Monasterio Santa María de Los Toldos

 

 

Domingos del año litúrgico

 

OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (54)
Imagen Articulo

Milagros de Jesucristo
1305
Evangelio Archesh
Ereván, Matenadaran
Armenia

ORÁCULOS SIBILINOS (continuación)

LIBRO V

La época de los latinos. Los emperadores romanos

(1) Ahora escucha lo que voy a decir sobre la época de los latinos, llena de lamentos. (2) En verdad que, nada más extinguirse los reyes (3) de Egipto, a todos los cuales una misma tierra iba recibiendo en su seno, (4) y después del ciudadano de Pela, (5) al cual había estado todo el Oriente sometido y el Occidente próspero, (6) Babilonia, que entregó su cadáver a Filipo, demostró (7) que su invocación como hijo de Zeus o de Amón no era verdadera; (8) y después del descendiente de la raza y la sangre de Asáraco, (9) que vino de Troya, el cual escindió el impulso del fuego; (10) y después también de muchos caudillos, de varones aguerridos (11) y de los niños inocentes, hijos de la fiera devoradora de ovejas, (12) existirá el primero de todos los caudillos, la suma de cuya letra inicial será de dos veces diez. (13) Con sus campañas guerreras conseguirá un amplio dominio; (14) tendrá su primera letra correspondiente a la decena [Julio César], de suerte que tras él (15) ha de gobernar aquel a quien correspondiere como inicial la primera de las letras (Augusto]; (16) ante él se espantarán Tracia y Sicilia, luego Menfis; (17) Menfis, derribada por la maldad de sus gobernantes (18) y de la mujer no esclavizada, al mar precipitada. (19) Impondrá preceptos a los pueblos y todo lo someterá; (20) después de largo tiempo a otro entregará el mando; (21) éste tendrá la inicial del número trescientos (22) y el querido nombre de un río [Tiberio], (23) y su dominio llegará hasta los persas y Babilonia; su lanza se arrojará entonces contra los medos. (24) Luego mandará aquel que obtenga la inicial correspondiente al número tres [Calígula] (25) y después el que tenga por primera letra la doble decena [Claudio]; (26) él llegará a las extremas aguas del océano (27) tras remover la pleamar bajo los barcos ausonios. (28) El que obtuviere por inicial el número cincuenta será soberano [Nerón], (29) temible serpiente que exhalará guerra gravosa, y que un día, al extender las manos (30) de su raza, la destruirá y todo lo perturbará (31) entre competiciones, carreras, matanzas y toda clase de audacias; (32) cortará el monte que dos mares bañan y con sangre lo mancillará. (33) Sin embargo, él, el destructor, también dejará de ser visto; después retornará, (34) igualándose a un Dios, pero quedará patente que no lo es.

Desde Vespasiano hasta los Antoninos

(35) Después de él tres caudillos se darán mutua muerte [Galba, Otón y Vitelo]. (36) Luego llegará un poderoso aniquilador de hombres piadosos, (37) que lleva en su inicial la clara indicación de las siete decenas [Vespasiano]. (38) A éste le arrebatará el poder el hijo que revela en su inicial la letra del número trescientos [Tito] (39) y después de él será soberano (40) un hombre de cabello ceniza con la inicial del cuatro [Domiciano] (41)y luego un anciano, con el número cincuenta [Nerva]; y luego, tras él, (42) aquel al que correspondió como inicial la letra del trescientos [Trajano], (43) un celta montaraz que pondrá su esfuerzo en la disputa del Oriente (44) y no escapará a su destino afrentoso, sino que lo padecerá. (45) Polvo ajeno ocultará su cadáver, (46) pero tendrá el nombre de la flor de Nemea; tras él otro será el soberano, (47) el varón de cabeza argéntea [Adriano]; tendrá el nombre de un mar: (48) será hombre en todo superior y omnisciente. (49) Bajo tu reinado, ¡oh tú, que en todo eres superior y en todo destacas; tú, el de oscura cabellera!, (50) y bajo el de tus vástagos, sucederá esto todos los días. (51) Tras él tres mandarán, pero el tercero alcanzará tarde el poder [Antonino, Marco Aurelio y Lucio Vero].

Comienza la sección apocalíptica y mesiánica

(52) A mí, tres veces desdichada, me atormenta depositar en mi corazón malas profecías, (53) a mí, de Isis confidente, y el divino himno de oráculos. (54) Primero se lanzarán las mujeres enloquecidas alrededor de los cimientos de tu muy llorado templo (55) y en sus manos dañinas (56) estarás el día en que el Nilo llegue a inundar (57) el país entero de Egipto hasta una altura de dieciséis codos, (58) de suerte que la tierra toda anegue y la riegue toda con su caudal; (59) quedará en silencio el encanto de su tierra y la gloria de su figura.

El castigo de Egipto, y la ruina de Menfis

(60) Menfis, tú eres la que más lágrimas derramará por Egipto, (61) puesto que tú, que antes ostentaste magno dominio del país, llegarás a estar (62) llena de sufrimientos, de suerte que gritará incluso el que con el trueno se regocija, (63) desde el cielo con gran voz: “Vigorosa Menfis, (64) tú, que antaño mostrabas gran presunción ante los mezquinos mortales, (65) llorarás dolorida y desdichada, de modo que reconozcas (66) por ti misma al Dios inmortal invisible entre las nubes. (67) ¿Qué se hizo de tu voluntad dominante entre los hombres? (68) Por las locuras que cometiste contra mis hijos, por Dios ungidos, (69) y porque dirigiste tu maldad contra los hombres buenos, (70) por todo ello tendrás una nodriza así como castigo: (71) ya nunca el derecho divino estará claramente de tu parte entre los bienaventurados; (72) de las estrellas has caído, al cielo nunca subirás (cf. Is 14,12)”. (73) Esto me encomendó Díos que anunciara a Egipto (74) en el último instante, cuando existan los hombres más malvados.

Contra la idolatría

(75) Pero padecen su maldad los malvados, mientras aguardan (76) la cólera del Inmortal celestial que hiere con ruidos sordos (77) y, en vez de a Dios, adoran a piedras y monstruos; (78) unas veces son presa de un temor, otras de otro; (79) carecen de lenguaje, de inteligencia, de oído; lo que no me está permitido enumerar; y (80) cada uno de los ídolos ha surgido de las manos de los mortales. (81) Con su propio esfuerzo e insensatos proyectos, (82) los hombres esculpieron dioses de madera y de piedra, (83) de bronce, de oro y de plata; vanos, (84) inánimes, mudos y en fuego fundidos (85) los hicieron, en vano confiados a ellos por obcecación.

Calamidades que caerán sobre Alejandría

(86) Tmúide y Júide: será aplastada y truncada la voluntad (87) de Hércules, de Zeus y del soberano Hermes. (88) Y a ti, Alejandría, ilustre nodriza de ciudades, (89) no te dejarán la guerra ni (la peste), sino que pagarás (9o) el castigo de tu soberbia por cuantas acciones antes cometiste. (91) Callarás durante mucho tiempo y el día del regreso... (92) y ya no verás fluir la exquisita bebida... (93) porque caerá el persa sobre tu suelo como el granizo (94) y destruirá tu país y a sus hombres de malas artes (95) con sangre y cadáveres junto a los enormes altares, (96) un ser de bárbaros sentimientos, violento, víctima de la insensata locura de la sangre abundante, (97) que hará precipitarse sobre ti tu perdición, como una tromba de arena en plena intensidad. (98) Y entonces tú, felicísima entre las ciudades, tendrás que soportar numerosos sufrimientos. (99) Llorará Asia entera por causa de sus dones al caer a tierra, de los cuales (100) se gozó su cabeza por ti coronada.

Anuncios apocalípticos

(101) El que obtuvo la tierra de los persas, él mismo hará la guerra, (102) matará a cada habitante y arrasará todo medio de vida, (103) de suerte que quede la tercera parte para los miserables mortales. (104) De nuevo desde el Occidente volará con salto ligero (105) para sitiar toda la tierra, para asolarla toda. (106) Pero cuando consiga la cima de su poder y audacia impúdica, (107) llegará también con el deseo de arrasar la ciudad de los bienaventurados. (108) Y un rey enviado por Dios contra él (109) matará a todos los grandes reyes y a los mejores hombres. (110) De esa forma hará luego el Inmortal el juicio de los nombres.

Desgracias anunciadas a diversas regiones y ciudades de Oriente

(111) ¡Ay de ti, corazón miserable! ¿Por qué me invitas (112) a revelar a Egipto su dolorosa abundancia de soberanos? (113) Dirígete al Oriente, a las razas insensatas de los persas (114) y aclárales el presente de lo que va a suceder.
(115) La corriente del Éufrates provocará una inundación (116) y destruirá a los persas, íberos, babilonios (117) y a los masagétas, que aman la guerra y en sus arcos confían. (118) El Asia entera, incendiada hasta las islas, enviará su resplandor. (119) Pérgamo, antaño venerable, será arrasada de raíz, (120) y Pítane aparecerá desierta entre los hombres. (121) Lesbos entera se hundirá en los hondos fondos del mar, de suerte que perecerá. (122) Esrnirna, rodando por los abismos, se lamentará (123) y la que antaño fue venerable se consumirá de acuerdo con su nombre. (124) Los bitinios llorarán por su tierra, en ceniza convertida, (125) y por la gran Siria y Fenicia, de numerosas tribus poblada.
(126) ¡Ay de ti, Licia, cuántas desgracias tiene tramadas contra ti (127) el mar, cuando, por propio impulso, invada tu tierra dolorida, (128) de suerte que, con sismo cruel y corrientes amargas, (129) se inunde la tierra firme de Licia, que ya no tiene mirra y que antaño a mirra olía.
(130) También Frigia sentirá terrible cólera a causa de su dolor, (131) por el que vino la madre de Zeus, Rea, y allí esperó. (132) El ponto destruirá a la raza de los tauros y al pueblo bárbaro. (133) Arrasará el suelo de los lápitas en su país; (134) un río de profunda corriente asolará la región de Tesalia: (135) el Peneo, de profundo caudal, las figuras de los animales procedentes de la tierra, (136) mientras que el Epídano afirmará que alguna vez engendrará figuras de animales.

El emperador Nerón

(137) Por la Hélade, tres veces desdichada, lanzarán sus lamentos los poetas, (138) cuando desde Italia del istmo el tendón golpee (139) el gran rey de la gran Roma, divino varón, (140) a quien, dicen, el propio Zeus engendró, y la soberana Hera. (141) Él será quien, al querer lograr con voz musical aplausos para su dulces himnos, (142) matará a muchos, junto con su madre desdichada. (143) Huirá desde Babilonia, caudillo terrible e impúdico, (144) al que odian todos los mortales y los mejores varones, (145) porque mató a muchos y en el vientre materno puso las manos, (146) contra sus esposas cometió pecado y de seres despreciables había sido creado. (147) Llegará hasta los medos y a los reyes de los persas, (148) a quienes primero añoró y a los que fama legó, (149) escondido con estos malvados al acecho de una nación verdadera. (150) Él fue el que derribó el templo por Dios construido y abrasó a los ciudadanos (151) y a las gentes que en él entraban, a cuantos yo con justicia dediqué himnos; (152) porque al aparecer éste toda la creación se conmovió, (153) los reyes perecieron y aquellos entre los que subsistió el poder (154) aniquilaron a la gran ciudad y a su justo pueblo.

Anuncios de destrucción contra Roma

(155) Pero cuando, a partir del cuarto año, brille la gran estrella, (156) que, sola, toda la tierra arrasará por causa de la honra, (157) que al principio concedieron al soberano Poseidón, (158) llegará desde el cielo una estrella grande hasta el mar divino (cf. Ap 8,10), (159) e incendiará el océano profundo, la propia Babilonia (160) y la tierra de Italia, por la que perecieron numerosos (161) santos y fieles hebreos y el pueblo verdadero.
(162) Entre los malvados mortales tendrás que soportar desdichas, (163) pero permanecerás abandonada por todos los tiempos de la posteridad, (164) permanecerás por toda la eternidad abandonada, (165) llena de odio contra tu terruño, porque te aficionaste a la brujería. (166) En ti se dan los adulterios y la unión ilícita con los jóvenes, (167) ciudad afeminada, injusta, maldita, desdichada entre todas. (168) ¡Ay de ti, ciudad de todo impura de la región del Lacio! (169) Bacante que con víboras te gozas, así te asentarás viuda a la orilla donde (170) el río Tíber te llorará como a su esposa, (171) tú que tienes el corazón de sangre criminal manchado y el ánimo impío, (172) ¿no te has dado cuenta de qué poder tiene Dios y qué te depara? (173) Por el contrario, decías: “Sola estoy y nadie me arrasará”. (174) Pero la verdad es que Dios, que existe siempre, te destruirá a ti y a todos los tuyos (175) y ya no quedará ningún rastro tuyo en aquella tierra, (176) como antaño, cuando el gran Dios te procuró sus honras. (177) Quédate, ilícita, sola y unida al fuego ardiente, (178) ve a habitar al predio tartáreo de Hades, donde la ley no rige (cf. Is 14,15).

Castigos contra Egipto

(179) Ahora de nuevo, Egipto, lamento tu castigo. (180) Menfis, de sufrimientos guía, tú serás golpeada en tu tendón; (181) en ti las pirámides emitirán voz impúdica. (182) Pitón, que con justicia antaño fuiste llamada ambigua, (183) calla eternamente, para que ceses en tu maldad. (184) Soberbia, tesoro de malos sufrimientos, ménade de lamentos llena, (185) de terribles males acuciada, tú que hiciste verter tantas lágrimas, permanecerás viuda por siempre: (186) durante muchos años tú fuiste la única que dominó al mundo. (187) Pero cuando Barce arroje la blanca túnica (188) a la inmundicia, ¡que no exista yo ni nazca! (Homero, Odisea, 18,79).
(189) ¡Tebas! ¿Dónde está tu gran vigor? Un hombre salvaje (190) aniquilará a tu pueblo; y tú tomarás tus pardas vestiduras (191) y te lamentarás, desdichada, sola, y pagarás todas las malas acciones (192) que antes cometiste con desvergonzado ánimo. (193) Y verán su lamentación por causa de sus ilícitas obras.

Anuncios contra otras ciudades y pueblos

(194) A Siena la destruirá un gran varón etíope; (195) Téuquira, habitarán por la fuerza los indios de negra piel. (196) Pentápolis, tú llorarás y te destruirá un hombre de gran fuerza. (197) Libia, digna de todo lamento, ¿quién enunciará tus calamidades? (198) ¿Qué mortal derramará por ti, Cirene, lágrimas de compasión? (199) No interrumpirás tu treno dolorido con ocasión de tu destrucción. (200) Entre los briges y galos, ricos en oro, (201) habrá un océano resonante lleno de sangre abundante, (202) porque también ellos provocaron la maldad entre los hijos de Dios, (203) cuando el rey fenicio de los sidonios (204) condujo una gran multitud de galos desde Siria. Y a ti te matará, (205) Ravena, a ti, y al crimen te conducirá.
(206) ¡Indios, no confíen; ni ustedes, etíopes animosos! (207) Porque cuando la rueda del Eje, Capricornio (208) y Tauro en Géminis, envuelvan el centro del cielo, (209) al subir Virgo; y cuando el sol, tras ajustar en su frente (210) el ceñidor, guíe todo en derredor la bóveda celestial, (211) habrá un gran incendio etéreo por la tierra, (212) y será nueva la naturaleza de las estrellas en contienda, de suerte que perezca (213) entre fuego y lamentos toda la tierra de los etíopes.

Continuación

Publicado el 08/03/2010

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