Monasterio Santa María de Los Toldos

INICIACIÓN A LA LECTURA DE LAS OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (44)
En 387, Máximo invade Milán y la corte huye, pero Valentiniano II retorna apoyando a Teodosio (hijo de Teodosio el Viejo, nombrado por Graciano Augusto para el Oriente) y derrota a Máximo (388). Se inicia entonces otro momento político en la actividad pastoral de Ambrosio, a la sazón ya reconciliado con Valentiniano II.

La acogida que Ambrosio dispensó a Teodosio (378-395) fue generosa, pero pronto ambos advirtieron la necesidad de definir sus respectivos campos de acción. Poco después Teodosio aleja a Ambrosio de la corte y emite una serie de disposiciones desfavorables para la Iglesia, con lo que las relaciones comienzan a hacerse difíciles. La tensión llega a su punto álgido a mediados de 390 con motivo de la matanza de Tesalónica:

«Ha llegado el momento en que ya no me es posible callar. Y ¿por qué? Porque está escrito: “Si el sacerdote no advierte a los que caminan por el error, ciertamente el pecador morirá en su pecado; pero el sacerdote será culpable, por cuanto no ha querido advertirles” (Ez 3,19).
¡Escúchame, entonces, Augusto Emperador! Posees todo el fervor de nuestra santa fe, ¿cómo negarlo? El temor de Dios te acompaña siempre: no lo discutiré siquiera. Pero tienes un temperamento fuerte. Si alguien te habla en forma amable y correcta, eres con todos un dechado de misericordia. Pero si alguien azuza tu espíritu, entonces te arrebatas, en forma tal que ya no aciertas a dominarte. Ojalá que nadie te hablara jamás con demasiada afabilidad ni te incitara. Preferiría yo mil veces que fueses tú mismo el dueño de tus pasiones, que fueras capaz de reflexionar y dominar, con tus nobles sentimientos, el torbellino de tu naturaleza...
El escándalo de Tesalónica es ya un hecho consumado. No existe memoria de cosa semejante. En lo que respecta tuve que limitarme a contemplar el mal, sin poder remediar cosa alguna. O mejor dicho, no pocas veces imploré misericordia, advirtiendo que podría suceder algo terrible...
Te aconsejo, te ruego, y también te amonesto y advierto: ¡Muy grande es mi pena al verte impasible ante la muerte de tantos inocentes!...
Lo que sigue lo escribo de mi puño y letra, y está destinado sólo para ti. Líbreme el Señor de toda la angustia que embarga mi alma. “Ni de ninguna manera ni por hombre alguno” (Ga 1,12) fuí confirmado en la seguridad de que debía proceder así. Encontrándome, la noche antes de partir, sumido en profunda tristeza, tuve una visión en la que tú entrabas al templo, pero... comprendí al mismo tiempo que yo no debía ofrecer el santo Sacrificio. Lo que sigue de la visión lo paso ahora por alto. No pude impedir todo, pero todo lo he aceptado por amor hacia ti, haciéndome responsable; así lo creo, al menos. El Señor nos conceda que la presente cuestión se resuelva pacíficamente. Dios nos amonesta de muchas formas: por signos sobrenaturales, por la voz de los profetas; e incluso por visiones de humildes pecadores, se digna adoctrinarnos. Roguémosle, pues, que refrene la guerra y que a los jefes del Estado les conceda la paz. Conserve el Señor la tranquilidad y la fe de su santa Iglesia; pero, para eso, se necesita un Emperador que sea cristiano y piadoso» (Ep. 51)[6].

La reconciliación se produjo en la Navidad del mismo año, después que el Emperador hubo aceptado la penitencia pública impuesta por Ambrosio.

Entre 392 y 393, Ambrosio interviene en busca de una solución del cisma de Antioquía, pero sin obtener la abdicación de Flaviano(7) en favor de Evagrio (noble antioqueno, sucesor de Paulino de Antioquía). También intervino para condenar la herejía de Bonoso(8), deseo que logró, aunque de momento no se concretaron las sanciones correspondientes.

Asesinado Valentiniano II en 392, lo sucede Eugenio, con quien Ambrosio no se entiende bien. Cuando Teodosio derrota a Eugenio, el Obispo de Milán lo exhorta a la clemencia para con los vencidos (ver Ep. 62), a lo que el Emperador accede, y desde ese momento las relaciones entre Teodosio y Ambrosio serán buenas, hasta la muerte del Monarca (17 de enero de 395), en cuyo honor Ambrosio pronunciará la oración fúnebre ante Honorio (De obitu Theodosii).

Las relaciones de Ambrosio con el general Estilicón (+ 408), quien hacía de tutor del joven Honorio (395-423), son de poca relevancia, lo cual es indicio de la declinación de su influencia política. Inversamente irá aumentando su actividad en el terreno espiritual: al hallazgo de los cuerpos de los mártires Gervasio y Protasio (383) se agregó el de los cuerpos de los mártires Nazario y Celso (ver Paulino diácono de Milán, Vita Ambrosii 32-33); la toma de posesión de Paulino de Nola; la creación de nuevas sedes episcopales en el norte de Italia y la elección de sus respectivos pastores (ver Ep. 63; M. G. Mara en op. cit., p. 173).

A comienzos de 397, al regreso de uno de los viajes que le imponía su cargo episcopal, enfermó, y falleció en Milán el 4 de abril de ese mismo año.

Notas

(6) Trad. en H. Rahner, op. cit., pp. 150-152. La carta, dirigida al emperador Teodosio, data de mayo de 390. Véase también Paulino diácono de Milán, Vita Ambrosii 24.
(7) Asceta laico que había sido uno de los jefes del partido niceno de Antioquía, y que después fue consagrado sucesor de Melecio a pesar de la oposición explícita de Gregorio de Nacianzo.
(8) Obispo de Sárdica a fines del siglo IV, fundador de la secta de los bonosianos, quienes se oponían a la virginidad perpetua de María. Fue condenado en 392.

Publicado el 11/09/2008