al Verbo de Dios y no nos disipamos a nosotros mismos. Porque por medio de un oculto tesoro (cf. Mt 13,44), Él se hizo dueño de lo nuestro. Al desenterrar ese tesoro, nosotros nos llenamos de polvo, pero le dimos la ocasión para estar con nosotros. Porque sólo el que recupera su propiedad obtiene la posesión de la riqueza más preciada. Esto, por lo demás, quede dicho para los de la propia casa; a ustedes, griegos, ¿qué otra cosa les diré, sino que no insulten a quienes son mejores que ustedes, ni por el hecho que se llamen bárbaros tomen pretexto para sus burlas? Porque, si quieren, podes hallar la causa por la cual no todos se entienden en una sola lengua (cf. Gn 11,1-9); a los que deseen examinar a fondo nuestra doctrina, yo estoy dispuesto a darles una explicación de ella completa y fácil de entender.
Continuación